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Economía Sergio Massa |

Las claves del plan de estabilización que Sergio Massa proyecta lanzar en noviembre

El plan de estabilización de Sergio Massa va a durar cuatro meses y cuenta con el aval del FMI. La idea es anclar las distintas cotizaciones del dólar y congelar precios, tarifas y salarios durante cuatro meses para frenar la inercia inflacionaria que castiga a toda la economía.

Con reservas brutas acumuladas por más de U$S 40.000 millones, un crecimiento industrial estabilizado en 12,3% interanual y la tasa de desocupación en 6,9% (la más baja desde 2016), el principal problema del modelo acordado con el FMI sigue siendo la inercia inflacionaria, que con el 7,1% de setiembre acumula un índice del 63,5% y anuncia el temido 100% interanual como piso para cerrar 2022.

Y es que el problema –como fue anunciado desde ésta columna y podía leerse en el staff report del FMI sin necesidad de ser un macroeconomista avezado– es que el programa del Fondo que condiciona el modelo del FDT es inflacionario. Pospone lo que parecía un colapso inminente a fines de 2021, establece un camino para el repago de la estafa millonaria consumada por Cambiemos (hoy Juntos por el Cambio), pero condiciona fuertemente la recuperación económica “con la gente adentro”, impone un modelo de crecimiento moderado con empleos precarios y salarios bajos para anclar la inflación y con ello, complica las chances electorales del gobierno, con Massa y todo.

Para cualquiera que comparta el optimismo de la voluntad del mejor peronismo conocido (dirigentes y electores goriles no reconocen ninguno) y respete la imprevisibilidad de la dinámica histórica, ningún final está cantado. Pero lo que sí se puede entonar sin pifia alguna, lo que está más cantado que “El bombón asesino”, es esta costumbre del presidente de anunciar cosas que deberían anunciarse y le valió el mote de "Advierto Fernández".

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Los constantes aumentos de precios impactan sobre la calidad de vida de los argentinos.

Los constantes aumentos de precios impactan sobre la calidad de vida de los argentinos.

Entre tanto citador de fuentes de vidrio y loza hagamos algunos nombres: tanto Ricardo Forster como Alejandro Grimson aseguran que es el estilo de Alberto. Que lo hace para activar el debate sobre temas que debieran tener cierto consenso político y social, esa crística y varias veces derrotada convicción de que hay un consenso posible en torno de un programa que achique la grieta de izquierda a derecha o de centro derecha a derecha cuanto menos. No pasa, pero no cambia.

En un esquema capitalista con puja de intereses, avisar es dar ventaja a los que detentan posiciones dominantes y esta vez le tocó a la solución que venía a frenar la inercia inflacionaria para permitir que los salarios cierren el año ganándole a la inflación, el filtradísimo Plan de Estabilización (PDE) que complementaría las fases previas: el ordenamiento fiscal, el aumento de reservas y el ajuste del drenaje de divisas con controles cambiarios.

La traducción del PDE sería más o menos así: se trata de un programa acotado, de cuatro meses de duración, durante los cuales se “congelarían” los cuatro precios decisivos de nuestra dolarizada economía: la relación dólar oficial contra los 15 paralelos, los salarios registrados (los informales operan en frío y atrasados todo el año), el índice de precios de bienes y servicios y las tarifas de servicios públicos y privados. Este plan, debería bajar la inflación mensual del 6/7% a menos del 5%; ya sería una utopía para vender puerta a puerta que el IPC mensual cayera a los valores del último trimestre 2021. No se espera tanto.

El shock temporal de frío para bajar drásticamente la inflación que desestabiliza cualquier gobierno -sin despreciar el aporte corrosivo de una oposición abiertamente destituyente- tiene un rico historial en nuestro país. Lo implementó Perón en 1952 (se llamó Plan de Emergencia), Frondizi en 1959 (lo diseñó Frigerio y lo chocó Álvaro Alsogaray), Isabel Perón en 1975 (el tristemente célebre Rodrigazo) y Raúl Alfonsín en 1985; dejamos fuera el plan de ajuste implementado por Lorenzo Sigaut en 1981, en el marco de la dictadura cívico-militar y clerical, pese a que su hijo mayor -Lorenzo Sigaut Gravina- desde la consultora Equilibra y varios periódicos especializados, acaba de opinar acerca de cómo debería hacerse y cuáles son los costos de aplicarlo: básicamente preparase para perder las elecciones venideras.

Menos el de Perón, todos se hicieron con acuerdo y supervisión del FMI e indefectiblemente fracasaron, entre otras cosas y sin ánimos de simplificar, porque no tenían el poder político requerido para controlar a los sectores congelados, para tramitar sin quiebres la puja distributiva. De nuevo excluimos a Sigaut, que contaba con un formidable aparato criminal “para la pacificación nacional”.

Plan de Estabilización de Sergio Massa: una por una, las principales medidas

Las características conocidas y chequeadas del que pretende implementar Sergio Massa, son las siguientes:

  • El congelamiento sería a partir del 1 de noviembre de 2022 y hasta el 1 de marzo de 2023, pero no se descarta prorrogarlo si están dadas las condiciones políticas.
  • Ordenadas las cuentas fiscales y externas, se va a anclar nominalmente el dólar oficial (la acumulación de reservas permitiría sostener el tipo de cambio durante la desaceleración inflacionaria), los salarios registrados de la economía, las tarifas de servicios públicos y los precios de los bienes de consumo (unos 1.200 o 2.000 dependiendo del tipo de canasta que se considere).
  • En el caso de los precios, incontenibles pese a los controles, acuerdos y fideicomisos, será una refrigeración con privilegios, pues se pretende seducir a las empresas con una variación permitida de 1 o 2 puntos mensuales mientras dure el PDE. La experiencia del dólar soja puede servir como referencia: funcionó pero la Mesa de Enlace ya lo está pidiendo de nuevo para liquidar los U$S 10.000 millones que aún tienen sin vender. Como piden el 58 coloquio de IDEA (siempre las mismas): alguien tiene que ceder y tiene que ser el Estado.
  • Mientras se autorizan aumentos de precios en combustibles y servicios, se está deliberando (hace seis meses, digamos todo) sobre el monto de una suma fija para elevar el piso de los salarios previo al congelamiento. El hermetismo de la nueva ministra de Trabajo sobre el tema se entiende -increíblemente, el principal enemigo de la medida es la CGT del atril y algunos funcionarios lobistas de las cámaras empresarias- pero le quita potencia a una gestión ministerial que no se relanza, que da señales de que el modelo de articulación de intereses seguirá siendo el de Moroni, es decir el del presidente.
  • Y la clave para determinar la devaluación del tipo de cambio oficial (que venía levemente por debajo pero se está alineando con la inflación mensual): cuál será el porcentaje elegido para el salto. Massa ya expuso sus ideas ante el FMI en setiembre y está en debate. El Fondo exige un achicamiento brusco de la brecha inviable, devaluar entre un 30 y un 40% sería letal para los salarios, con suma fija inclusive.
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El plan de Sergio Massa cuenta con el aval del Fondo Monetario Internacional.

El plan de Sergio Massa cuenta con el aval del Fondo Monetario Internacional.

Pero la principal dificultad es el punto de consenso a partir del cual congelar precios relativos. Porque hay quienes ya ganaron y no quieren dejar de hacerlo -porque de perder ni hablar- durante el congelamiento. La actual distribución del ingreso está más cerca del sixty/forty que sueñan las 500 empresas principales que del fifty/fifty del mejor peronismo; el 30% de los trabajadores formales privados son pobres, la mediana del ingreso per cápita total de la población es de %31.125, contra una canasta básica total (porque la gente no sólo come, sino que paga servicios, se viste y alquila) de $38.756.

No puede fijarse la macro convalidando una desigualdad en éstos niveles, el hecho maldito del país burgués y liberal, de la República Desunida de la Soja, no debería permitirse semejante cosa, ni seguir pecando de ingenuo al avisar con antelación una medida, filtrando data a diestra y siniestra para debilitar las posiciones de los que debería beneficiar.

La clave está la potencia persuasiva y el control de la gestión económica de Sergio Massa, que detenta el poder residual existente en el FDT y que -según The Economist- “es lo único que se interpone entre Argentina y el caos”.

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