En momentos de crisis, para abaratar los gastos mensuales, resulta más tentador pagar el mínimo mensual de la tarjeta de crédito. Se trata siempre de montos más fáciles de cubrir y al hacerlo, el banco deja que sigas usando el plástico para atractivos descuentos y para las facilidades de pago en cuotas, afirma minutouno.com.
Sin embargo, se trata de un arma de doble filo: pagar el mínimo podría costarnos muy caro por las altas tasas de interés que conlleva refinanciar esos consumos.
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Si bien el pago mínimo no es fijo, por lo general representa alrededor del 5% del saldo de deuda y la totalidad de todos los gastos no financiables (como los costos administrativos o cuotas, comisiones, impuestos y las cuotas de las compras). Los intereses a pagar hoy, llegan a superar el 120%.
Nicolas Litvinoff, economista y director de la consultora estudinero!, explicó que “nunca conviene hacer el pago mínimo de la tarjeta de crédito porque en la práctica es como pedir un préstamo sin garantía al banco o al emisor del plástico”.
El endeudamiento con tarjetas de crédito se ha convertido en un problema que afecta la economía de muchas familias, sobre todo en los últimos meses en que las tasas de interés se han disparado.
El monto del pago mínimo no es fijo como las cuotas de un préstamo personal. Eso tiene implicancias desfavorables a la hora de planificar las finanzas de manera ordenada, ya que la amplia mayoría de las personas prefieren realizar cuotas iguales todos los meses.
Si bien cada banco tiene su propia forma de cálculo, el pago mínimo representa alrededor del 5% del saldo de deuda y la totalidad de todos los gastos no financiables, como los costos administrativos o cuotas anuales, intereses, cargos por mora, comisiones, impuestos, adelantos en efectivo y las cuotas de las compras.
El monto mínimo a pagar, entonces, está compuesto en mayor parte por intereses, comisiones e impuestos y no por pagos que reduzcan el capital inicial que se está financiando. Abonando el pago mínimo cada 30 días, la deuda original no se reducirá.
Tras la fuerte suba de tasa que realizó el Banco Central (BCRA) donde ubicó el interés de referencia por arriba del 70% para contener la corrida cambiaria, las tasas de las tarjetas superan el 100% e incluso en algunas ocasiones alcanzan el 120% para refinanciar el pago mínimo.
Entonces, si se abona el mínimo de la tarjeta cada 30 días, la deuda original no se reducirá porque está compuesto en mayor parte por intereses, comisiones e impuestos y puede ser un círculo vicioso. Es sólo un buen negocio para el banco ya que definen el pago mínimo para cubrir los intereses y no la deuda en cuestión.
“Si uno usa la tarjeta de crédito como si fuese una extensión de su sueldo, realizando el pago mínimo y financiándose mes a mes, está pidiendo préstamos sin garantía. Las tasas pueden más que duplicar el costo de la mercadería o el servicio que se haya comprado”, concluyó Litvinoff.
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Si bien es posible y hasta útil realizar el pago mínimo cuando surgen gastos inesperados, es importante que no se convierta en una práctica habitual ya que así, se puede caer en una dependencia financiera no deseada con los bancos, aclaran desde Infobae.
La cultura del consumo, combinada con la inflación con la que lucha el argentino promedio, llevan a dejarse tentar por el pago mínimo de la tarjeta de crédito.
Entre las causas más comunes se encuentran:
-Gastos no planificados con poca capacidad de ahorro. Gastos inesperados como la reparación del auto, una separación y hasta la rotura de herramientas para trabajar.
-Gastar más de lo que se puede pagar. Dejarse llevar por promociones tentadoras, no tener una planificación o un correcto seguimiento de lo que se gasta y consumir sin tener en cuenta el disponible para compras.
-Esperar a último momento para realizar el pago. No todos los compromisos vencen en el mismo momento y se corre el riesgo de “gastar a cuenta” del dinero destinado para afrontar pagos y no poder cumplir con la totalidad al momento de saldar todos los montos.
-Mayor liquidez durante el mes. Si bien se llega a cumplir con todos los compromisos, suele quedar poco efectivo disponible “para vivir” y entonces se prefiere pagar el mínimo para poder tener más efectivo, aunque al mes siguiente ese saldo llegue en un solo pago y empuje a trastabillar nuevamente con el pago mínimo.
Sin darse cuenta, se puede caer en una “deuda eterna” que puede llevar hasta 2 décadas eliminar.
Requiere de mucho esfuerzo de pago para evitar que los intereses crezcan al punto de no reducir la deuda, a pesar de realizar todos los meses un pago.
Pagar el mínimo es mucho más costoso que un préstamo personal. En muchos casos supone intereses sobre el saldo de deuda superiores al 100% anual
Teniendo en cuenta que cada entidad bancaria tiene su propia fórmula de cálculo, el pago mínimo representa alrededor del 5% del saldo de la deuda y la totalidad de todos los gastos no financiables como los costos administrativos, intereses, cargos por mora, comisiones, impuestos, adelantos en efectivo y las cuotas de las compras financiadas en pagos y supone en muchos casos intereses sobre el saldo de deuda superiores al 100% anual.
En resumen, si sólo se abona el pago mínimo mensual, la deuda original no se reduce, si no que aumenta mes a mes.
Es una práctica habitual definir el pago mínimo para cubrir los intereses y no la deuda en cuestión. Justamente, porque allí está el negocio de las tarjetas: mantenerla con altas tasas, en lugar de que desaparezca.




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