La corrida cambiaria y la sequía en el campo comenzaron a impactar en la economía. En mayo la actividad económica había caído un 5,2%, y en junio otro 6,2% de acuerdo a datos del INDEC. Las principales razones de esa merma fueron el desplome de la cosecha, tras un verano con pocas lluvias, y el freno de la industria.
Hasta marzo, la economía había acumulado trece meses consecutivos de expansión.
Sin embargo, la medición contra junio pasado en forma “desestacionalizada”, el mismo indicador mostró variaciones positivas del +1,4% en la comparación intermensual.
De esta forma, la actividad económica acumuló una disminución del -0,8% en los primeros ocho meses del año, respecto del mismo período del 2017.
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La actividad económica creció 1,4% en julio de 2018 respecto de junio y cayó 2,7% interanual https://t.co/lLu4dNxXGX pic.twitter.com/kw0Q7rQRY2— INDEC Argentina (@INDECArgentina) 26 de septiembre de 2018
Se dio una evolución dispar en los sectores monitoreados:
Entre los de mayores caídas se encuentran:
Los que explican en mayor medida el crecimiento fueron:
Según los analistas, el ritmo de crecimiento del año pasado fue más lento de lo esperado y dejó poco “arrastre” para la actividad este año. Además, la turbulencia cambiaria y la sequía afectaron al nivel de actividad que se desaceleró en el primer semestre del año
Los componentes que estaban previstos impulsen el crecimiento, como la obra pública y el consumo, tuvieron un comportamiento diverso. En el primer caso, el Gobierno aumentó el gasto y se empezó a notar el ritmo en la actividad. Mientras que el consumo masivo aún no recuperó los niveles de finales del 2015.




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