La frialdad táctil de Miranda Priestly en El diablo viste a la moda es un ejemplo claro de límites peripersonales estrictos.
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¿Por qué algunas personas rechazan los abrazos? Lo que dice la ciencia
1. La herencia de la crianza y el apego
La disposición al contacto físico está profundamente ligada a nuestras experiencias tempranas. Según la Teoría del Apego, desarrollada por John Bowlby, el estilo de crianza define cómo interactuamos físicamente de adultos.
- Entornos de escaso contacto: una investigación publicada en Comprehensive Psychology sugiere que las personas criadas en familias donde los abrazos no eran frecuentes suelen replicar ese patrón. Al no haber sido un canal de comunicación habitual, el cerebro no lo interpreta como una señal de seguridad.
- El efecto contrario: curiosamente, algunos expertos señalan que una carencia extrema en la infancia puede generar el efecto opuesto: una búsqueda constante de contacto o, por el contrario, un rechazo defensivo para evitar la vulnerabilidad.
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2. La neurobiología de la oxitocina
Cuando abrazamos, nuestro cuerpo libera oxitocina, conocida como la "hormona del amor" o del bienestar. Sin embargo, no todos procesan esta sustancia de la misma manera.
- Estudios neurocientíficos indican que factores genéticos pueden influir en la sensibilidad de los receptores de oxitocina. Para una persona con baja sensibilidad o altos niveles de cortisol (la hormona del estrés), un abrazo inesperado no se siente como una recompensa, sino como una amenaza que activa el sistema nervioso simpático.
3. El factor del "Espacio Periperpersonal"
La psicología experimental estudia el espacio peripersonal, esa "burbuja" invisible que rodea nuestro cuerpo.
- Corteza premotora y parietal: estas áreas del cerebro procesan la distancia de seguridad. En personas con una respuesta de ansiedad más activa, esta burbuja es más amplia.
- Invasión sensorial: para quienes tienen una alta sensibilidad sensorial (común en el espectro autista o en personas con PAS - Personas de Alta Sensibilidad), el contacto físico puede resultar abrumador o incluso doloroso debido a la intensidad del estímulo táctil.
4. Autoestima y percepción corporal
El rechazo al contacto también puede ser un mecanismo de protección. Según estudios sobre la imagen corporal, las personas con baja autoestima o inseguridades sobre su físico pueden evitar los abrazos para no exponerse al juicio ajeno o para no sentir que su cuerpo es "observado" de cerca.
No aceptar abrazos no es una patología. Es una respuesta adaptativa de nuestro sistema nervioso y nuestra historia personal. Respetar el límite del otro es la forma más alta de afecto.
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Consejos para abordar el rechazo al contacto:
- Preguntar siempre: un simple "¿puedo darte un abrazo?" valida el espacio del otro.
- Buscar alternativas: el contacto visual, las palabras de afirmación o un choque de puños pueden transmitir el mismo cariño sin generar ansiedad.
- Exposición gradual: si la persona desea cambiar este rasgo, la terapia cognitivo-conductual puede ayudar a desensibilizar la respuesta de rechazo poco a poco.
FUENTE: Journal of Comprehensive Psychology, American Psychological Association (APA) y Nature Neuroscience.