Es el tercer día que atiende a los medios y en su actitud no hay rastro de cansancio o desgana. Úrsula Corberó recibe con una sonrisa de oreja a oreja, predisposición y los dos metros de distancia pertinente. Después de dos días de entrevistas en inglés, además, hoy juega en casa. Está en Madrid, donde vive, para presentar Snake Eyes, su última película y la primera en Hollywood, un sueño desde la infancia hecho realidad.
“Tenía seis años y ya decía que quería ser actriz y evidentemente lo primero en lo que piensas desde el lugar más naif cuando tienes seis años es eso, hacer una película de Hollywood. Ha sido una experiencia increíble, me encantaría seguir trabajando en Estados Unidos, pero eso no significa que no quiera trabajar en otros lugares del mundo”. Asia, Italia, Francia, España... su lista de deseos parece inagotable.
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La relación de Úrsula Corberó y el Chino Darín
Si hay una palabra que define a Úrsula Corberó, de 31 años, es camaleónica. La actriz catalana aparece en redes en chándal, las revoluciona en ropa interior, o luce un look de inspiración asiática. No solo es apariencia. Delante de una cámara demostró que defiende igual un personaje histórico como Margarita de Austria en la serie Isabel que a una villana como La Baronesa, a la que da vida en este nuevo largometraje.
En constante evolución en lo profesional, en lo personal Corberó mantiene una relación estable desde hace cinco años con el también actor Chino Darín, con quien trabajó en la serie La embajada. A él y a su entorno acude, asegura, cuando necesita poner de nuevo los pies en la tierra, y con él pasó el confinamiento duro de la primavera de 2020. Fue a Buenos Aires para pasar 10 días y se quedó cuatro meses.
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Se sigue viendo "superjoven"
“Mi novio es lo más terrenal que te puedes echar a la cara. Yo soy de estar viviendo en las nubes, pero me viene bien. Hay muchas cosas aparte de las personas que me envuelven que son mi chico, mi familia, mis amigos… que me hacen, más que bajar a la Tierra, desconectar. Creo que hoy en día es superimportante, estamos todo el día con la cosa ahí (hace un gesto como de estar tecleando con el celular), con las pilas puestas. Todo sucede como muy rápido y todo es como es descartable y luego llega lo nuevo”, reflexiona. Entre esas aficiones se encuentran la música y la cocina. La catalana se defiende “muy bien” en los fogones cuando tiene tiempo, algo que, afirma, no ocurre con frecuencia.
A mediados de agosto cumplirá 32 años y ella se sigue viendo “superjoven”, aunque a menudo la interroguen sobre cómo lleva haber pasado la veintena. “Es una pregunta que me hacen normalmente y que me parece como rara porque no me imagino haciéndole esa pregunta a un hombre: ‘¿Cómo llevas el no tener ya 20 años? ¿Cómo llevas el ver que te estás haciendo mayor?”, reflexiona, sobre algunas diferencias de trato respecto a sus compañeros hombres, que también advierte en cuestiones relacionadas con su físico.
“Nunca le preguntarían a un hombre cuál es su rutina de belleza ¿no?”. Ella, en esencia, sigue siendo la misma chica que hace 13 años interpretaba a una adolescente en los pasillos del instituto Zurbarán. “Sigo teniendo las cosas muy claras de lo que quiero ser y como quiero ser, sigo siendo igual de sensible, sigo siendo muy sensible, pero cuando veo videos de entonces. Tengo una amiga que me manda videos de Física o química y pienso: ¿esa soy yo?”.
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