Con el paso del tiempo, las almohadas suelen tomar un color amarillento que no se va ni con las fundas más gruesas. El sudor, la saliva, los aceites del pelo y hasta la humedad del ambiente dejan marcas difíciles de sacar.
Pero la buena noticia es que existe un truco casero fácil y barato para devolverles el blanco original y dejarlas como nuevas con una limpieza sencilla. Vas a necesitar bicarbonato de sodio, vinagre y detergente.