"Los estados péndulo son siete y son aquellos donde –a priori–no hay un favoritismo. En los otros distritos electorales están prácticamente definidos por un partido u otro, según las encuestas", contó el corresponsal de AIRE en Washingston, Damián Umansky.
Umansky relató que "en los estados péndulo, las diferencias son prácticamente nulas y los candidatos lideran por un punto o menos, teniendo en cuenta el promedio de las consultoras que vienen trabajando desde hace semanas".
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"En Wisconsin, Kamala Harris tiene una ligera ventaja", afirmó el corresponsal de AIRE, aunque consignó: "En Arizona, Carolina del Norte y Georgia, que tienen mucha importancia para el Colegio Electoral, vemos a Trump como favorito, también por una ligera ventaja".
Por otra parte, aseguró que el estado de Pensilvania cumplirá un rol fundamental en la votación: "Pensilvania aporta 19 electores al Colegio Electoral y los analistas creen que, el que gane ese estado, va a ser el próximo presidente de Estados Unidos".
Cómo funciona el Colegio Electoral en Estados Unidos
En las elecciones presidenciales de Estados Unidos, los ciudadanos emiten su voto, pero no eligen al presidente de manera directa.
En cambio, votan por una lista de electores designados por cada partido, quienes representan a sus estados en el Colegio Electoral.
El Colegio Electoral es un órgano compuesto por 538 electores en total, distribuidos entre los estados de acuerdo con su población. Para ganar la presidencia, un candidato necesita al menos 270 votos electorales.
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Kamala Harris y Donald Trump compiten por la presidencia de Estados Unidos.
Cada estado tiene un número determinado de electores basado en la cantidad de sus representantes en el Congreso, y en la mayoría de los estados rige el sistema de “ganador se lleva todo”: el candidato que obtiene la mayoría de los votos en un estado, se queda con todos los votos electorales de ese estado, independientemente de la diferencia de votos.
Es por eso que, en Estados Unidos no siempre resulta ganador el candidato con mayor apoyo popular a nivel nacional, ya que los votos se concentran en cada estado en vez de sumarse en una sola cuenta nacional, lo cual permite que un candidato gane en ciertos estados clave por escaso margen y pierda en otros por una amplia diferencia, resultando en un triunfo en el Colegio Electoral aunque quede en segundo lugar en el voto popular.
Este fenómeno ocurrió en cinco elecciones en la historia de Estados Unidos, incluyendo casos recientes como los de George W. Bush en 2000 y Donald Trump en 2016, quienes resultaron electos sin tener la mayoría del voto popular.