Al ruso, como le decían en el ambiente, le faltaba una pierna, producto de un accidente que sufrió en la infancia y que lo obligó a ponerse una prótesis. La tragedia ocurrió cuando tenía seis años y por un descuido de su niñera.
Sofovich, que no iba de la mano con la empleada, con quien había salido a comprar medicamentos, fue atropellado por un tranvía. Su vida corría peligro y los médicos no dudaron: decidieron la amputación y durante semanas no tuvo más remedio que permanecer postrado en la cama.
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Gerardo Sofovich murió el 8 de marzo de 2015.
De grande, y cuando el dinero comenzó a estar presente en su día a día, optó por comprarse una prótesis. "Jamás hablé de mi problema físico porque no lo considero tal, y porque nunca quise conmover a nadie con eso. Fundamentalmente porque lo superé rápidamente, y en la primaría ya era el líder del curso y andaba en bicicleta, jugaba al fútbol y bailaba. Si le pasa a un chico ahora, le reimplantan la pierna, pero en esa época no estaba tan avanzada la medicina. Y bueno, entonces me adapté a eso y lo superé", se sinceró en una entrevista poco antes de morir.