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Internacionales Brasil | Jair Bolsonaro | Luiz Inácio Lula da Silva

Brasil ante una elección en la que se juega el destino de la región

A un mes de las elecciones en Brasil, las candidaturas de Jair Bolsonaro y Lula da Silva concentran alrededor del 80% de la intención de voto. El resultado gravitará sobre la región: es inocultable que Argentina depende mucho más de Brasil que Brasil de Argentina.

Por Joel Sidler *

El pasado 28 de agosto tuvo lugar el primer debate presidencial de cara a las elecciones en Brasil, previstas para el 2 de octubre. Para que el país vecino pueda anunciar a su presidente electo ese día, el candidato ganador deberá alcanzar el 50% de los votos válidos. Si esto no sucede, se llevará a cabo una segunda vuelta el día 28 de octubre.

A pesar de que existen 12 candidaturas, las de Jair Bolsonaro y Lula da Silva concentran alrededor del 80% de la intención de voto, según señalan encuestadoras como Datafolha e IPEC. Por lo tanto, la pregunta a responder el 2 de octubre es si Lula logrará alcanzar los votos necesarios para vencer en primera vuelta o si el pueblo brasileño debe prepararse para un balotaje.

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Hasta el momento, las encuestas indican un claro triunfo del ex mandatario y líder del Partido dos Trabalhadores (PT), Lula da Silva, pero sus números se mantienen entre el 44% (según IPEC) y el 47% (Datafolha). Por su parte, la intención de voto para el actual presidente, Jair Bolsonaro, protagonizó una remontada durante las últimas semanas, con medidas de expansión del gasto público y transferencias de renta como principal estrategia. Así, en los últimos meses Bolsonaro logró reducir 6% la distancia con respecto al ex mandatario y alcanza, hasta el momento, un 32% de intención de voto (Datafolha).

Las encuestas ubican a Ciro Gomes en tercer lugar, quien fuera ministro durante el primer gobierno de Lula, pero que cuenta con cuatro candidaturas a presidente. En estas elecciones, Gomes intenta construir la “avenida del medio” para captar indecisos y descontentos tanto con Lula como con Bolsonaro, pero los sondeos le asignan apenas un 7%. Sin embargo, es un actor clave para las pretensiones de Lula, ya que los votantes de Gomes se referencian dentro del amplio espectro de la centro-izquierda y pueden ser decisivos tanto para alcanzar la victoria en primera vuelta, como para asegurarse el primer lugar en caso de un balotaje. No casualmente, durante el debate presidencial, Lula interpeló a Ciro Gomes en varias oportunidades, incluso protagonizaron uno de los momentos más interesantes cuando el ex presidente le ofreció, en vivo, una alianza para que el partido de Gomes forme parte de su gobierno en caso de ganar las elecciones.

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El actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, tiene una mirada de rechazo a la región y orienta su política exterior hacia los Estados Unidos.

El actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, tiene una mirada de rechazo a la región y orienta su política exterior hacia los Estados Unidos.

Las últimas semanas de campaña y las elecciones del domingo 2 de octubre prometen capturar la atención también fronteras afuera de Brasil. La orientación política que tome el gigante del Sur tiene un gran impacto en la región y también a nivel global. Este motivo lleva a que las elecciones de octubre capten la atención de todo el mundo.

¿Por qué el mundo mira a Brasil?

Estas elecciones no pasan desapercibidas a escala global. Para poner en contexto, Brasil ostenta el quinto lugar en superficie, el décimo tercero en términos del tamaño de su economía y una cantidad de votantes habilitados que lo convierte en la segunda democracia más grande del continente, detrás de los Estados Unidos. Además, su sector productivo integra cadenas globales con bienes intermedios que son vitales para el comercio internacional y es uno de los jugadores más importantes en cuanto a las exportaciones de origen primario (por ejemplo: soja, hierro, petróleo y azúcar). Tiene como principal socio comercial a China, integra el BRICS junto a Rusia, India, China y Sudáfrica, pero también posee fuertes lazos con la Unión Europea y Estados Unidos, e incluso tiene inversiones en el continente africano.

Estos elementos, conjugados con el crecimiento económico en la primera década del presente siglo y una sólida política exterior durante los mandatos del PT, lo habían convertido en una potencia emergente con voz y peso en el escenario internacional, por ejemplo, en instancias multilaterales como la Organización Mundial del Comercio y el G-20. Sin embargo, gran parte de esta relevancia comenzó a desplomarse primero con las causas de corrupción contra el PT y el empresariado brasileño, el golpe blando contra Dilma Rousseff y, definitivamente, con los primeros pasos de Bolsonaro como presidente de la República.

Durante su mandato, Jair Bolsonaro realizó un giro en la orientación internacional de Brasil, alineándose con Estados Unidos y particularmente con el ex presidente Donald Trump. Privilegió las negociaciones bilaterales en lugar de los foros multilaterales y mantuvo una política errática respecto del Acuerdo de París sobre el cambio climático. En particular, este último punto, junto a los aumentos de las quemas en el Amazonas, le valieron fuertes críticas a nivel internacional.

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El ex presidente de Brasil e histórico líder del PT, Lula da Silva, marcha primero en los sondeos previos a las elecciones del 2 de octubre.

El ex presidente de Brasil e histórico líder del PT, Lula da Silva, marcha primero en los sondeos previos a las elecciones del 2 de octubre.

Además del cambio en su política exterior, el mandato de Bolsonaro es responsable de aumentar la violencia política en Brasil. Con su retórica castrense y con la designación de militares retirados en cargos ejecutivos, encontramos las más recientes amenazas del presidente sobre la posibilidad de no reconocer los resultados de las elecciones. En lo que va del año, Bolsonaro profundizó un discurso orientado a sembrar sospechas sobre el sistema de votación y a alentar la hipótesis del fraude electoral frente a una posible victoria de Lula.

En los próximos días el mundo tendrá una prueba sobre en qué estado se encuentra la retórica bolsonarista. El 7 de septiembre Brasil festeja los 200 años de su independencia. Para ese día, Bolsonaro convocó a sus seguidores a manifestarse. El tono del discurso y el clima en las calles serán señales a las que el mundo estará atento.

¿Por qué Argentina y la región miran hacia Brasil?

El cambio en la orientación internacional de Brasil también tiene su correlato en nuestra región. Durante el gobierno de Bolsonaro, Brasil abandonó organizaciones a las que su presidente caracterizó como “ideológicas”, por ejemplo, la UNASUR y la CELAC. Sin embargo, tampoco mostró demasiado interés en asumir un rol protagónico en instituciones como PROSUR o el Grupo de Lima, aunque tuvieran una orientación política más cercana a la suya.

Alejandro Frenkel y Diego Azzi señalan que el fin de la política “sudamericanista” de Brasil representa una ruptura importante en la política exterior brasileña de las últimas décadas y que profundiza la fragmentación y desintegración regional. Esto se observa de manera clara en la postura de Bolsonaro respecto del Mercosur. Su posición ha sido cambiante y también errática, primero de rechazo y luego con intenciones de reformarlo. Por ejemplo, durante el 2021, su administración ejerció la presidencia pro témpore e intentó avanzar en la reducción del Arancel Externo Común. Esta iniciativa encontró fuertes resistencias por parte del gobierno argentino, ya que esto perjudicaría al sector manufacturero.

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La escasez de intereses comunes entre los gobiernos de Argentina y Brasil tiene su origen en lo asimétrico de la relación. Para nuestro país, los insumos de origen brasileño son importantes para todo el tejido productivo nacional. Más aún, Brasil es el primer destino de las exportaciones y, respecto de las importaciones, oscila entre el primer y segundo lugar con China. Para Brasil, en cambio, Argentina ocupa el cuarto lugar como destino de exportaciones y es el tercer destino cuando se trata de las importaciones. En otras palabras, Argentina depende mucho más de Brasil que Brasil de Argentina.

Esta situación se recrea a escala regional: por ejemplo, Brasil destina la mayor proporción de sus exportaciones a Asia (sobre todo recursos naturales). En cambio, para la Argentina, la región sudamericana es el principal destino del valor agregado nacional exportado, según datos de la CEPAL.

En consecuencia, en los últimos años Brasil ha colocado su atención en los intercambios extra-regionales. Sin embargo, las decisiones políticas pueden acrecentar estas diferencias, o buscar disminuirlas. Por lo hecho durante las presidencias del PT, el posible retorno de Lula a la presidencia puede venir acompañado de un regreso hacia la mirada “sudamericanista”, que puede traer beneficios en tres direcciones.

En primer lugar, la región debe fortalecer su entramado productivo y para hacerlo es necesario una coordinación regional que no puede darse si Argentina y Brasil tienen miradas contrapuestas. Este fortalecimiento tiene que orientarse a construir y consolidar cadenas regionales de producción. Según las más recientes declaraciones respecto del acuerdo Mercosur-Unión Europea, Lula señaló que “Brasil no puede abdicar de su derecho de reindustrializarse. Argentina no puede abdicar de ser un país con una fuerte industria”.

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En segundo lugar, detener la desintegración latinoamericana promovida por Bolsonaro puede ser beneficioso ya que, considerando el contexto geopolítico actual, donde Europa se encuentra atravesada por la crisis derivada de la guerra entre Rusia y Ucrania, nuestra región puede encontrar condiciones favorables para intensificar los intercambios comerciales, siempre y cuando las negociaciones partan de una escala regional coordinada, ya que esto permite un mayor poder de negociación para que los acuerdos no impliquen un perjuicio para el sector industrial.

Por último, en términos políticos, el gobierno de Alberto Fernández siempre se ha mostrado cercano a Lula. Es más, todavía como candidato presidencial, Fernández visitó a Lula mientras estaba preso en Curitiba. Este hecho tensó desde un principio la relación entre ambos gobiernos, una vez que el Frente de Todos ganó las elecciones en argentina. Por lo tanto, con un posible triunfo de Lula, el gobierno argentino recuperaría un fuerte aliado. Esto puede significar un espaldarazo que posicione al oficialismo argentino de una mejor manera de cara a las elecciones de 2023.

Las candidaturas de Lula y Bolsonaro representan dos miradas opuestas sobre la región y, en consecuencia, dos miradas sobre la Argentina. El próximo presidente de Brasil asumirá –de no mediar un cisne negro– el 1° de enero de 2023. Quedará de este lado de la frontera elegir qué interlocutores tendrá durante el resto de su mandato.

* Politólogo (UNL)

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