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Economía

Sin cambio de políticas, la inflación le va a ganar al salario en 2022

Traccionado por alimentos y bebidas, servicios públicos y vivienda, la inflación en la primera quincena de junio ya acumula un 3,4% y amenaza cerrar el mes por encima del 5%. Hoy es el principal problema político, por encima de la inseguridad y la corrupción.

Primero las cifras conocidas por todes: inflación mensual del 5,1% para el mes de mayo, que suma para el acumulado anual del 60,6% y el 24,4% de los primeros cinco meses de 2022, los peores primeros cinco desde 1991 (21,5% en pleno menemismo) y bastante cerca del 2019 (macrismo tardío con 19,2%). El periodismo económico que manosea conceptos de la sociología y la psicología social habla de que se perforó la “barrera sicológica” del 60%, nivel que atribula la psiquis de les argentines que -incluso con paritarias jugando a las carreras con la inflación- ven como sus salarios indexados en cómodas cuotas siguen perdiendo terreno contra el índice de precios y sospechan lo que no es inevitable: que pierdan contra la inflación, contra lo que sucedió en 2021 (cuando el promedio salarial superó en 2,5% la suba del IPC).

Veamos gráficamente cómo evolucionó precisamente el IPC en los últimos 12 meses del año:

IPC - ultimos 12 meses.jpeg

Con el arrastre de 2021, el presente año muestra un gran salto impulsado por los rubros decisivos para el confort de les argentines (alimentos y bebidas, alquileres, vestimenta, servicios privados de salud) y pese a la tendencia descendente desde el pico de marzo, se especula que costará perforar el piso de 4/4,5 (que es muy alta de todas maneras) y volver sostenidamente a los niveles de agosto 2021.

Está claro que sólo con los acuerdos de precios y controles insuficientes, retocando en alza la canasta de precios cuidados, estableciendo cupos o cepos de exportación (la carne aumentó de todos modos un 68% en los últimos doce meses) o fideicomisos para controlar artículos puntuales (el pan aumentó más de un 40% y los aceites de girasol y soja 25%, en promedio), la inflación no va a bajar. Descartadas las retenciones por prejuicios ideológicos y escasa capacidad para acumular políticamente por parte del gobierno y sin impuestos a la riqueza o a la evasión fiscal con asignaciones claras ni específicas, la caja de herramientas del Ministerio de Economía queda semivacía o mejor dicho compelida a insistir con las mismas que mostraron sus limitaciones en los últimos meses.

El siguiente gráfico muestra la variación ascendente (con leves caídas en el último trimestre 2021) de la inflación interanual promedio para el total de la economía.

IPC dos.jpeg

La encrucijada está planteada por la macro y la micro, por la economía. Con éstos números se activa el “Teorema Rajoy” (acuñado por el presidente cuando daba conferencias en Europa y era parte del Frente Renovador), no hay chances para ningún candidato potencial del FDT (tampoco para los que se tienten a desertar de aquí a octubre de 2023, pero la solución es política. Tanto que el presidente envió a uno de sus ministros de mayor confianza a relevar la opinión del oráculo sin votos (pero gran prestigio) que impuso las medias con sandalias. La pregunta fue esencialmente “sino sos vos, quién en lugar de Martín Guzmán”. La respuesta fue “no me interesa particularmente, pero el hombre indicado es Sergio Massa, tiene un gabinete de asesores muy calificados en economía, pero el ministro tiene que ser él”.

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Lavagna sugiere a Massa como Ministro de Economía, acompañado de su “gabinete técnico” (Redrado, Peirano, Bossio, Rapetti y Mitchell).

Lavagna sugiere a Massa como Ministro de Economía, acompañado de su “gabinete técnico” (Redrado, Peirano, Bossio, Rapetti y Mitchell).

A éstas alturas todes sabemos que Massa prefería un ministerio menos desgastante, que venía subejecutando presupuesto pero con números récords en actividad económica y generación de empleo genuino (12,6 millones de trabajadores registrados, triplicando la mejor cifra del macrismo y superando las de Cristina). Pero el elegido para reemplazar a Kulfas fue Daniel Scioli, entra “el Pichichi” con el acuerdo explícito de la vicepresidenta y avalado por una cintura política y un respaldo de los gobernadores de los que carecía uno de los 3 esenciales de Alberto. Que podrían ser 2 si se sostiene Claudio Moroni (allí no hay reemplazo cantado ni el Patria aporta sus nombres) pero es finalmente desplazado Martín Guzmán.

La jugada tiene varios inconvenientes, el principal son los cálculos de Sergio Massa, que ve surgir un nuevo competidor potencial en la interna presidencial y sabe que sus chances quedarán indisolublemente atadas al desempeño de algunas variables en las que puede influir pero no maneja.

El gran Horacio Verbitsky, desde su columna “Hood Robin” en Página 12, no me va a dejar mentir y decir que Daniel Scioli siempre dio la talla en cualquier puesto donde le hubiese tocado jugar. Pero siempre fue leal a Néstor y Cristina, incluso en la ajustada derrota de 2015 o en tiempos donde gobernadores, legisladores y hasta ex funcionarios peronistas se abocaron a un pragmatismo de reviente, colaborando a cara descubierta con el macrismo.

Pasó de culpable de una derrota sin retorno, a embajador de alto perfil y buena gestión, a ministro capaz de robustecer políticamente al FDT (expectativa frustrada con el ingreso de Manzur o Zabaleta al gabinete) y porqué no, uno de los presidenciables el año venidero.

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Más allá de los ministros, es el presidente y sus convicciones lo que le dan identidad a la gestión, con sus virtudes y limitaciones.

Más allá de los ministros, es el presidente y sus convicciones lo que le dan identidad a la gestión, con sus virtudes y limitaciones.

Adviértase un indicio preocupante y que no puede ser ocultado por los ministros que aseguran que “Alberto usa la lapicera todos los días” y con las mejores intenciones. El peso específico de Massa o del ministro Guzmán -mientras la suerte del presidente esté atada a su figura y sus decisiones- o la inexplicable e injustificada trascendencia de operadores como Gustavo Béliz, expresan un desequilibrio de poder casi inédito la historia del peronismo.

El notable discurso latinoamericanista de Alberto en la Cumbre de las Américas parece desmentirlo (ni Béliz, ni Massa, ni Argüello podrían haber suscrito ese texto), pero el modelo preferido por el presidente (más horizontal que vertical, donde cada uno acumule poder para beneficio de la coalición) no funciona, ni tiene porqué funcionar en adelante. Lo hemos escrito aquí ante las especulaciones sobre cambios en el gabinete: no son los ministros, pueden ser Rossi, Scioli, Massa o Carlos Tomada resignando otra embajada para asumir una función en la que fue muy útil durante 12 años, es el presidente y sus convicciones lo que le dan identidad a la gestión, con sus virtudes y limitaciones.

Alberto será Alberto hasta diciembre 2023 y la inflación será alta, por razones que exceden las políticas de controles de precios, de comercialización de comoditties y de paritarias con “techos de paja”. Es muy probable que incluso expandiendo el gasto previsto para 2022 -y sin la fórmula de la felicidad, es decir suma fija por decreto o bono + paritarias- el año cierre con los salarios perdiendo 4/6 puntos respecto a la inflación (Eco Go arriesga una relación de 70,2% a 64%).

El impacto de la inflación importada por la guerra, la coordinación y eficacia de las decisiones de gobierno y las corridas impulsadas por el dispositivo que sueña con Macri o Larreta (Milei sí se proyecta a la baja y con él, el precio al que se vende en las internas de JxC) en los precios relativos que determinan los costos de producción, determinarán la suerte no del FDT, sino de todes les argentines que siguen creyendo que un país mejor es posible.

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