Hace exactamente un año, el domingo 15 de marzo de 2020, tras la reunión de los especialistas en Salud y Educación en la Quinta de Olivos, se anunciaba la suspensión de las clases presenciales en todo el país. Desde ese día y durante un año, la educación tuvo un desafío: promover y organizar la vuelta a clases presenciales lo antes posible, y mientras tanto sostener los vínculos. Ahora, con el regreso a las aulas el reto es, tal vez, el más desafiante en los últimos años del sistema educativo argentino.
A un año de la suspensión de las clases presenciales, esta semana las escuelas santafesinas retoman el trabajo en las aulas y la clave no está en las reglas generales, sino en lo necesario para cada escuela y grupo de estudiantes. Si bien para este comienzo se establecieron algunos protocolos sanitarios y educativos obligatorios a cumplir, habrá que buscar la mejor manera de reincorporarse a un sistema educativo que tras la pandemia se vio obligado a modificar algunos de sus principales ejes.
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Irene Kit, presidenta de la Asociación Civil Educación para Todos, señaló que cada escuela deberá, en primera instancia, dar la bienvenida a sus estudiantes. “Debemos transmitirle a los niños que estamos contentos, que hay alegría, entusiasmo en el encuentro”, destacó en diálogo con Aire Digital.
Para la especialista hay tres requisitos que se deben cumplir en el regreso a clases. En primer lugar, la bienvenida. En segundo lugar, la previsibilidad. “Se viene otro año de incertidumbre, pero aún dentro de este, uno puede definir algunas cuestiones”, sostuvo Kit. Por ejemplo, es posible decirle a los chicos que durante los primeros meses se va a sostener la modalidad presencial y si ocurre un corte, se le brindarán determinadas actividades. “Se trata de indicar rutinas, certezas en un momento en el que la incertidumbre cubrió nuestras vidas”, explicó.
“Hay que revincularse con objeto de conocimiento de manera gradual”, indicó Irene Kit.
En tercer lugar, hay que poder realizar una valoración de lo que pasó en el 2020, tanto en el plano afectivo como académico. Se trata de un proceso de reinserción y revinculación donde lo afectivo atraviesa todas las dimensiones. Kit explicó que cuando uno aprende, transita un proceso que puede ser de asimilación, de transferencia, de explicación, de relación. Esto es lo que permite que algo se aprenda por un largo plazo.
En este nuevo inicio, para la presidenta de la Asociación Civil Educación para Todos es indispensable darle tiempo al proceso de recuperación, sistematización y ordenamiento. Cada estudiante deberá pasar por una etapa de reentrenamiento lector y de escritura. Este proceso se puede comparar con las etapas que debe pasar un deportista luego de lesionarse, para volver a entrenar. “Hay que revincularse con objeto de conocimiento de manera gradual”, indicó.
“En este contexto de pandemia, es necesario recrear la enseñanza”, sostuvo Marta Zamero.
Para Kit, esta etapa puede llevar unos tres o cuatro años. “Nos tenemos que sincerar, salir del discurso voluntarista”, opinó. “No se trata de semanas, sino de meses, por eso al menos hasta junio deberá realizarse está revinculacilación”, señaló.
Además, la educadora destacó el rol del deseo en este proceso. Tanto docentes como estudiantes perdieron la motivación durante este año. “Hay que tratar de encontrar un espacio para la elección, para recuperar la motivación interna y que no todo sea el ‘deber ser’, algo que traemos desde ya hace tiempo”, indicó.
Para Marta Zamero, docente de grado y posgrado (Uader), investigadora en temas de lengua y literatura y experta internacional en alfabetización, el mayor desafío de la educación es lograr una comunidad de estudiantes, docentes y familias. “En este contexto de pandemia, es necesario recrear la enseñanza”, sostuvo en diálogo con Aire Digital. Esto quiere decir que hay que buscar que los chicos logren vincularse con la escuela y entre ellos.
Para la especialista, la enseñanza no es la misma en un contexto individual y otro colectivo. Si bien el aprendizaje a cargo de los padres, tutores o hermanos fue útil en el momento de total encierro por la pandemia, ahora hay que buscar constituir grupos. “El derecho a la alfabetización nace ligado a una escena colectiva donde uno aprende con otro”, aclaró. Y agregó que la presencialidad “facilita la constitución del grupo”, mientras que la virtualidad abona el trabajo individual.
Para Irene Kit, la pandemia “sirvió para mostrar que un montón de reglas por las que dábamos la vida, no eran tan importantes”.
Para Zamero, la escuela tiene la función social de formar sujetos colectivos, tolerantes, pacíficos, que comprendan las diferencias. “Hay que buscar formar niños y adolescentes que sean capaces de sentir a los demás como parte del grupo”, precisó Zamero. A esto, lo deben garantizar los docentes.
En esta primera etapa del regreso a clases presenciales, los chicos tienen que ser escuchados, según sostienen ambas especialistas. Pero Zamero destaca que es indispensable no dejar de lado la construcción de saberes. “El grupo se constituye haciendo cosas”, indicó.
Un sistema en jaque
La pandemia del coronavirus y la educación a distancia, trastocaron aquellas normas del sistema educativo que parecían inquebrantables, como la asistencia y la evaluación. A la vez, recordaron que lo que no puede faltar es el vínculo. Para Irene Kit, la pandemia “sirvió para mostrar que un montón de reglas por las que dábamos la vida, no eran tan importantes”. Ejemplo de esto son el régimen de asistencia y el calificación, la puntualidad, la manera de evaluar escrita e individual sin permitir la consulta.
El regreso después de este año distinto, no implica que estas normas desaparezcan, pero sí que sean repensadas. Se pueden poner mínimos de asistencia, de contenidos; pero también dar la posibilidad de que cada estudiante se base en las cuestiones en las que es más fuerte o más desea.
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En definitiva, como condiciones generales para un nuevo comienzo, la especialista recomendó “ser modestos en los objetivos” y centrarse en las capacidades de aprendizaje y no tanto en los contenidos, sobre todo desde el jardín hasta el tercer o cuarto año de secundario. “Con los últimos años de la secundaria, hay que tratar de motivarlos en el compromiso”, destacó.
“Nadie puede correr si no camina”, indicó Marta Zamero. Para la especialista, uno evalúa lo que enseña y la clave está en las metodologías específicas que se requieren. “Tenemos severas dificultades para acordar cómo deberían ser evaluados los chicos, pero el problema no está en la evaluación en sí, sino en cómo se enseña”, aclaró. Para la mujer, lo que se aprende, depende de cómo es enseñado. Para esta etapa, es aún más necesario acordar una metodología sencilla que pueda ser trabajada por todos los docentes.








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