Cambiemos y el desafío de sobrevivir en dos islotes: Ciudad de Buenos Aires y Córdoba

Cambiemos

La ciudad de Buenos Aires y la provincia de Córdoba les dieron una alegría a Macri. En el resto, pagó fuerte la crisis económica y la falta de construcción política.


Por Julio C. Perotti

Aquel mapa en el que la mitad de la Argentina aparecía pintada de amarillo apenas quedó reducido a dos islotes: uno, la ciudad de Buenos Aires, la cuna política; el otro, Córdoba, de compromiso más reciente, pero de aporte invalorable para escalar a la Presidencia.

Mauricio Macri acaba de sufrir este domingo la peor caída en su carrera. Porque aunque allá por 2015 las Paso no le fueron favorables y, sin embargo, luego llegó a la Casa Rosada, esta vez la situación le pinta de complicada reversión.

La fórmula de los Fernández, Alberto y Cristina, fue capaz de capitalizar el descontento por una situación económica que Macri no logró mejorar, pese a que pidió que esperar una y otra vez el ya famoso “segundo semestre”.

Ahora le quedan a Macri apenas dos meses para intentar que en octubre, cuando llegue la hora de la verdad, la sociedad entienda que hay más que un discurso de buenas formas –necesarias, pero no suficientes– para ir hacia un esquema en el que la distribución de los ingresos se torne equitativa y amplias franjas sociales comiencen a salir de pozo de la pobreza y la indigencia.

¿Qué otra cosa que no sea la crisis apuntala tamaña caída macrista y la proporcional escalada de un kirchnerismo que fue capaz de absorber a todo el peronismo?

De los cálculos previos a las Paso, apenas si quedó en pie una certeza: que las elecciones iban a ser altamente polarizadas. Eso se validó este domingo: entre Fernández y Macri se quedaron con el 80 por ciento del favor electoral. El resto queda pulverizado entre varias fuerzas, como la de Roberto Lavagna o la de José Luis Espert. Aun si por afinidad ideológica fueran para Macri, no le alcanzaría.

Leer más ► Cómo votó cada provincia en el balotaje 2015 y en las PASO 2019

El resto no pasó la prueba. Ni las encuestas previas, que hablaban de un final cerrado con dos o tres puntos a favor de Fernández, ni las bocas de urna, que se quedaron cortas en la diferencia.

Pero, en todo caso, esto apenas si es motivo de análisis en el círculo rojo de la política. En la sociedad no penetraron ni las operaciones con esos números ni la guerra abierta que se escenificó en las redes sociales.

En la política estuvo una de las principales diferencias. En efecto, el macrismo dejó pasar estos tres años y medio sin construir un poder territorial que lo dejara exento de sociedades en muchos casos forjadas desde el rechazo al peronismo antes que afinidad en el proyecto.

El kirchnerismo, en cambio, actuó con el sentido gregario de su fuerza madre, el peronismo, que puede estar partido en mil pedazos hasta que ve la debilidad del adversario y se reconstituye como una masa única.

Con los resultados favorables en el bolsillo, Alberto Fernández saldrá a buscar a aquellos que quedaron fuera del esquema de concertación interna como el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti.

No hará falta que le muestre los resultados. Schiaretti ya los está leyendo. El principal es que Macri cayó del 70 del balotaje que lo convirtió el presidente a alrededor del 48 por ciento y que Fernández logró un 30 por ciento.

La segunda cuestión es que buena parte de esos votos de Fernández se cosecharon por acción de dirigentes peronistas que jugaron por la boleta de diputados de Schiaretti, pero mandaron a poner la boleta de la doble F.

El operativo de pinzas se ve venir: Schiaretti queda practicamente solo en el esquema político nacional y, a su vez, si Fernández quiere, podrá atenazarlo a través de acciones desde la base que logró en las intendencias.

Debe reconocerse, también, que Schiaretti dejó en libertad de acción a su gente, pero a la vez mantuvo vivos los vínculos con el kirchnerismo. Oficinas en el Gobierno y bancas en la Legislatura son testigo de esa buena relación.

Con Fernández la relación deberá reconstituirse: en 2007, Schiaretti lo acusó de jugar a favor de Luis Juez en aquella elección de gobernador que ganó por muy escasa diferencia y que fue protestada por fraude.

Leer más ► Macri reconoció la derrota cuando aún no se conocían los datos oficiales: “Hemos tenido una mala elección”

Es de suponer que si Fernández cumple con su promesa de terminar con la grieta, entonces una eventual charla podrá ir por carriles de normalidad.

Por ahora, Schiaretti tiene en su haber el 16 por ciento de los votos para su boleta corta de diputados. Si se repitiese en octubre, implicaría una banca o con suerte dos, que son las que pone en juego.

El domingo a la noche, a través de Twitter, el gobernador cordobés mandó a decir indirectamente que no va a bajar su boleta: “Córdoba necesita tener en el Congreso de la Nación diputados que defiendan los intereses de nuestra provincia para que el progreso no pare”.

“Los convoco para que en octubre nos acompañen y redoblemos el esfuerzo para que más cordobeses nos vuelvan a elegir con su voto”.

Pero la cuestión no pasará por allí sino por el desenlace que tenga la elección nacional. En cualquier caso, Córdoba puede volver a ser una isla.

NOTICIAS DESTACADAS