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La increíble historia del piloto que aterrizó en la Plaza Roja

El jueves 28 de mayo de 1987, el joven alemán Mathias Rust –quien, cuando la Guerra Fría parecía llegar a su fin, alegó haber hecho este vuelo para manifestarse "en favor de la paz entre Oriente y Occidente"– logró atravesar un supuestamente inexpugnable sistema de defensa aérea con un Cessna 172P Skyhawk II y aterrizó en las puertas del mismísimo Kremlin, en Moscú.

Aunque ya casi se encontraba sobre su objetivo, estaba muy cansado, porque hacía unas cinco horas y media que estaba volando tras haber despegado del Aeropuerto de Helsinki-Malmi, el segundo en importancia de la capital de Finlandia. Y no solo eso: seguía muy asustado porque, unas tres horas antes, un caza MiG-23 Flogger había volado a su lado, aunque no le disparó y se perdió entre las nubes.

Pero, la fortuna, estaba decididamente de su lado: como el día anterior un avión se había estrellado y había otros que participaban del operativo de búsqueda y rescate –sumado, además, a que en la zona se realizaban vuelos de entrenamiento de nuevos pilotos–, su aeronave monomotor fue confundida con una local.

De este modo y, cuando la Guerra Fría parecía llegar a su fin, el joven piloto alemán Mathias Rust atravesó el Telón de Acero (término acuñado por Winston Churchill), voló cientos de kilómetros a través del espacio aéreo soviético y, a las 18.43, hora local, del jueves 28 de mayo de 1987, aterrizó su Cessna 172P Skyhawk II matrícula D-ECJB en la Plaza Roja. Es más: terminó su rodaje entre la Torre Spasskaya –la entrada oficial del Kremlin– y la Catedral de San Basilio, en pleno corazón de Moscú, habiendo dejado atrás un supuestamente impenetrable sistema de defensa aérea.

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En la actualidad, Rust, que tiene 53 años, se gana la vida como analista financiero de una entidad bancaria con sede en Zurich, e imparte clases de yoga. Asimismo, jamás volvió a volar como piloto al mando ya que, por las graves violaciones a distintas normas aeronáuticas que cometió durante la travesía hasta Moscú, su licencia de Piloto Privado fue revocada y nunca volvieron a extendérsela.

En la actualidad, Rust, que tiene 53 años, se gana la vida como analista financiero de una entidad bancaria con sede en Zurich, e imparte clases de yoga. Asimismo, jamás volvió a volar como piloto al mando ya que, por las graves violaciones a distintas normas aeronáuticas que cometió durante la travesía hasta Moscú, su licencia de Piloto Privado fue revocada y nunca volvieron a extendérsela.

Entre las baterías misilísticas y los cazas que fueron en su búsqueda que nunca recibieron orden alguna para derribarlo, y los errores y confusiones de los controladores de vuelo, su histórico viaje “en favor de la paz entre Oriente y Occidente”, había concluido.

El joven piloto tímido e introvertido

Mathias Rust nació en un hogar de clase media de Wedel, al sur de Hamburgo, por entonces Alemania Federal, el 1 de junio de 1968. Su pasión por la aviación se despertó cuando tenía 17 años ya que, tras realizar un vuelo de bautismo en Hamburgo junto con su padre, Karl-Heinz Rust, su madre, Monika, y su hermano menor, Ingo, quedó maravillado por esta inédita experiencia.

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Mathias Rust nació en Wedel, al sur de Hamburgo, por entonces Alemania Federal, el 1 de junio de 1968. Apasionado por la aviación, en 1986, cuando tenía 18 años, obtuvo su licencia de Privatflugzeugpilot (Piloto Privado) en la escuela de vuelo del Aeroclub de Hamburgo. Pocos meses después comenzó a planear la travesía aérea hasta Moscú, que realizaría al año siguiente.

Mathias Rust nació en Wedel, al sur de Hamburgo, por entonces Alemania Federal, el 1 de junio de 1968. Apasionado por la aviación, en 1986, cuando tenía 18 años, obtuvo su licencia de Privatflugzeugpilot (Piloto Privado) en la escuela de vuelo del Aeroclub de Hamburgo. Pocos meses después comenzó a planear la travesía aérea hasta Moscú, que realizaría al año siguiente.

Tal es así que, poco después, ingresó a la escuela de vuelo del Aeroclub de Hamburgo y, un año más tarde, obtuvo su licencia de Privatflugzeugpilot (Piloto Privado), que le costó a su padre –un ingeniero de la compañía de electrodomésticos AEG– casi 9000 marcos alemanes de la época (unos 5000 dólares).

El 12 de octubre de 1986, Mathias, que tenía 18 años, vio por televisión cómo fracasaba en Reikiavik, Islandia, la cumbre entre el entonces presidente estadounidense, Ronald Reagan, y el Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), Mikhail Gorbachov, quienes no llegaron a ningún acuerdo para la prohibición de los misiles balísticos intercontinentales.

Además de la aviación, a Mathias lo apasionaba la política y, aunque la Guerra Fría parecía llegar a su fin por la profundas reformas que Gorbachov había introducido en la por entonces URSS, se le ocurrió hacer algo para llamar la atención de los líderes mundiales.

"Creo que todos los seres humanos en este planeta son responsables de lograr algunos avances, y yo estaba buscando una oportunidad para hacer mi parte en ello. Estaba pensando que podría utilizar una aeronave para construir un puente imaginario entre Oriente y Occidente y mostrar que mucha gente en Europa quería mejorar las relaciones entre nuestros mundos", recordaría años después.

Su idea para propiciar un “acercamiento” entre las dos superpotencias era la de eludir un sistema de defensa prácticamente inexpugnable y, con un pequeño avión, ingresar a uno de los espacios aéreos más restringidos y controlados del mundo, para demostrar que los rusos no eran el “imperio del mal”, como sostenía Reagan, ni que Occidente era el “monstruo” que enfrentaban los soviéticos.

Así, al año siguiente, un joven delgado y alto (mide 1,86 metro), tímido e introvertido –como lo definían sus conocidos–, que hablaba muy poco y casi nunca salía con sus compañeros, realizaría un vuelo que haría historia.

Un viaje de 15 días

Rust debería enfrentar muchos riesgos en su casi suicida travesía. Por caso, el 1 de septiembre de 1983, un Boeing 747-200 de la compañía Korean Air, que cubría la ruta Nueva York-Anchorage-Seúl, fue derribado por cazas soviéticos sobre la isla Moneron, al oeste de la isla de Sajalín. Aunque los pilotos surcoreanos habían cometido un error en la navegación, ya que volaban 297 millas (unos 550 kilómetros) al norte de su ruta prevista, dos Sukhoi Su-15 Flagon abatieron con misiles aire-aire Kaliningrad R-8 al vuelo KAL 007, provocando la muerte de las 269 personas que iban a bordo (29 tripulantes y 240 pasajeros).

En uno de los más graves incidentes que se produjeron en la Guerra Fría, la Unión Soviética adujo desconocer que la aeronave era civil, y destacó que volaba sobre su espacio aéreo restringido. Obviamente, este ataque tensó aún más las relaciones entre la URSS y los Estados Unidos.

En total, su viaje hacia Moscú duraría 15 días. Para ello, Mathias –quien les dijo a sus padres y a su hermano que realizaría una travesía de dos semanas por Escandinavia para sumar horas de vuelo, las que le servirían para poder obtener la licencia de Piloto Comercial– alquiló en el Aeroclub de Hamburgo un Cessna 172P Skyhawk II matrícula D-ECJB.

Este monomotor, de ala alta y cuatriplaza (un piloto y tres pasajeros), es el avión más fabricado de la historia y uno de los más usados en todas las escuelas de vuelo del mundo. Su peso máximo de despegue era de 2447 libras (unos 1110 kilos) y, con un motor Lycoming O-360, a pistón, de cuatro cilindros opuestos horizontalmente, refrigerado por aire, su velocidad crucero era de 123 nudos (226 km/h). Asimismo, su techo máximo era de 14.200 pies (4330 metros), aunque Rust nunca llegó a volar tan alto, y siempre lo hizo en condiciones de vuelo visual.

Mathias removió los asientos traseros de su aeronave y, en su lugar, instaló y adaptó dos tanques suplementarios de combustible, que resultarían ser muy útiles para su larga travesía. Su equipaje (por así llamarlo) solo se componía por una valija pequeña, un portafolios con mapas y cartas aeronáuticas, una bolsa de dormir, un bidón con 15 litros de aceite para reponer en el motor de su Cessna, y un chaleco salvavidas.

El miércoles 13 de mayo de 1987, Rust despegó desde la cabecera 27 del aeródromo de Uetersen, al noroeste de Hamburgo, cuya pista, que mide 3609 pies (unos 1110 metros), es de césped.

Tras casi cinco horas sobre el Mar del Norte (un viaje extremadamente riesgoso de 518 millas –unos 962 kilómetros– para hacerlo con un monomotor y, además, al mando de un piloto privado que acumulaba unas 50 horas de vuelo, y no navegaba por instrumentos), Rust aterrizó en el Aeropuerto de Sumburgh, de las islas Shetland, en Escocia, donde pasó la noche.

Al día siguiente, unió este punto con el Aeropuerto de Vágar, en las Islas Feroe (un trayecto de 219 millas, o 405 kilómetros), que pertenecen a Dinamarca, donde también descansó; el viernes 15 de mayo –en su tercer vuelo consecutivo sobre el mar–, se dirigió hacia Islandia y, tras una navegación de 254 millas (471 kilómetros), aterrizó en el Aeropuerto de Höfn, al sureste de dicho país, donde pasaría los siguientes siete días.

Durante su estadía en Islandia, visitó la Hofdi House, al norte de la ciudad de Reikiavik, donde tuvo lugar la fallida cumbre de desarme entre los Estados Unidos y la Unión Soviética del 11 al 12 de octubre del año anterior. “Estaba cerrada con llave, pero sentí que estaba en contacto con el espíritu del lugar. Estaba emocionalmente involucrado entonces y estaba tan decepcionado con el fracaso de la cumbre… Todo esto, me motivó para continuar ”, reconocería.

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La Hofdi House donde Gorbachov y Reagan celebraron la cumbre de Reikiavik.

La Hofdi House donde Gorbachov y Reagan celebraron la cumbre de Reikiavik.

Tras su estadía en Islandia, el viernes 22 de mayo despegó desde el Aeropuerto de Höfn y regresó al de Sumburgh, en las Islas Shetland, un tramo de 477 millas (882 kilómetros) sobre el océano y, al día siguiente, voló 197 millas (365 kilómetros) sobre el Mar de Noruega y aterrizó en Bergen, en el país homónimo, el primer aeródromo continental de su extensa travesía.

El lunes 25 de mayo, se dirigió hacia Finlandia y, tras volar 600 millas (1112 kilómetros), una parte del tramo sobre el Mar Báltico, aterrizó en el Aeropuerto de Helsinki-Malmi. En este país descansaría tres días, hasta que decidió continuar con la idea que lo alentaba a seguir adelante: llegar hasta la capital del imperio soviético.

Ahora sí, rumbo a Moscú

El jueves 28 de mayo de 1987, Mathias presentó un Plan de Vuelo entre la capital finlandesa y Estocolmo. Vestido con un mono naranja, despegó a las 12.21 desde el Aeropuerto de Helsinki-Malmi y se dirigió hacia el noroeste, con rumbo hacia la capital de Suecia. Pero, tras 20 minutos de vuelo a 2000 pies (unos 610 metros) y, en la que sería su última comunicación con la torre de Helsinki (y cualquier otra, ya que apagó la radio y su transponder), viró hacia la izquierda en cercanías de Nummela –aún en el espacio aéreo finés– y voló hacia el sur.

"Tomé la decisión final casi media hora después de la salida. Cambié la dirección en unos 170 grados y me dirigí directamente hacia Moscú", contaría Rust. Mientras, el controlador de vuelo de la capital finlandesa con el que se había contactado, notó este imprevisto cambio de rumbo y, poco después, la aeronave del joven alemán desapareció de la pantalla del radar.

La Guardia Costera finlandesa inició un operativo de búsqueda y rescate del Cessna de Mathias. Incluso, al detectar una mancha de aceite en la superficie del mar, convocaron a buzos de la Marina para encontrar los restos del que, a esa altura, estimaban como un accidente.

Pero no era así. Ya sobre el Báltico, el joven germano viró hacia el sudeste y, poco antes de cumplir una hora de vuelo, divisó la costa de Estonia, donde comenzaba el territorio soviético. Volaba a 2500 pies (casi 760 metros) y, a partir de allí, comenzaría a recorrer el tramo más peligroso de su travesía. Si llegaba a recorrerlo…

A las 14.10, un radar de Letonia detectó el Cessna de Rust y puso en alerta a tres batallones SAM (Surface-to-Air-Missile, o Misiles Superficie-Aire) del 54° Cuerpo de Defensa Aérea, ya que era una aeronave desconocida en el cielo soviético. Aunque no respondía a ningún llamado IFF (Identification Friend or Foe, la Identificación Amigo o Enemigo) siguió adelante y, a las 14.48, fue divisado cerca de Gdov por dos cazas MiG-23 Flogger que habían despegado del Aeropuerto de Tapa, en Estonia.

Y, en este momento, la fortuna le hizo el primer guiño a Mathias: como volaba entre las nubes, su Cessna 172P Skyhawk II fue confundido con un Yakovlev Yak-12 Creek, que utilizaban tanto la Fuerza Aérea Soviética como la aviación civil de la URSS.

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La primera vez que, desde Estonia, enviaron cazas MiG-23 Flogger a interceptarlo, la fortuna le hizo el primer guiño a Rust: como volaba entre las nubes, su Cessna 172P Skyhawk II fue confundido con un Yakovlev Yak-12 Creek (foto), que utilizaban tanto la Fuerza Aérea Soviética como la aviación civil de la URSS.

La primera vez que, desde Estonia, enviaron cazas MiG-23 Flogger a interceptarlo, la fortuna le hizo el primer guiño a Rust: como volaba entre las nubes, su Cessna 172P Skyhawk II fue confundido con un Yakovlev Yak-12 Creek (foto), que utilizaban tanto la Fuerza Aérea Soviética como la aviación civil de la URSS.

Debido a la presencia de nubes bajas y la alta posibilidad de formación de hielo –y continuar eludiendo los radares soviéticos, claro–, Rust descendió aún más. Poco después, tras ascender a la altitud anterior, es detectado nuevamente y, otra vez, enviaron dos MiG-23 Flogger a interceptarlo.

Una de estas aeronaves llegaría a colocarse a su lado. Con casi tres veces la envergadura y más de diez veces el peso del avión de Rust, el MiG-23 parecía gigantesco. Diseñado para volar a más del doble de la velocidad del sonido, el caza de alas de geometría variable tuvo que adoptar la configuración de aterrizaje completa (con su tren abajo y flaps extendidos al máximo) para reducir la velocidad lo suficiente como para volar junto al intruso. Finalmente, como no fue autorizado a abrir fuego sobre el Cessna, acompañó unos pocos minutos más a Rust, y se alejó.

La fortuna le había hecho su segundo guiño: “Pasó por mi lado izquierdo, tan cerca que pude ver al piloto sentado en la cabina y vi, por supuesto, la estrella roja del ala de la nave", rememoraría años más tarde Mathias quien, hasta aterrizar en Moscú, no dejaría de temblar y transpirar por el gran miedo que le produjo este encuentro cara a cara con el caza.

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Con casi tres veces la envergadura y más de diez veces el peso del avión de Rust, los MiG-23 (foto) enviados a interceptarlo parecían gigantescos. Sobre su segundo encuentro con uno de estos cazas, rememoraría: “Pasó por mi lado izquierdo, tan cerca que pude ver al piloto sentado en la cabina y vi, por supuesto, la estrella roja del ala de la nave

Con casi tres veces la envergadura y más de diez veces el peso del avión de Rust, los MiG-23 (foto) enviados a interceptarlo parecían gigantescos. Sobre su segundo encuentro con uno de estos cazas, rememoraría: “Pasó por mi lado izquierdo, tan cerca que pude ver al piloto sentado en la cabina y vi, por supuesto, la estrella roja del ala de la nave". Finalmente, como no fue autorizado a abrir fuego sobre el Cessna, el MiG acompañó unos pocos minutos más al joven alemán, y se alejó.

Cerca de las 15, Rust atravesó una zona de prácticas de la Fuerza Aérea y, mezclándose entre casi una docena de aviones similares a su Cessna 172, evitó ser considerado una amenaza. Como procedimiento de seguridad, los radares soviéticos tenían bajo su control a aviones que restablecían sus códigos de transponder en momentos preestablecidos: si un piloto no hacía este cambio, su eco aparecería durante un minuto como “amigo” y, luego, como "hostil".

En otra increíble señal del destino, en el momento en que Mathias voló por ese sector, era una de las horas de cambio de señal. De este modo, mientras seguí avanzando, el comandante de la estación que lo rastreaba estimó que el Cessna estaba al mando de un alumno piloto que había olvidado hacer el cambio en su transponder y, por eso, le ordenó al operador de radar que cambiara el eco del avión de Rust a "amigo".

Así lo admitiría el mariscal Sergei Akhromeyev, el por entonces jefe de Personal de las Fuerzas Armadas soviéticas: "De lo contrario, podríamos dispararle a aviones propios”, reconoció.

Una hora más tarde, ya en proximidades del lago Seligue, los radares volvieron a detectarlo y, por cuarta ocasión, lograría vivir para contarlo: los cazas que se enviaron desde el aeródromo de Gromovo para interceptarlo, no lograron establecer contacto visual con el intruso –el techo de las nubes era de apenas 1300 pies, casi 400 metros–, que continuó su vuelo hacia la capital del imperio soviético.

Cerca de Torzhok, el eco de su avión apareció en la pantalla de otro radar pero, increíblemente, el operador consideró que el mismo era el de un helicóptero soviético que tomaba parte de un operativo de búsqueda y rescate en la misma zona, ya que el día anterior un Tupolev Tu-22 Blinder y un MiG-25 Foxbat habían colisionado en el aire.

Cada vez estaba más cerca de alcanzar su objetivo. A las 17.40, fue detectado por el radar del Aeropuerto de Sheremetyevo, el mayor y más importante del país, ubicado al norte de Moscú. Tras algunos minutos de deliberaciones entre esta aeroestación y el mando del Distrito de Defensa Aérea de la ciudad, se decidió que la propia Administración de Aviación Civil (de la que dependía Sheremetyevo) se encargaría de la aeronave que estaba violando las normas de vuelo soviéticas.

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A las 17.40, fue detectado por el radar del Aeropuerto de Sheremetyevo, el mayor y más importante del país, ubicado al norte de Moscú. Pero, cuando descubrieron que algo andaba terriblemente mal, porque el intruso ya se encontraba en el espacio aéreo moscovita, donde los vuelos –con algunas pocas excepciones, sobre todo militares– estaban estrictamente prohibidos, ya era demasiado tarde para hacer algo.

A las 17.40, fue detectado por el radar del Aeropuerto de Sheremetyevo, el mayor y más importante del país, ubicado al norte de Moscú. Pero, cuando descubrieron que algo andaba terriblemente mal, porque el intruso ya se encontraba en el espacio aéreo moscovita, donde los vuelos –con algunas pocas excepciones, sobre todo militares– estaban estrictamente prohibidos, ya era demasiado tarde para hacer algo.

Pero, cuando descubrieron que algo andaba terriblemente mal, porque el intruso ya se encontraba en el espacio aéreo de la ciudad de Moscú, donde los vuelos –con algunas pocas excepciones, sobre todo militares– estaban estrictamente prohibidos, ya era demasiado tarde para hacer algo.

Poco antes de las 18.30, el avión de Mathias (quien, en su pernera de vuelo, tenía un plano de la ciudad para ubicar puntos característicos de la misma) se dirigió hacia el centro de Moscú. Tras asumir que era imposible aterrizar en la plaza Ivanovskaya del Kremlin, el joven alemán tuvo tres intentos fallidos de hacerlo en la Plaza Roja ya que, como había mucha gente en la misma, era muy peligroso. “Aunque señalé encendiendo las luces de aterrizaje y agitando las alas, los turistas de la plaza no me entendieron”, diría después.

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Tras asumir que era imposible aterrizar en la plaza Ivanovskaya del Kremlin, el joven alemán tuvo tres intentos fallidos de hacerlo en la Plaza Roja ya que, como había mucha gente en la misma, era muy peligroso. “Aunque señalé encendiendo las luces de aterrizaje y agitando las alas, los turistas de la plaza no me entendieron”, diría después.

Tras asumir que era imposible aterrizar en la plaza Ivanovskaya del Kremlin, el joven alemán tuvo tres intentos fallidos de hacerlo en la Plaza Roja ya que, como había mucha gente en la misma, era muy peligroso. “Aunque señalé encendiendo las luces de aterrizaje y agitando las alas, los turistas de la plaza no me entendieron”, diría después.

En un principio, resolvió aterrizar en el puente Moskvoretskiy, sobre el río Moscova pero, finalmente, lo hizo en la calle adoquinada llamada Vasilevski Spusk, que divide la sede del gobierno soviético y la Catedral de San Basilio, y terminó su rodaje frente a la Torre Spasskaya –la entrada oficial del Kremlin, y con la nariz de su Cessna apuntando hacia el Mausoleo de Lenin–, donde apagó el motor.

Eran las 18.43, hora local y, entre Helsinki y Moscú, había volado 658 millas (1220 kilómetros) en cinco horas y media, a distintas altitudes, y a una velocidad promedio de 113 nudos (210 km/h). "No podía creer que en realidad sobreviví", reconocería luego.

En total, desde que Rust inició su travesía en Uetersen, Alemania, el 13 de mayo, hasta finalizar la misma el 28 del mismo mes en Moscú (con las escalas ya citadas), ¡voló 2923 millas, unos 5417 kilómetros!

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En un principio, Rust resolvió aterrizar en el puente Moskvoretskiy, sobre el río Moscova pero, finalmente, lo hizo en la calle adoquinada llamada Vasilevski Spusk, que divide la sede del gobierno soviético y la Catedral de San Basilio, y terminó su rodaje frente a la Torre Spasskaya –la entrada  oficial del Kremlin, y con la nariz de su Cessna apuntando hacia el Mausoleo de Lenin–, donde apagó el motor. Eran las 18.43, hora local, del jueves 28 de mayo de 1987.

En un principio, Rust resolvió aterrizar en el puente Moskvoretskiy, sobre el río Moscova pero, finalmente, lo hizo en la calle adoquinada llamada Vasilevski Spusk, que divide la sede del gobierno soviético y la Catedral de San Basilio, y terminó su rodaje frente a la Torre Spasskaya –la entrada oficial del Kremlin, y con la nariz de su Cessna apuntando hacia el Mausoleo de Lenin–, donde apagó el motor. Eran las 18.43, hora local, del jueves 28 de mayo de 1987.

Mathias descendió de la aeronave, se sacó el casco –similar al que utilizan los corredores de autos y motos– que se había colocado horas antes, cuando ingresó al espacio aéreo soviético y, ante la pregunta de los sorprendidos transeúntes, les dijo: "Estoy aquí en una misión de paz de Alemania". Pero, cuando los mismos estrechaban sus manos con las suyas, tuvo que explicarles que venía de "la otra Alemania", la Occidental, no la comunista del Este, como ellos creían. ¡Y comenzó a firmar autógrafos!

Pero, una vez que la policía soviética se recuperó de la sorpresa de encontrar un avión no autorizado en las mismísimas puertas del Kremlin, el “mensajero de la paz”, que tenía 19 años, fue detenido e, inicialmente, pasaría horas tratando de convencer a las autoridades locales de que había actuado solo y que no formaba parte de un complot o conspiración urdida y apoyada por gobiernos extranjeros. Tampoco, jamás pudo entregarle a Gorbachov el manifiesto de 20 páginas sobre cómo promover la paz mundial que llevaba entre sus pertenencias.

Las consecuencias de su travesía

El 23 de junio de 1987, los soviéticos completaron su investigación. El juicio de Rust comenzó en Moscú el miércoles 2 de septiembre siguiente y, el viernes 4, fue sentenciado a cuatro años de trabajos forzados por “vandalismo malicioso”, por “desobedecer las leyes internacionales de la aviación”, y por “violar la frontera y el espacio aéreo soviético”.

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El juicio de Rust comenzó en Moscú el miércoles 2 de septiembre de 1987 y, el viernes 4, fue sentenciado a cuatro años de trabajos forzados por “vandalismo malicioso”, por “desobedecer las leyes internacionales de la aviación”, y por “violar la frontera y el espacio aéreo soviético”. Fue alojado en la prisión de Lefortovo, en la periferia de Moscú, y le concedieron ciertos privilegios: se le permitió trabajar en el jardín y, además, recibir las visitas de sus padres cada dos meses.

El juicio de Rust comenzó en Moscú el miércoles 2 de septiembre de 1987 y, el viernes 4, fue sentenciado a cuatro años de trabajos forzados por “vandalismo malicioso”, por “desobedecer las leyes internacionales de la aviación”, y por “violar la frontera y el espacio aéreo soviético”. Fue alojado en la prisión de Lefortovo, en la periferia de Moscú, y le concedieron ciertos privilegios: se le permitió trabajar en el jardín y, además, recibir las visitas de sus padres cada dos meses.

El juez Robert Tikhomirnov, quien presidió el tribunal, sostuvo que Mathias realizó su travesía para promocionarse a sí mismo, y no a la paz mundial. “Rust fue gobernado principalmente por intenciones aventureras. Luchaba por la popularidad y la publicidad propia”, enfatizó.

Por su parte, Rust alegó que voló a Moscú en una “misión de paz” para discutir el desarme y un nuevo orden mundial con el líder soviético, Mikhail Gorbachov.

El fiscal Vladimir Andreyev había pedido una pena de ocho años, mientras que el abogado defensor, Vsevolod Yakovlev, solicitó una multa o un año en un campo de trabajo. Asimismo, Mathias debió pagar los gastos del juicio (unos 750 dólares, al cambio de la época) y, el Cessna 172P Skyhawk II, que había sido llevado al Aeropuerto de Sheremetyevo (donde fue desarmado e inspeccionado hasta el último remache), finalmente fue devuelto al Aeroclub de Hamburgo.

Y faltaba algo más: Finlandia lo multó con ¡100.000 dólares! por haber alterado su Plan de Vuelo original, más los gastos ocasionados por el operativo SAR (Search and Rescue, o Búsqueda y Rescate) que este país desplegó cuando perdieron contacto con su aeronave.

Desde su ascenso al poder en 1985, Gorbachov se había diferenciado radicalmente de sus antecesores: la glasnost, su política de transparencia en los actos de gobierno, y la perestroika, las profundas reformas económicas, fueron los ejes de su gestión.

La incursión de Rust dañó severamente la reputación de las Fuerzas Armadas soviéticas y, este hecho, le permitió a Gorbachov eliminar a los más acérrimos oponentes a sus reformas y provocó cambios sustanciales en la cúpula militar del país. Fueron destituidos el ministro de Defensa de esa época, el mariscal Serguei Sokolov; el mariscal de la aviación Alexandr Koldunov, y el mariscal y comandante de la Fuerza Aérea del país, Alexandr Efimov, así como cerca de 300 oficiales de diferentes rangos. Fue el mayor cambio en los mandos militares soviéticos desde las sangrientas purgas de Stalin en la década de 1930.

Tras recibir su condena, Rust fue alojado en la prisión de Lefortovo, en la periferia de Moscú y, si bien era más desolada y restrictiva que un campo de trabajo, garantizó su seguridad y hasta le concedieron ciertos privilegios: se le permitió trabajar en el jardín y, además, recibir las visitas de sus padres cada dos meses. Igual, no fue una experiencia muy agradable para él: "Realmente fue muy duro tener 19 años y permanecer encerrado por 23 horas al día. Tuve muchas dificultades con la comida y perdí mucho peso", revelaría.

El miércoles 3 de agosto de 1988, dos meses después de que Reagan y Gorbachov firmaran en Moscú un tratado para eliminar las armas nucleares de alcance intermedio en Europa, el Soviet Supremo –en lo que la agencia de noticias local Tass describió como un "gesto de buena voluntad"–, dispuso la “libertad condicional” de Rust aunque, en realidad, fue expulsado del país.

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El miércoles 3 de agosto de 1988, el Soviet Supremo –en lo que la agencia de noticias local Tass describió como un

El miércoles 3 de agosto de 1988, el Soviet Supremo –en lo que la agencia de noticias local Tass describió como un "gesto de buena voluntad"–, dispuso la “libertad condicional” de Rust, que tenía 20 años. Tras 432 días en prisión, regresó a Alemania Occidental en un vuelo regular de Lufthansa y, vía Frankfurt, arribó al Aeropuerto de Hamburgo (foto).

Mathias tenía 20 años y, por fin, tras 432 días en prisión, podía regresar a Alemania Occidental. En esa misma jornada y, en un vuelo regular de Lufthansa vía Frankfurt, arribó al Aeropuerto de Hamburgo.

Su vida posterior

Su vuelta despertó enorme interés en los medios de prensa pero, al descender del avión, no habló con ningún periodista, ya que su familia había vendido los derechos exclusivos de la historia a la revista alemana Stern (Estrella) por 100.000 marcos, una muy importante cifra para la época.

En 1989, Rust ingresó en un hospital para cumplir con su Zivildienst (el servicio civil, un tipo de probation en Alemania) pero, ese mismo año, apuñaló a una compañera de trabajo que no quiso besarlo. Recibió una condena de 30 meses de prisión por “agresión”, de los que cumpliría solo 15.

En 1992, cinco años después de su histórica travesía, regresó a Rusia, donde visitó el lugar de Moscú donde aterrizó con su Cessna y, durante un par de meses, trabajó en dicha ciudad como vendedor de zapatos. Viajó por todo el mundo, fue jugador profesional de póker y, en la actualidad, se gana la vida como analista financiero de una entidad bancaria con sede en Zurich, e imparte clases de yoga.

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En 1992, cinco años después de su histórica travesía, Rust regresó a Rusia, donde visitó el emblemático lugar de Moscú donde aterrizó con su Cessna (foto) y, durante un par de meses, trabajó en dicha ciudad como vendedor de zapatos.

En 1992, cinco años después de su histórica travesía, Rust regresó a Rusia, donde visitó el emblemático lugar de Moscú donde aterrizó con su Cessna (foto) y, durante un par de meses, trabajó en dicha ciudad como vendedor de zapatos.

Rust jamás volvió a volar como piloto al mando ya que, por las graves violaciones a distintas normas aeronáuticas que cometió durante la travesía hasta Moscú, su licencia de Piloto Privado fue revocada y nunca volvieron a extendérsela. Por su parte, el Cessna 172P Skyhak II de su vuelo cambió de manos varias veces: por caso, en 1988, se puso a la venta a través de Trade-A-Plane (uno de los sitios más populares para comprar y vender aeronaves, sito en Tennessee, Estados Unidos) antes de ser adquirido por un millonario japonés que tenía la intención de convertirlo en una atracción en un parque de diversiones.

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El Cessna 172P Skyhak II de su vuelo hacia Moscú cambió de manos varias veces, hasta que fue adquirido por un millonario japonés que tenía la intención de convertirlo en una atracción en un parque de diversiones. Como el proyecto fracasó, en 2008 fue devuelto a Alemania y, actualmente, se exhibe en el Deutsches Technikmuseum (Museo Alemán de Tecnología) de Berlín.

El Cessna 172P Skyhak II de su vuelo hacia Moscú cambió de manos varias veces, hasta que fue adquirido por un millonario japonés que tenía la intención de convertirlo en una atracción en un parque de diversiones. Como el proyecto fracasó, en 2008 fue devuelto a Alemania y, actualmente, se exhibe en el Deutsches Technikmuseum (Museo Alemán de Tecnología) de Berlín.

Como el proyecto fracasó, en 2008 fue devuelto a Alemania y, actualmente, se exhibe en el Deutsches Technikmuseum(Museo Alemán de Tecnología) de Berlín.

Aunque ya pasaron 34 años de su vuelo a Moscú, al que muchos siguen considerando como una “auténtica locura”, Rust reconoció en una reciente entrevista televisiva que siempre se sintió “frustrado” por no haber podido conocer a Gorbachov (NdeR: quien cumplió 90 años el pasado 2 de marzo, ganó el Premio Nobel de la Paz en 1990, abortó un intento de golpe de Estado de los comunistas más radicalizados en 1991 y renunció a la presidencia a finales de diciembre del mismo año), pero se siente “satisfecho” de haber causado un impacto –pequeño pero importante– en las relaciones entre las superpotencias: cuatro años después de su "misión de paz", la Unión Soviética dejó de existir y terminó la Guerra Fría.

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A la fecha, Rust se siente “satisfecho” de haber causado un impacto –pequeño pero importante– en las relaciones entre las superpotencias: cuatro años después de su

A la fecha, Rust se siente “satisfecho” de haber causado un impacto –pequeño pero importante– en las relaciones entre las superpotencias: cuatro años después de su "misión de paz", la Unión Soviética dejó de existir y terminó la Guerra Fría. ratifica que “no se arrepiente” de lo que hizo, y se enorgullece en haber “ayudado” a Gorbachov con sus reformas. "Estoy convencido de que le permití llevar a cabo sus glasnost y perestroika con mucha mayor rapidez de lo que las habría hecho sin mí", afirmó.

Es más: hoy, con 53 años de edad, Rust ratifica que “no se arrepiente” de lo que hizo, y se enorgullece en haber “ayudado” a Gorbachov con sus reformas. "Estoy convencido de que le permití llevar a cabo sus glasnost y perestroika con mucha mayor rapidez de lo que las habría hecho sin mí", concluyó.