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Economía Sequía | Campo | Argentina

La sequía golpea al campo y reabre una grieta desgastada

El calor extremo y la prolongada sequía produjeron pérdidas irremediables en la producción agrícola. Todo indica que se declarará la emergencia del sector. La Argentina del siglo veintinuno no se diferencia demasiado del país del siglo diecinueve: a pesar de los avances, sigue dependiendo del clima.

Sequía o inundación, campo, emergencia y grieta. Otra vez la misma historia.

Capítulo 1.- La sequía y el infierno de 40 grados sostenidos durante las recientes olas de calor provocaron pérdidas que promedian el 25% o 30% de la producción agrícola en la provincia de Santa Fe y en gran parte de las zonas más fértiles de la Argentina.

Capítulo 2.- Como suele ocurrir en estos casos, el Gobierno de Santa Fe, los gobiernos de otras provincias y el gobierno central se encaminan a declarar una emergencia que, en términos prácticos, consiste en la postergación de impuestos y la generación de créditos blandos para los productores afectados por las pérdidas.

Capítulo 3.- Reaparece la grieta rancia, inútil y desgastada ente los pro y los anti campo en la Argentina.

La verdad es que el campo puede gustar más, o menos; los productores pueden enriquecerse más, o menos; las entidades que los representan pueden ser reaccionarias, de derecha, de centro o de izquierda; se puede vivir en las grandes ciudades, en un pueblo remoto o en medio de la nada; se puede ser empleado, patrón, desempleado o beneficiario de un plan social; se puede estar a favor de la industria pesada, de las nuevas tecnologías, del comercio o del sector de los servicios; se puede ser peronista, kirchnerista, radical, del Pro o anarquista.

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Casi la mitad de los recursos genuinos que ingresan a la Argentina lo hacen a través del campo o del complejo agroindustrial.

Casi la mitad de los recursos genuinos que ingresan a la Argentina lo hacen a través del campo o del complejo agroindustrial.

Poco importa desde dónde se analice la situación, cuando los números indican que el campo y el complejo industrial relacionado con el agro generaron durante 2021 un total de 32.800 millones de dólares, que representan casi la mitad de los 71.000 millones de dólares que ingresaron ese año al país gracias a las exportaciones de todo tipo.

En términos generales, el Estado no genera recursos, sino que fija políticas para administrarlos o permitir que sean distribuidos de la mejor manera. Son los privados los que producen ganancias genuinas. No existen otras alternativas: o son recursos reales o es papel pintado a través de una máquina impresora que funciona en un sitio llamado Casa de la Moneda.

Todos dependen del dinero del campo

La verdad es que sin el dinero generado por el campo y el complejo agroindustrial argentino, no hay peronista, kirchnerista, radical, macrista o anarquista que pueda gobernar el país. Simplemente, porque la Argentina sería mucho más pobre de lo que es y los que gobiernan -no importa de qué sector sean- no contarían con recursos para distribuir -bien, mal o más o menos- entre aquellos que literalmente están fuera de todo sistema y sucumbirían sin la asistencia del Estado.

Se trata de una situación incómoda e inconveniente. Pero lo cierto es que los peronistas, radicales, macristas y militares que gobernaron este bendito país desde principios del siglo XX no pudieron, no quisieron o no supieron generar las condiciones necesarias para que la Argentina no dependa de esta manera de los recursos que genera el campo y el complejo agroindustrial.

Así como una sequía extrema puso en jaque a la economía durante el segundo gobierno de Juan Domingo Perón, las buenas cosechas y los buenos precios internacionales contribuyeron a la resurrección económica del país después de la debacle de 2001 durante la gestión de Néstor Kirchner. Mal que le pese a la Argentina y a pesar de tantos avances tecnológicos, en gran medida la economía del país del siglo veintiuno, no se diferencia demasiado de la economía del país de finales del siglo diecinueve. Una buena cosecha puede sostener a un gobierno y una mala cosecha puede ponerlo en jaque.

Usurpaciones Rosario-pobreza
Esta Argentina agrodependiente y políticamente mal administrada es injusta. Pero sin los recursos que genera el campo, sería todavía peor porque los gobiernos ni siquiera tendrían recursos para auxiliar a los sectores más desprotegidos.

Esta Argentina agrodependiente y políticamente mal administrada es injusta. Pero sin los recursos que genera el campo, sería todavía peor porque los gobiernos ni siquiera tendrían recursos para auxiliar a los sectores más desprotegidos.

Si no ingresan dólares al país, la industria se paraliza porque para trabajar necesita imperiosamente de insumos importados. Si la industria produce menos hay más inflación. Si no puede producir hay menos empleo. Si hay menos empleo la gente tiene menos dinero para gastar en el comercio o en los servicios. Si la gente no tiene dinero, el Estado recauda menos.

No se trata de una cuestión ideológica, sino de una realidad pura y dura. Cuando un gobierno destina fondos para apoyar al campo, lo que está haciendo es sostener a su principal fuente de ingresos.

Las discusiones son necesarias, siempre que no se discuta por el mero hecho de discutir. Parece una ensalada de palabras, pero básicamente significa que la Argentina lleva discutiendo a favor o en contra del campo desde hace un siglo y medio, pero en todo ese tiempo no fue capaz de generar alternativas reales a la producción del campo y al complejo agroindustrial.

Esta Argentina agrodependiente y políticamente mal administrada es injusta, pobre -o empobrecida-, incierta y vacilante. Pero una Argentina sin campo y sin agroindustria, sería todavía peor porque los gobiernos tendrían aun menos dinero para auxiliar -bien, mal o regular- a los más desprotegidos.

Hasta que no se generen alternativas reales la grieta, por la grieta misma, no parece llevar a ninguna parte.