jueves 13 de agosto de 2020
Gritos de la Tierra | Producción | arroz | San Javier

El manejo agroecológico de los arrozales permite una mayor biodiversidad de aves

Un estudio hecho en San Javier comprueba que la producción sin insumos químicos potencia la presencia de aves que ofician como reguladores naturales.

Producción y ambiente pueden ser complementarios, a condición que el modelo convencional reconozca sus límites y abra un espacio para formas de trabajar la tierra basadas en el manejo y el conocimiento y no sólo en los insumos químicos. Así lo demostraron investigadores del Conicet al comparar la presencia de aves en dos campos arroceros de San Javier, uno agroecológico y otro “tradicional”. En el primer caso no sólo la biodiversidad es mayor, sino que cumple funciones clave que ayudan a una mejor producción.

La investigación “¿Puede el manejo agroecológico incrementar la diversidad funcional de aves en campos de arroz?”, publicada en la revista de Biología Tropical, es un estudio pionero en la evaluación de la interacción entre un modelo productivo y la fauna silvestre, tanto para analizar su impacto ecológico como para avanzar en la hipótesis que una mayor diversidad beneficia, y no perjudica, a la producción.

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Con sello local

La investigación fue llevada adelante por un equipo de investigadores del Conicet y de la UNL y su eje fue relevar la presencia de pájaros en dos campos de arroz, uno trabajado con uso de agroquímicos y otro basado en el paradigma de la agroecología, que prioriza el manejo por sobre los insumos químicos. “Las aves cumplen una mayor cantidad de funciones bajo un manejo agroecológico y eso se relaciona con la gran diversidad de especies que, además, tienen características diferentes”, explicó Rodrigo Lorenzón, investigador del Instituto Nacional de Limnología (Inali) a la agencia Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTyS). El investigador agregó que las aves aportan una serie de servicios ecosistémicos que se pueden potenciar mediante diferentes técnicas productivas, con la agroecología a la cabeza.

Los investigadores compararon dos campos de la zona de San Javier que producen arroz con técnicas de producción diferentes, donde contaron ocho veces (en un lapso que fue entre la siembra y la cosecha) cuántos y qué pájaros había. Luego, según consigna la agencia CTyS, clasificaron a las especies “según cómo se componía su dieta, con qué estrategia y en qué lugar obtenían el alimento para determinar qué servicio ecosistémico brindaba la especie para el desarrollo del arrozal”.

Biodiversidad y ambiente

Lorenzón, a cargo de la coordinación del trabajo, explicó que las aves “son animales muy útiles para estos estudios” ya que, al tener la posibilidad de trasladarse, su permanencia en un hábitat determinado es una señal de “buena salud” del ecosistema, en este caso el arrozal bajo manejo agroecológico. Además, cumplen de manera natural importantes funciones ecosistémicas por ejemplo como controladoras de plagas de insectos.

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“El paisaje que aparece en un modelo agroecológico, donde se cuenta en mayor proporción con otras coberturas vegetales además del arroz, es perfecto para que esa variedad de aves de características distintas interactúe con el medio y haga su aporte” explicaron los científicos.

Esa biodiversidad no se ratifica en iguales proporciones bajo los modelos convencionales basados en el uso de insumos químicos, que quitan lugar a la vegetación espontánea lo que disminuye la presencia de fauna y flora silvestre.

Además de Lorenzón, participaron del trabajo de investigación Evelina León; Marcelo Juani; Adolfo Beltzer; Paola Peltzer; Rafael Lajmanovich y Andrés Attademo.

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