Por Andrea Romanos
La reunión del G7, la cumbre que reúne anualmente a algunos de los países con mayor peso económico del mundo, concluyó este lunes en la ciudad francesa de Biarritz. A medida que la cumbre se acercaba a su final, la patente disparidad de los países del grupo hizo temer que en encuentro se saldara sin un acuerdo firmado, aunque esto al final no se produjo.
Finalmente, en el grupo hubo un escueto documento de consenso y una sensación de camaradería entre los países que no se recuerda en los anteriores encuentros, al menos no desde que Donald Trump asumió como presidente de los Estados Unidos. Una vez concluido el encuentro, ¿cuales son los acuerdos y desacuerdos que deja el G7?
Tradicionalmente, líderes de otros países que no pertenecen al G7 son invitados a la cumbre, y en esta ocasión la sorpresa fue la aparición de Mohammad Javad Zarif, ministro de relaciones exteriores de Irán, que llegó a Biarritz invitado por Emmanuel Macron, presidente de Francia.
La visita llegó en un momento de mucha tensión en las relaciones entre Estados Unidos e Irán, pero se podría augurar algún avance para calmarla después de que Trump se mostrase proclive a reunirse con el presidente de Irán en las circunstancias adecuadas para llegar a un entendimiento.
Y mientras la guerra comercial entre EE.UU. y China tiene al mundo entre las cuerdas, un gesto de Trump en relación al tema sorprendió por su diplomacia. El presidente anunció a los periodistas que funcionarios chinos se habían acercado a su gobierno para reiniciar las conversaciones comerciales, y llamó al presidente Xi Jinping un “gran líder” tan sólo tres días después de calificarlo de “enemigo”.
Aunque Pekín no confirmó ninguna llamada telefónica con la administración Trump, y el editor de un periódico estatal en China escribió en Twitter que no había habido contactos significativos en los últimos días, está por ver si las conversaciones se retomarán finalmente.
Libia y Hong Kong son otros dos temas sobre los que el G7 se pronunció en su comunicado. Con respecto a Libia, los países acordaron apoyar una tregua en el país para “garantizar la estabilidad del país en guerra. “Esperamos una conferencia internacional bien preparada que reúna a todos partes interesadas y a todos los actores regionales involucrados en este conflicto”, reza el texto, que también apoya el trabajo de mediación y de la ONU y la Unión Africana.
Por último, sobre las protestas en Hong Kong, el G7 menciona la “existencia e importancia” de la Declaración Chino-Británica sobre Hong Kong de 1984 por la que Londres accedía a devolver la soberanía de Hong Kong a China el 1 de julio de 1997 y consagra el principio “un país, dos sistemas”. Además, el G7 hace un llamamiento a “evitar la violencia”.
La ya viral disputa entre el presidente francés Emmanuel Macron y su par brasilero, Jair Bolsonaro, copó durante el G7 las tapas de los diarios del mundo. El brasilero se rió de la edad de la mujer de Macron y uno de sus hijos, senador, lo llamó idiota. El francés respondió diciendo estar seguro de que “las mujeres de Brasil sienten vergüenza” por las declaraciones de su presidente, y deseando que el país pueda tener pronto un mandatario “que esté a la altura del cargo”.
La conclusión más triste de la disputa vino con la negativa de Bolsonaro de aceptar los 20 millones de dólares en fondos de emergencia que el G7 dispuso destinar para contribuir a apagar los incendios del Amazonas a menos que Macron se disculpe por sus “insultos”. Un enfrentamiento que podría resultar hasta cómico si no tuviera a la naturaleza como principal afectada.
Y si bien la catástrofe del Amazonas está estos días en la primera línea de la atención mediática y la opinión pública, el G7 volvió a fallar a la hora de situar los temas ecológicos y climáticos en primera línea de la agenda. Donald Trump, quien ya retiró a su país del suave Acuerdo de París alcanzado en 2016, no acudió a la reunión que trataba estos temas.
Otros asuntos que de antemano debían suponer una prioridad en la agenda de la cumbre eran las desigualdades locales e internacionales. Y aunque el tema se trató, los líderes no llegaron a ningún acuerdo ni se comprometieron con estrategias reales para ponerle fin.
Tampoco se resolvió si el G7 volverá a ser el G8, nombre que tenía el grupo hasta que en 2014 Rusia fue expulsada después de anexionar a su territorio la región de Crimea, que pertenecía a Ucrania. Mientras que Trump apostó por el retorno, la mayoría de líderes concluyeron que el presidente Vladimir Putin no representa los valores de los miembros del grupo.
En definitiva, las tensiones internas dentro del G7 sobre la política exterior de Estados Unidos, sobre Rusia y la seguridad global, y sobre China y el comercio socavaron la posibilidad de establecer cualquier acción colectiva sobre los conflictos regionales, la pobreza y, por supuesto, el cambio climático.
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