Ya desvanecida la idea de que la pandemia era “buena” para el ambiente al haber obligado a la especie humana a recluirse durante algunas semanas, los datos científicos sobre el calentamiento global demuestran que hace falta mucho más que una parada temporal de actividades para empezar en serio a sanear la atmósfera, los océanos o las llanuras.
De hecho, según los relevamientos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y del Servicio Europeo de Cambio Climático de Copérnicus el pasado mes de junio fue el segundo más cálido jamás registrado con una temperatura 0,53 grados centígrados por encima del promedio de 1981/2010. “Las temperaturas globales estuvieron muy por encima del promedio en este último mes de junio de 2020, quedando en un marginal 0,01 grados por debajo del junio de 2019 y siendo 0,1 grados superior al junio de 2016” explicaron en el sitio especializado Meteored.
Récord tras récord
Además, desde la OMM estiman que en los próximos cinco años la temperatura promedio del planeta será aproximadamente un grado más elevada que antes de los niveles preindustriales, con un 20% de posibilidades que, al menos en uno de los años por venir, se llegue incluso a 1,5 grados por encima de esa media.
Por ahora, 2016 se mantiene como el año calendario más cálido registrado, con una temperatura global que fue 0,63 grados más elevada que las del período 1981/2010, mientras que 2019 fue el segundo año calendario más cálido en este registro de datos con una temperatura 0,59 grados por encima del promedio.
Desde Meteored explicaron en un informe difundido esta semana que, a este ritmo de calentamiento en 2020, es prácticamente seguro que este año termine entre los cinco más cálidos registrados, con grandes posibilidades de ser el más caliente de todos.
Un nuevo pacto verde
El contexto particular de la pandemia renovó el debate sobre las formas de producir y de consumir a nivel mundial, al ratificar la incidencia que las acciones humanas tienen sobre la salud del planeta y sobre el bienestar de la propia especie. En ese marco, Naciones Unidas desarrolló un programa con algunos grandes ejes para orientar la recuperación y el trabajo futuro en un camino sustentable.
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De manera sintética, se trata de un plan de acción que considera los siguientes pasos: primero, el gasto de dinero estatal para planes de recuperación tras la pandemia debe ir acompañado de la creación de nuevos trabajos y empresas mediante una transición limpia y ecológica, ya que si se utiliza el dinero de los contribuyentes para rescatar empresas “es necesario vincularlo a la generación de empleos verdes y de un crecimiento sostenible”.
“La artillería fiscal debe impulsar el paso de la economía gris a la verde, y aumentar la resiliencia de las sociedades y las personas. Los fondos públicos deben utilizarse para invertir en el futuro, no en el pasado, y fluir hacia sectores y proyectos sostenibles que ayuden al ambiente y al clima”, explicó Antonio Guterres, el secretario general de la ONU.
En relación con la medida anterior, aseguró que "se debe poner fin a los subsidios a los combustibles fósiles y quienes contaminan tienen que empezar a pagar la contaminación que generan". Los riesgos y oportunidades climáticos tienen que incorporarse al sistema financiero, así como a todos los aspectos de la formulación de políticas públicas y las infraestructuras.







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