miércoles 18 de mayo de 2022
Gritos de la Tierra mortandad de peces | Bajante del río Paraná | Provincia de Santa Fe

Por la bajante del río Paraná y la ola de calor, las poblaciones de peces están en riesgo máximo

La falta de agua en la cuenca del río Paraná afectó los lugares de reproducción de sábalos, dorados y bogas, en otras especies. Hay casos de mortandad masiva de peces en las lagunas, arroyos y riachos de Santa Fe.

La prolongadísima bajante del río Paraná, que ya transita su tercer año de duración, rediseñó el paisaje litoraleño de manera drástica. Allí donde había agua, ahora hay tierra. El humedal parece un campo, y muchas de las lagunas, bañados y riachos internos de este enorme y complejo sistema natural se secaron afectando de forma variada a la fauna y flora en la provincia de Santa Fe, y sobre todo a las poblaciones de peces que pueblan el río.

Es que para que la reproducción de peces se concrete de manera óptima, es necesario -entre otras condiciones- que el cauce principal del río esté conectado con el valle aluvial, donde esas especies atraviesan las etapas juveniles, encuentran un refugio adecuado y consiguen alimentos y nutrientes. Algo que hace varios años que no ocurre.

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La mortandad de peces se produce en distintos ríos. Esta imagen fue registrada en el Calchaquí.

La mortandad de peces se produce en distintos ríos. Esta imagen fue registrada en el Calchaquí.

Según datos del proyecto EBIPES de abril de 2020 sobre efectos de la bajante extraordinaria en la comunidad de peces de ambientes del valle aluvial del Paraná inferior, entre los impactos que pueden preverse debido a la bajante se encuentran al menos tres que son preponderantes: un cambio en la abundancia total de peces, un impacto sobre el estado nutricional de las especies por la reducción de la disponibilidad de alimento, y finalmente consecuencias en el estado reproductivo.

Por qué mueren los peces en el río Paraná

A la bajante extraordinaria se sumó en las últimas semanas un período de altísimas temperaturas que generaron episodios de mortandad de peces a lo largo de toda la costa y zona de Islas santafesina, con imágenes chocantes de centenares o miles de ejemplares muertos flotando en espejos de agua con costas carcomidas por la sequía. Este fenómeno, que es habitual en los meses de verano, toma otra dimensión y se potencia por el contexto general de crisis hídrica que golpea a todas las provincias litoraleñas.

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La bajante del Paraná y de toda su cuenca impacta en los ecosistemas.

La bajante del Paraná y de toda su cuenca impacta en los ecosistemas.

Andrés Sciara, decano de la facultad de Bioquímicas de la UNR y ex director del Acuario del Río Paraná de Rosario, explicó que los eventos de mortalidades en peces de los últimos días están relacionados claramente con la ola de calor y el bajo nivel del agua. “Es una combinación muy complicada porque los peces con el calor aumentan su metabolismo ya que su temperatura interna es la del ambiente. Además el calor reduce la cantidad de oxígeno en el agua y genera un aumento en la cantidad de bacterias y de microorganismos que a su vez consumen más oxígeno”, explicó.

Los restos de fertilizantes u otros agroquímicos y de materias orgánicas de origen cloacal empeoran el cuadro y ayudan a potenciar estos eventos de mortandad. “Los episodios de mortandad en peces son normales y ocurren desde que se tiene registro, pero está claro que este proceso de sequía prolongada y extraordinaria pone a las poblaciones de peces de la región en una situación más vulnerable aun, a los peces y a todo el ecosistema, por supuesto”, agregó el especialista.

La mayor bajante del río Paraná en 77 años

A la foto actual se suma otro dato preocupante: hace más de seis años que el Paraná, que en los últimos días llegó a su menor nivel de aguas en 77 años en Santa Fe, no tiene una temporada de creciente pronunciada, que es cuando ocurren las grandes reproducciones de peces migradores, lo que los expertos denominan el reclutamiento de poblaciones. “Llamamos reclutamiento a lo que ocurre cuando hay crecidas pronunciadas del rio, que son grandes estímulo a la reproducción de las especies de migradores (sábalo, boga, dorado, surubí, pacú, patí, manguruyú) ya que se generan muchísimos espacios de agua en bañados y lagunas”.

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En la costa de la laguna Setúbal, aparecieron peces muertos y mucha basura.

En la costa de la laguna Setúbal, aparecieron peces muertos y mucha basura.

Es en esos espacios de agua que los peces desovan y los alevines (las crías recién nacidas de los peces) encuentran alimentos, ya que allí se genera el plancton del cual se nutren. “Ese alimento no está en los cauces principales, está en las lagunas y en los bañados, por eso cuando esos territorios se queman y se endican se afecta de forma casi irreversiblemente el equilibrio del ecosistema. Cuando el agua no puede ingresar y ocupar esas lagunas, simplemente no se genera la vida acuática” sintetizó Sciara.

Los incendios también afectan los ecosistemas acuáticos

A la falta de agua que tiene todo el sistema (desde la UNR calcularon que apenas el 5 o 6% de la superficie del Delta está cubierta de agua, contra el 40% en años normales), que de por sí tensiona al máximo la vida en ese territorio, se suman intervenciones humanas que agravan aún más el escenario, como los diques y terraplenes y las quemas. En relación a esto, Sciara recordó que la zona de islas lleva más de dos años afectada por incendios forestales que afectan no solo a las zonas terrestres, sino que también impactan en lo acuático: “Es algo que todavía estamos estudiando, pero así como ya sabemos que hay un empobrecimiento de la biodiversidad en las Islas tras las quemas, podemos esperar algo similar en algunos ambientes acuáticos internos por el mismo motivo”, dijo.

En los dos últimos años (2020 y 2021) se registraron más de 60 mil focos de calor en la zona denominada Pecas Delta del Paraná, que va desde la ciudad de Santa Fe al norte hasta la localidad de Campana (provincia de Buenos Aires) en el sur. Sólo en esa porción se quemaron cerca de 800 mil hectáreas, casi la mitad del área total del Delta, que tiene unos 2,3 millones de hectáreas de superficie. Las condiciones de sequía y bajante persisten en este inicio de 2022.

Como ocurrió en casi todos los ámbitos de la vida económica y social, la pandemia paralizó durante largos meses el trabajo científico y académico. Esto repercutió también en los monitoreos de poblaciones de peces que se venían haciendo en el río Paraná. “No tenemos datos científicos muy actualizados sobre como la bajante ha afectado a las poblaciones de peces ya que la pandemia además afecto las tomas de muestras de los proyectos que venían trabajando con eso, como el proyecto Sábalo, uno de los más sistemáticos en los registros de los pescadores artesanales. Hay que esperar nuevos datos” señaló el ex director del Acuario.

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