jueves 25 de febrero de 2021
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La trama fina en el lobby de los biocombustibles: por qué es estratégica para Santa Fe

Nación prometió actualizar el precio de referencia, lo que permitiría reabrir las industrias pymes que producen biodiésel, pero la pulseada de fondo es clave. En los próximos meses se rediscutirá el régimen de promoción fiscal del sector. Petroleras y fabricantes de biocombustibles entablan una pelea explosiva con muchos millones en juego.

En los próximos días el Gobierno Nacional estará actualizando el precio de referencia de los biocombustibles que está congelado desde el 1° de diciembre pasado. Al menos así se comprometió el flamante secretario de Energía de la Nación Darío Martínez en el encuentro online que le concedió al gobernador Omar Perotti y del que también participaron los diputados Germán Martínez, Marcos Cleri, los ministros Costamagna y Gonnet, las cámaras empresarias y otros funcionarios.

El 80% del tiempo se habló de la necesidad de tener un precio actualizado para abrir de nuevo las plantas industriales. Según datos del sector, como el precio de diciembre pasado ni siquiera cubre los costos actuales de producción, estas industrias, radicadas mayormente en Santa Fe, están sin producir, con empleados suspendidos y despidos.

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El sector del biodiésel está dividido en dos: las pymes que producen para el corte del gasoil en el mercado interno y las grandes empresas que lo exportan.

El sector del biodiésel está dividido en dos: las pymes que producen para el corte del gasoil en el mercado interno y las grandes empresas que lo exportan.

Al mismo tiempo, como la producción es muy poca, los combustibles que se venden en surtidor tienen porcentajes bajísimos de biocombustibles, del 1 o 2%, cuando debiera ser del 10%. Con el petróleo barato y el aceite de soja relativamente alto, un mayor componente de biodiésel o bioetanol podría elevar los precios que el gobierno mantuvo pisados desde diciembre hasta agosto. En el sector se cree que el gobierno compensó a las petroleras por el congelamiento de precios y la caída de ventas permitiéndoles ocupar la cuota de mercado que correspondía a los combustibles vegetales.

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No todo es precio

Conseguir precio es lo urgente para sobrevivir, pero en el horizonte inmediato de los biocombustibles aparece el vencimiento a fines de mayo próximo del régimen de promoción establecido en la ley 26.093 de 2006 que permitió desarrollar el sector.

Para que se entienda, en el mercado hay dos subsectores: las empresas integradas, que son las grandes agroexportadoras que procesan el aceite de soja que ellas mismas producen y lo colocan en el mercado externo, y las que tienen que comprar el aceite para producir el biodiesel. A la vez, en este último grupo el 70% son pymes y un 30% son empresas grandes.

Ahora que transcurrieron 15 años de promoción, el debate se reabre con dos grandes modelos en pugna:

- Los que creen que hay que renovar el régimen de promoción, corregir asimetrías y generar condiciones para seguir expandiendo.

- Los que creen que hay que eliminarlo o reducirlo a una mínima expresión porque tiene alto costo fiscal, al tiempo que dudan de los beneficios ambientales que se esgrimen.

Ese es el punto de partida de la batalla a librarse en el Congreso. Si usáramos la metáfora de una pelea de box, se diría que en un rincón está el lobby petrolero que ostenta el cinturón de campeón histórico; enfrente el lobby de los exportadores de biocombustibles donde juegan pesos pesado de la agroexportación y aliados como la Bolsa de Comercio de Rosario; y en una tercera esquina, aliada con las anteriores, el lobby de las pymes productoras, que con el tiempo sumó peso y se anima al reto.

Jugar con el lenguaje bélico para referirse a lo que viene en el Congreso no es una hipérbole caprichosa. Hay mucho dinero en juego en subsidios o en cuotas de mercado que se dejan de ganar o se pierden según qué quede en pie y cómo se equilibre el nuevo régimen.

La tarea del consenso

El tiempo parece escaso para la cantidad de round que lleva una ley de estas. El gobierno debería estar enviando el proyecto antes de que cierren las sesiones ordinarias, en noviembre, para dar tiempo al trámite en ambas cámaras. Lo arma la Secretaría de Energía, que por estas horas está renovando autoridades y se mudó desde la órbita de Desarrollo Productivo a la de Economía.

Hay sectores de la industria que aspiran a llegar a mayo con la nueva ley. Por el contrario, las cámaras que representan a las industrias pyme creen que la pandemia se comió el año, y que lo ideal sería prorrogar el actual régimen y tomarse todo 2021 para el debate. La senadora nacional María de los Ángeles Sacnun es partidaria de esto último. Propuso en un proyecto de ley prorrogar el actual régimen hasta 2024. También podría hacerlo el Poder Ejecutivo por decreto.

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El debate tendrá un amplio abanico de interesados. Al menos una decena de provincias fabrican biodiésel o bioetanol; las cámaras que representan al sector; automotrices; petroleras; sindicatos; organizaciones vinculadas a las producción de soja; exportadores; estaciones de servicio; especialistas tanto en energía como en materia impositiva y fiscal; entre otros.

Hay que tener en cuenta que la ley moldeará el mercado de combustibles verdes por las próximas dos décadas. Puede que resulte muy distinto del que conocemos. Por ejemplo, Marcos Facciano, de la Cámara Santafesina de Energías Renovables (Casfer), en charla con Aire Digital, imaginó un futuro posible con dos mercados, uno regulado como funciona hasta ahora y otro libre en el que el consumidor pueda elegir entre combustibles de origen fósil o vegetal. ¿Es posible que en unos pocos años las estaciones de servicio dispongan surtidores que expendan biocombustibles?

Pulseada al rojo vivo

De un lado y del otro llevan años construyendo argumentos de por qué sí y por qué no promover biocombustibles. Hay abundante literatura sobre el asunto, que no es el tema de este artículo, pero lo cierto es que se esgrimen aspectos a favor y en contra en materia técnica, mecánica, química, ambiental, económica. Sí cabe aclarar que a medida que el tiempo pasa, algunas cuestiones referidas a biocombustibles ya fueron consolidadas científicamente. Otras, como siempre, están sujetas a interpretaciones, lecturas e intereses, según quién y desde dónde opine.

Por eso, jugar con el lenguaje bélico para referirse a lo que viene en el Congreso no es una hipérbole caprichosa. Hay mucho dinero en juego en subsidios o en cuotas de mercado que se dejan de ganar o se pierden según qué quede en pie y cómo se equilibre el nuevo régimen.

Por ejemplo, con la sola aprobación de la ley 26.093 en mayo de 2006 las petroleras perdieron un 5% del mercado. Ese es el porcentaje obligatorio de biocombustible que debía tener cada litro de nafta y gasoil. En los años siguientes, el corte se elevó al 10%.

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En la Argentina, el 10% del gasoil debe cortarse con biodiésel por la ley de promoción de los biocombustibles.

En la Argentina, el 10% del gasoil debe cortarse con biodiésel por la ley de promoción de los biocombustibles.

De ahí que podría concluirse que no es infundada la resistencia de las petroleras a una nueva era en la que los combustibles verdes ganen terreno. Veamos algunas señales de los últimos tiempos en ese sentido:

- Scania publicita que sus camiones y autobuses funcionan indistintamente con combustible de origen fósil y biocombustibles.

- Los transportes de pasajeros, a partir de las pruebas hechas en Rosario de B100 con toda la flota de colectivos y buena parte de los interurbanos de la provincia, más experiencias en otras ciudades del país, demostraron que pueden prescindir del gasoil sin complicaciones ni daños mecánicos en los motores. Sólo en el caso de Rosario, son 175 millones de litros al año que los fabricantes de biocombustibles le arrebataron a las petroleras.

- Si bien la alianza automotrices-petroleras es histórica, Chevrolet o Toyota, por ejemplo, ya fabrican en Argentina autos con motores diseñados para biocombustibles destinados al mercado brasilero, donde el corte de bioetanol en las naftas llega al 27,5%.

- Transportistas de cargas están experimentando con biocombustibles, ya sea B25 (el número refiere al porcentaje de corte) o B100. La cuestión no es menor a los intereses de las petroleras: los camiones consumen el 47% de todo el gasoil en el país.

- El proyecto de ley que el gobierno anterior de Miguel Lifschitz dejó en manos de los industriales de Fisfe parte de llevar el piso de corte de biocombustibles del 10% actual al 15% en biodiésel; y progresivamente hasta el 27% en bioetanol. Santa Fe es la principal provincia productora de biocombustible y, al menos hasta diciembre, lideró el armado de la Liga Bioenergética que integran 8 provincias y todas las cámaras del país.

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