miércoles 11 de mayo de 2022
Gritos de la Tierra Argentina | Humedales | Medio ambiente

Una agenda ambiental para pensar la Argentina del siglo XXI

Repensar los lazos entre ambiente y desarrollo y "adaptar la política al clima, y no al revés", en un documento que invita a repensar las estrategias de Argentina ante la crisis ecológica global.

El debate sobre ambiente y desarrollo está vivo en Argentina. Impulsado sobre todo por un universo cada vez más amplio de organizaciones socioambientales y apalancado en situaciones críticas como la pandemia, los incendios en las provincias del Litoral y la bajante extrema del río Paraná, otros actores sociales como la dirigencia política, empresarial y gremial o incluso el poder judicial buscan involucrarse en esa conversación, donde por ahora sobran las palabras y faltan los planes concretos de acción climática.

En ese marco, un grupo de especialistas firmó un documento llamado “La agenda pendiente ante la crisis ambiental” que busca trazar una hoja de ruta hacia una “agenda ambiental racional en las decisiones que adopta el Estado”. “No se puede plantear la producción y el desarrollo territorial con los mismos parámetros del siglo pasado. La sostenibilidad ambiental determinará la agenda de la recuperación y el desarrollo global en las próximas décadas, y no prestar debida atención a esta agenda tendrá altos costos y tornará más complejo aún superar nuestra crisis económica y social”.

Para eso, proponen varios puntos que plantean, de forma general, repensar los lazos entre ambiente y desarrollo, avanzar en una transición energética, optimizar el uso de recursos cada vez más escasos, potenciar un sistema de producción de alimentos más sustentable, trabajar en la protección efectiva de bosques y humedales, mejorar las políticas de protección de la biodiversidad, rediseñar la megaminería sobre bases sustentables y transparentes y diseñar un plan de adaptación al cambio climático consistente.

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La falta de políticas y controles ambientes agravó el impacto de los incendios durante este ciclo de sequía.

La falta de políticas y controles ambientes agravó el impacto de los incendios durante este ciclo de sequía.

“Sin sostenibilidad ambiental no hay salida: sólo habrá crisis recurrentes, cada vez más graves. Es hora de adaptar la política a la crisis climática, y no al revés”, subraya el trabajo.

Ambiente y desarrollo

El primer punto es afirmar que una política ambiental es (y debe ser considerada) como una política de desarrollo, y no como una barrera al crecimiento, algo que aparece de manera recurrente en muchos discursos oficiales y del sector privado, todavía. “Durante décadas se ha interpretado que las regulaciones, el control y la protección ambiental eran barreras al desarrollo económico”, recuerda el trabajo, que puntualiza que si Argentina quiere insertarse con éxito en los flujos económicos del siglo XXI “debe adaptarse rápidamente a una nueva realidad”, marcada por la exigencia de sostenibilidad de los procesos productivos.

En este nuevo mundo, las regulaciones ambientales no son percibidas como una barrera, sino como una “condición necesaria” para participar del gran juego global. Esto exige algo que es hoy deficitario en el país: conocer, medir y monitorear el desempeño ambiental de diferentes sectores. “La rigurosa medición de factores clave como la deforestación, la sobrepesca y sus efectos ecosistémicos asociados nos permitirá ofrecer productos que garanticen sostenibilidad, trazabilidad y transparencia”.

Se trata, según los autores, de sumarse a una “nueva economía” asociada en gran parte a la transición energética, algo que “gran parte de la política aún no percibe”. Esta transición significa abandonar paulatinamente los combustibles fósiles y avanzar hacia un proceso de descarbonización que se acelerará en los próximos años. “Hay enormes oportunidades para nuestro país si lo hacemos más rápidamente, pero para eso necesitamos un plan gradual para salir de los subsidios a los combustibles fósiles, con metas y plazos concretos”.

El documento señala que el mundo laboral “también se transforma”, y que la proporción de empleos ofrecidos por el sector fósil en relación al sector de las energías, que era de 5 a 1 en 2015, en 2020 fue de 2 a 1 con proyecciones que indican que la relación se invertirá en 2023. Son los nuevos “empleos verdes”.

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La agenda ambiental ya no puede estar subordinada a las necesidades económicas, advierte el documento.

La agenda ambiental ya no puede estar subordinada a las necesidades económicas, advierte el documento.

Optimizar el uso de recursos cada vez más escasos

Un camino deseable es mejorar en eficiencia energética, “una materia postergada en Argentina” -consideraron- por causa de los subsidios energéticos “que hacen creer a los consumidores que los recursos para producir energía son abundantes y baratos”. En relación al uso responsable del suelo y la conservación de su fertilidad, “si bien se logró un gran avance con la siembra directa, falta mucho en materia de prácticas de rotación y conservación de suelos, así como impulsar más y mejores controles sobre el uso de agroquímicos”.

La eficiencia en el uso del agua es, para quienes firmaron el documento, otra materia pendiente ya que casi no se mide su consumo. “La eficiencia también debe alcanzar al manejo de los residuos. Aún no tenemos un plan nacional con una distribución geográfica equilibrada de plantas de separación, tratamiento y reciclado de materiales descartados, así como el aprovechamiento de los residuos orgánicos en compostaje a gran escala”.

En relación a la producción de alimentos, consideraron que debe conducirse con estándares ambientales cada vez más estrictos. “Hasta ahora hemos subestimado sus costos ambientales, pero muchos países exigen cada vez más calidad social y ambiental en sus alimentos”. En ese marco recordaron que existe una tendencia global hacia alimentos orgánicos y saludables, lo que abre una oportunidad para que la producción agroindustrial tradicional se complemente con otra “basada en prácticas de bajo impacto, trazabilidad y certificaciones de calidad”.

Bosques y humedales

La firma por parte de Argentina de un compromiso global para tener deforestación cero en 2030 plantea la urgencia de detener los desmontes. Sin embargo, señala el trabajo, en muchas provincias “se siguen otorgando permisos de desmonte incluso violando su propio ordenamiento territorial surgido de la ley de bosques”. Los expertos señalaron que al día de hoy “la mitad de la deforestación es ilegal” en Argentina, y que un camino para comenzar a revertir eso es financiar como corresponde la Ley de Bosques.

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Los humedales argentinos son grandes reservas de biodiversidad.

Los humedales argentinos son grandes reservas de biodiversidad.

En lo relativo a la demorada aprobación de una Ley de Humedales, consideraron que es una muestra “de la poca seriedad con que se ha tomado este tema” y llamaron a “retomar un diálogo maduro y urgente con las Provincias para realizar un ordenamiento territorial y de jerarquización de los humedales con bases sólidas y respaldo legal”.

Consideraron que los humedales “deben ser administrados por su valioso aporte como fuentes claves de biodiversidad, de agua y para la adaptación al cambio climático”. Para que esto ocurra, las Provincias “deben activar su conservación y manejo sostenible en vez de rehuir el debate por la presión de productores y desarrolladores urbanos locales”.

Conservación y adaptación

En un contexto de crisis ecológica global, las metas de conservación de áreas silvestres recomiendan la protección de al menos el 30% de las superficies terrestre y marina para abordar la crisis de la biodiversidad, el cambio climático, la provisión de servicios ecosistémicos esenciales y la reducción del riesgo de futuras zoonosis. En ese marco, el sistema de Parques Nacionales de Argentina “además de contribuir con los desafíos mencionados, son objeto de un turismo global creciente”.

A la hora de enumerar qué se ha hecho hasta ahora en materia de adaptación al cambio climático, argumentaron que “muy pocas ciudades tienen planes de adaptación basados tanto en medidas estructurales (de ingeniería) como no estructurales (ecosistémicas)” para hacer frente a una mayor frecuencia de inundaciones y tormentas severas. “No tenemos plan que contemple la vulnerabilidad creciente ante inundaciones producto de sudestadas y lluvias intensas”, agregaron.

También señalaron la fragilidad del país para enfrentar los incendios forestales que se multiplican en los períodos extensos de sequía, así como la falta de preparación de los centros urbanos para reducir el impacto previsto de una ampliación en frecuencia e intensidad de las olas de calor. “La creación de nuevas áreas naturales protegidas urbanas y suburbanas es una herramienta estratégica que la Argentina debe impulsar aceleradamente”.

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Una nueva economía, con eje en la sostenibilidad ambiental, generará miles de nuevos empleos.

Una nueva economía, con eje en la sostenibilidad ambiental, generará miles de nuevos empleos.

Adaptar la política al clima, no el clima a la política

A modo de conclusión, los expertos insistieron con un punto clave: es hora de revertir la sumisión de la política ambiental a las áreas económicas, “una regla que ha prevalecido en todos los gobiernos de las últimas décadas”. En ese punto enfatizaron que la sociedad y la economía atravesarán en las próximas décadas “profundos cambios que ya han comenzado a acelerarse”, y que el consumo de alimentos orgánicos y libres de maltrato animal será creciente.

“El teletrabajo, la teleeducación y la movilidad eléctrica en base a combustibles de cero emisiones serán las tendencias dominantes”, puntualizaron, en un mundo cada vez más estructurado en torno a la agenda de la sostenibilidad ambiental.

En esta nueva economía signada por la transición a un mundo de cero emisiones para mediados de siglo se crearán miles de nuevos empleos asociados a esta nueva economía, pero también habrá sectores donde se perderán empleos y eso es un desafío inmenso para nuestro sistema educativo, el mundo laboral y las economías regionales.

“La dirigencia política debe involucrarse más en este proceso para planificar y generar una transición justa y socialmente equilibrada”, concluyeron.