Lo cierto es que resulta poco atinado que el país norteamericano se atribuya la sola derrota del grupo terrorista, si es que tal derrota se dio realmente.
El país al que el gobierno sirio trasladó la petición formal para que lo acompañara en la lucha antiterrorista fue, de hecho, Rusia. Las fuerzas aeroespaciales rusas brindaron apoyo a las tropas gubernamentales dirigidas desde Damasco y consiguieron recuperar el 96,5% del territorio ocupado en el país, según las cifras oficiales que el Ministerio de Defensa ruso reveló el pasado mes de agosto.
De acuerdo con este mismo informe, se liberaron más de 1.400 localidades, entre los cuales se encuentran los principales focos de tensión del conflicto, las ciudades de Alepo y Palmira.
Durante este período la aviación rusa realizó 30.650 vuelos de combate en Siria que acabaron con más de 96.000 objetivos terroristas, incluidos campos de entrenamiento, puntos de apoyo y comando, depósitos de municiones y objetivos petrolíferos. Asimismo, se terminó a 53.707 milicianos de agrupaciones terroristas.
Trump añadió que “la única razón” de la presencia militar estadounidense en Siria fue la lucha contra el ISIS. Algunas acusaciones cruzadas entre los gobiernos de Damasco y Washington permiten dilucidar que, sin duda, ese nunca fue el solo objetivo.
El régimen de Al-Assad acusó a EE.UU de adiestrar en su base militar al Al Tanf a los terroristas. Por su parte, a principios de septiembre el Ministerio de Defensa de Rusia acusó a Washington de haber dirigido preparativos de extremistas en Siria con el fin de que realizaran un ataque terrorista en Palmira, en el centro del país.
Sean o no ciertas las culpas, la verdad es que Estados Unidos y sus aliados también aprovecharon la presencia en el país árabe para tratar de contener el avance de las fuerzas gubernamentales sirias, a veces con ataques directos al mismo ejército.
Uno de los episodios registrados más conocidos se produjo cuando Washington, Londres y París perpetraron un ataque aéreo coordinado en abril de 2018 en respuesta al supuesto ataque químico en la ciudad de Duma (Guta Oriental), del que Occidente acusó al gobierno de Bashar al Assad sin tener pruebas concluyentes.
El secretario de Defensa de EE.UU., James Mattis, calificó entonces el bombardeo de un “fuerte mensaje” al presidente sirio. La ONU se mostró muy contraria en su día a que los estadounidenses y sus aliados quisieran derrocar del poder a Bashar Al-Assad por la fuerza.
“Llevamos mucho tiempo luchando en Siria. Yo he sido presidente por casi dos años y realmente lo intensificamos y ganamos contra EI“, insistió Trump en un video grabado frente a la Casa Blanca que él mismo se encargó de distribuir a través de Twitter.
We have defeated ISIS in Syria, my only reason for being there during the Trump Presidency.
— Donald J. Trump (@realDonaldTrump) December 19, 2018
Que Estados Unidos ha combatido con fuerza al grupo extremista es algo que no se puede negar. Sus fuerzas militares están presentes en la región desde que Barack Obama tomó la decisión de enviarlas en 2014.
El problema se generó cuando el presidente afirmó que “Los vencimos y los vencimos claramente, recuperamos los territorios, y ahora es hora de que nuestras tropas regresen a casa“, ya que cabe analizar qué tan cierto es que el ISIS haya dejado de existir completamente.
Después de expresar su decisión, Trump encontró más respaldo fuera de sus fronteras que dentro de su propio partido. El presidente ruso, Vladimir Putin, alabó la decisión estadounidense y dijo estar “en gran medida de acuerdo” con lo postulado por su par norteamericano. “Hemos logrado un progreso palpable en la lucha contra el terrorismo en este territorio y hemos dado grandes golpes a EI en Siria“, declaró.
El senador republicano Lindsey Graham no quedó convencido ni siquiera con el aval de Putin, y se apresuró a afirmar que, según su punto de vista, la de Trump es una decisión equivocada que desproteje a Estados Unidos y favorece a “otros dos adversarios de EE.UU. Irán y Rusia” y a “la brutal dictadura de (el presidente sirio) Bashar al Asad”.
“Con el debido respeto, ISIS no está derrotado en Siria, Irak, y habiendo regresado de una visita ahí, definitivamente tampoco en Afganistán”, dijo Graham, miembro del comité de servicios armados del Senado estadounidense.
Con él están de acuerdo, de hecho, la mayoría de aliados internacionales con los que cuenta Estados Unidos. El Reino Unido se cansó de repetir que el grupo terrorista sigue siendo una amenaza de alto riesgo, a pesar de que no niega que se lograron “grandes avances” en esta materia.
Pese a celebrar que se hayan recapturado buena parte de los territorios en poder del ISIS, la diplomacia británica expresó en un comunicado que “todavía hay mucho que hacer y no debemos perder de vista la amenaza que (la organización) representa. Incluso sin territorio, EI continúa siendo una amenaza”.
Como el Reino Unido, igual de preocupada se encuentra Francia. “ISIS no ha desaparecido del mapa, ni tampoco sus raíces. Hay que vencer militarmente de manera definitiva los últimos reductos de esta organización terrorista”, dijo por su parte la ministra francesa del Ejército, Florence Parly.
En este sentido, el jefe del Comité de Asuntos Internacionales de la Cámara Alta del Parlamento de Rusia, Konstantín Kosachev, auguró en su cuenta de Facebook que la decisión de dar marcha atrás en la presencia de las tropas e EE.UU “puede tener un doble fondo: retirar a los estadounidenses, pero continuar operando a través de aliados, incluidos los no oficiales y los cuestionables”.
Por Andrea Romanos para Aire de Santa Fe
Te puede interesar




Dejá tu comentario