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Elecciones 2019 | Elecciones 2019 | Alberto Fernández | Cristina Kirchner

Fernández y el delicado equilibrio en la balanza de poder con Cristina, Massa y los gobernadores

El presidente electo jamás imaginó que Mauricio Macri acortaría la brecha en teoría "irremontable" de 17 puntos que los separaba. Sobre el escenario, Cristina Kirchner distinguió más la figura de Kicillof que a la del propio presidente electo. El kirchnerismo no dudará en clavarle los dientes a Alberto Fernández si decidiera inclinar la balanza a favor del peronismo de los gobernadores.

Especial para Aire Digital desde Buenos Aires

Indiscutible y contundente: así puede definirse el triunfo electoral de Alberto Fernández quien, con el 48% de los votos, se impuso en primera vuelta y será el próximo presidente de los argentinos a partir del 10 de diciembre. Sin embargo, para el peronismo no kirchnerista aglutinado detrás de su liderazgo, la victoria de Fernández tiene un sabor agridulce: contra todos los pronósticos, el candidato del Frente de Todos no sólo no mejoró su desempeño respecto de las primarias (cuando obtuvo el 49,49% de los votos) sino que su rival más importante, Mauricio Macri, con un sorpresivo 40% de los votos, acortó sustancialmente la brecha irremontable de 17 puntos que los separaba y se instaló como uno de los referentes indiscutidos de la oposición.

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Fernández tiene motivos para festejar, pero también para preocuparse. La ambición del peronismo era superar ayer el 50% de los votos y soñaba, incluso, con alcanzar el caudal que había obtenido Cristina Kirchner en 2011, cuando obtuvo el 54% de las preferencias electorales. No logró el objetivo y la expresidenta, mentora de la candidatura presidencial de Fernández, mantendrá intacto su liderazgo, aumentado además por el triunfo de su discípulo, Axel Kicillof, en Buenos Aires. Atrincherado en el Senado y en el principal distrito del país, el kirchnerismo no tardará en mostrarle los dientes a Fernández si éste decidiera inclinar la balanza del poder y de la política a favor del peronismo de los gobernadores.

A veces los gestos dicen más que mil palabras. Durante los festejos sobre el escenario del triunfo, Cristina Kirchner exaltó en más oportunidades la figura de Kicillof que la del presidente electo. No mencionó a Sergio Massa –el principal aliado de Fernández y futuro presidente de la Cámara de Diputados- y no hubo gobernadores presentes en las celebraciones.

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Las tensiones internas no serán la única preocupación de Fernández que, por lo demás, deberá lidiar con un horizonte económico por demás complejo cuando asuma el poder. El presidente electo jamás imaginó que Macri, a quien imaginaba un muerto político después de las elecciones, iba a protagonizar semejante escalada electoral.

La coalición Juntos por el Cambio no sólo ratificó su hegemonía en la Capital –donde Horacio Rodríguez Larreta arrasó con el 55% de los votos-, y amplió su triunfo en Córdoba, sino que también protagonizó dos sorpresivas victorias en Santa Fe y en San Luis y dio vuelta la derrota que había sufrido en Mendoza en las últimas primarias. Gracias a este buen desempeño en los distritos más populosos (salvo Buenos Aires), el bloque de Juntos por el Cambio engrosará su representación legislativa en ambas cámaras pese a su derrota.

Ese caudal del 40% que obtuvo Juntos para el Cambio encarna, además, un mensaje que Fernández no debería desoír. Se trata de un porcentaje duro de votantes que se mantiene independiente de los vaivenes económicos y que probó su cohesión ganando la calle con las banderas de la república y la transparencia. Lejos de la actitud pasiva de otros tiempos, este amplio sector de la sociedad demostró en esta última campaña que su fidelidad, más que a la figura de Mauricio Macri, es a la República y las instituciones.

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