Mercados globales más exigentes que miran con lupa el origen de los alimentos que llevan a la mesa están obligando a cambiar la realidad productiva de muchos países, incluida la Argentina, que con Santa Fe a la cabeza busca certificar la carne que se exporta a la Unión Europea para estar a la altura de las nuevas normativas del bloque, que no comprará productos que no estén libres de deforestación de bosques.
Con ese telón de fondo se presentaron esta semana los avances de dos iniciativas del gobierno provincial: un programa para modernizar y digitalizar la gestión de marcas y señales para el ganado y un esquema de trazabilidad que desde hace tiempo se trabajó junto a organizaciones como Vida Silvestre, que apunta a garantizar modelos productivos más sustentables.
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Según Erika Gonnet, ministra de Ambiente y Cambio Climático de Santa Fe, este esquema pone a la provincia en un lugar líder a la hora de certificar la producción cárnica como libre de deforestación. “Es un sistema liderado por el Estado con datos territoriales que nos provee la tecnología para referenciar zonas de incendios o de deforestación”. “Este sur global empieza a poner en valor sus recursos, hoy nos exigen nuevas cuestiones y tenemos mucho para mostrar y agregar valor”.
Las nuevas exigencias europeas
Desde finales del pasado mes de junio, la UE puso en marcha una nueva legislación que busca prohibir la importación de materias primas asociadas a la deforestación y a las violaciones de los derechos humanos, una normativa que podría afectar a los países que son grandes productores de materias primas alimenticias, como Brasil y Argentina.
Emilio Calvo, de All Invest Verde de la UE, explicó que ese organismo presta asistencia técnica a los sectores públicos para adaptar los sistemas productivos hacia sistemas más sostenibles, según establece el Pacto Verde Europeo y la reglamentación asociada. “Hace muchos meses que trabajamos con Santa Fe para la puesta en marcha de un sistema de trazabilidad que permita cumplir con la normativa de no deforestación y seguir exportando a la UE”, explicó.
Los países tienen 18 meses para adaptar sus sistemas a esta norma, que entrará en pleno vigor el 1 de enero de 2025, cuando los exportadores deberán poder demostrar que sus cadenas productivas no incluyen deforestación. “Argentina y Santa Fe tienen bases sólidas para cumplir este reglamento, hay trabajo ya hecho, hay identificación de parcelas y predios y geolocalización. En un plazo corto la provincia debería tener las herramientas para cumplir esta reglamentación”, dijo Calvo, quien aclaró que las eventuales consecuencias de no cumplir esa regla afectarán al productor en cuestión y no a las provincias o países.
Plan piloto santafesino
Según el ministro de la Producción de Santa Fe, Daniel Costamagna, la digitalización de marcas y señales ayudará a mejorar el esquema de seguridad y trazabilidad: “Buscamos adelantarnos a las exigencias de la UE”, dijo el ministro.
Gonnet, por su parte, agregó que la tecnología es “una gran aliada” porque brinda la oportunidad de tener imágenes muy detalladas del territorio que muestran si hubo o deforestación o incendios, y si ese incendio ocurrió una o varias veces en un mismo lugar.
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“Tras una primera etapa de diagnóstico, ahora comienza una segunda etapa para avanzar en las certificaciones propiamente dichas. Creo que puede ser una gran herramienta para el sector productivo, porque es una herramienta que le pone un sello de calidad a lo que vamos a precisar para poder exportar”, dijo la funcionaria.
Costamagna insistió: “Estamos adelantándonos a posibles problemas en el futuro con esto para que no sufran nuestros productores”.
La mirada socioambiental
Manuel Jaramillo, director de Vida Silvestre, explicó que esa organización empezó hace cinco años con un estudio de prefactibilidad para saber en qué medida los productos que exporta Argentina pueden adaptarse a las nuevas normativas europeas. “Santa Fe fue la provincia más enfática a la hora de tomar este desafío, a través de los técnicos se ha cruzado información para identificar los predios que tenían animales criados sin deforestación y esto permitió que ya se emitieran certificados a esos productores”, señaló.
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“Santa Fe ha sido pionera en demostrar que Argentina debe y puede demostrar la trazabilidad de sus productos cárnicos y estar a la altura de las normas ambientales internacionales”, dijo Jaramillo, para quien el mercado está cambiando. “Celebramos que haya más consumidores conscientes que orientan su decisión a una alimentación más sana y ambientalmente responsable. Todo está relacionado: este compromiso ambiental va a ayudar a salir más rápido de la encrucijada que plantea el cambio climático”.


