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Estilo de vida

Agua con gas: por qué ayuda en la digestión y cuáles son sus beneficios

El consumo de agua es una parte clave de la salud y el bienestar global. Para aquellos que no disfrutan de beber agua, el agua con gas puede resultar una opción válida e igual de hidratante. T

Con la subida de temperaturas aumenta la necesidad de beber líquidos para hidratarse. Y aunque, según los expertos, el agua es casi siempre la opción más saludable, lo cierto es que no a todo el mundo le parece que sea una bebida apetecible y prefieren las gaseosas. El problema es que la mayoría de estos productos contienen azúcares y aditivos, lo que les convierte en una opción poco saludable, no solo por el exceso de calorías que aportan sino por su carencia de nutrientes como vitaminas y minerales. Por eso lo ideal es obtener esa sensación de burbujas que a veces se buscan con los refrescos pero apostando por una bebida sin azúcares o edulcorantes añadidos como el agua con gas.

El agua con gas es en realidad agua con ácido carbónico, que puede haber sido añadido o inyectado a presión de forma artificial o puede estar presente de forma natural en el agua, pues algunos manantiales producen este tipo de agua. Precisamente su contenido en ácido carbónico, sumado al PH ya ácido del estómago, aumenta la segregación de jugos gástricos, según explican los especialistas en nutrición, quienes aseguran que esto hace que resulte una bebida digestiva o que ayude a digerir mejor las proteínas de los alimentos.

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Tomar agua contribuye a reducir la ingesta de calorías innecesarias porque, a pesar de no aportar calorías, genera una sensación de saciedad.

Tomar agua contribuye a reducir la ingesta de calorías innecesarias porque, a pesar de no aportar calorías, genera una sensación de saciedad.

Tomar agua contribuye a reducir la ingesta de calorías innecesarias. ¿Por qué? El agua no aporta calorías, es la bebida natural; genera una sensación de saciedad que puede ser aprovechada por los que desean bajar de peso; y aumenta la liberación de una sustancia llamada dopamina que está ligada a la sensación de recompensa.

Los nutricionistas explican que en primer lugar, el agua ocupa un lugar en el estómago, lo cual produce una sensación de saciedad mecánica . Además, el agua diluye la concentración de sales en la sangre, estimula el sistema nervioso simpático, lo que dispara la producción de noradrenalina y, con ella, la degradación de lípidos. Y en tercer lugar –afirman–, el agua aumenta la liberación de dopamina en el cerebro, un neurotransmisor ligado a la sensación de recompensa y placer.

Los especialistas aconsejan tomar ocho vasos diarios de agua. Si es con gas, mejor, porque según afirman, aumenta la saciedad. Y si está fría, obliga al organismo a invertir energía en calentarla hasta los 37 grados del cuerpo, “lo que implica un gasto extra de unas 100 calorías”, apuntan. De esta forma, el agua con gas es una opción válida para mantener el cuerpo hidratado y generar una mayor sensación de saciedad.