En el mundo de la jardinería, hay un truco casero que cada vez suma más fanáticos: poner sal en la tierra de las plantas. Pero ojo, no se trata de cualquier sal, ya que la equivocada puede arruinar tus macetas en vez de ayudarlas.
¿Qué tipo de sal conviene usar en las plantas?
La sal de mesa común no es la mejor aliada del jardín. Si se usa en exceso, puede deshidratar el suelo y dañar las raíces. Por eso, los que saben eligen otras opciones:
- Sal de Epsom (sulfato de magnesio): es la favorita de los jardineros porque aporta magnesio y azufre, dos nutrientes clave para que las plantas produzcan clorofila y crezcan con fuerza.
- Sal gruesa: en pequeñas cantidades, sirve como barrera natural para mantener alejadas a las plagas que atacan la superficie del suelo.
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Los beneficios de la sal en las plantas
- Mejora el color verde de las hojas y fortalecer el crecimiento.
- Favorece la floración y la producción de frutos, logrando flores más intensas y frutas más sabrosas.
- Previene las hojas amarillas (clorosis), un problema común cuando falta magnesio.
- Mejora la absorción de nutrientes como el fósforo y el nitrógeno, esenciales para el desarrollo de la planta.
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Cómo usar la sal para cuidar tus plantas
La clave está en la cantidad y la forma de aplicación. Tomá nota:
- Disuelta en agua: mezclá una cucharada de sal de Epsom en un litro de agua y regá la planta una vez al mes.
- Directa en el suelo: espolvoreá pequeñas cantidades alrededor de la base de la planta y después regá normalmente.
- Para plagas: hacé un círculo de sal gruesa en la superficie de la tierra o alrededor del cantero para mantener lejos a babosas y caracoles.
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