El sábado 11 de junio de 1955 –hace hoy 70 años– y, en el marco de la 23ª edición de las 24 Horas de Le Mans, se produjo el más grave siniestro de todos los tiempos en una competencia automovilística, en el que fallecieron el piloto francés Pierre Levegh y 83 espectadores, además de resultar heridas casi 180 personas más. Tal fue la magnitud del desastre, y la profunda conmoción mundial que provocó que, a partir de ahí, las condiciones de seguridad de las carreras cambiaron para siempre.