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Economía Alberto Fernández | Diputados | Morales

Dudas y certezas sobre el futuro "impuesto a los ricos", ¿a quiénes afectará?

El kirchnerismo está dispuesto impulsarlo. Incluso algunos sectores de la oposición. Pero hay dudas sobre la posible inconstitucionalidad de este tipo de impuestos.

El oficialismo, con el auspicio del presidente Alberto Fernández, avanzará en los próximos días en la creación de un nuevo impuesto, en esta oportunidad destinado a las "grandes fortunas", cuya recaudación estará destinada a paliar las necesidades sanitarias y los efectos económicos negativos que provoca la pandemia de coronavirus en el país. La iniciativa, cuya redacción aún no está finalizada, generó un amplio revuelo y despertó un sinnúmero de dudas sobre a quiénes afectará el pago de este nuevo tributo.

Primer interrogante: ¿a quiénes contemplará este impuesto extraordinario? ¿Afectará a las empresas y a la clase media? El presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, Carlos Heller, a cargo de redactar el proyecto, enfatizó que "por ahora" el impuesto estará dirigido sólo a las personas humanas, no a las empresas. Involucrará a quienes ostenten patrimonios mayores a los 3 millones de dólares; según Heller, que se basó en la nómina de contribuyentes al impuesto a los Bienes Personales, hay 12.000 ciudadanos argentinos que tienen ese nivel de riqueza.

Involucrará a quienes ostenten patrimonios mayores a los 3 millones de dólares; según Heller, que se basó en la nómina de contribuyentes al impuesto a los Bienes Personales.

Heller precisó que la idea es aplicar alícuotas progresivas por tramos que irán del 2 al 3,5%, conforme sea el monto del patrimonio de la persona humana. Exaltó, además, que se estima una recaudación de entre 3.000 y 4.000 millones de dólares por este nuevo impuesto. Heller no lo admitió, pero si el proyecto se aprueba y se confirmasen estos números, cada contribuyente involucrado estaría obligado aportar un promedio de 250.000 dólares. Una cifra nada desdeñable para un Estado desfinanciado y ávido de recursos, pero que sin dudas desatará una fuerte reacción del sector afectado.

El oficialismo responderá con su típico discurso "a lo peronista": quienes más tienen, bien podrían efectuar un aporte extraordinario para afrontar esta crisis que no tiene antecedentes en el mundo. "Quienes paguen este impuesto no van a perder su condición de 'muy ricos'", insiste Heller, quien el martes pasado se reunió con Fernández y con el ministro de Economía, Martín Guzmán, para avanzar en el proyecto. Igualmente, Heller relativiza el impacto del tributo e insiste en que afectará a un segmento mínimo de la población: según sus cálculos, el universo alcanzado por el impuesto sería del 1,1 por ciento del total de los contribuyentes al impuesto a los Bienes Personales y del 0,08 de la población económicamente activa.

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El ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán, escuchó los argumentos de los impulsores del nuevo impuesto.

El ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán, escuchó los argumentos de los impulsores del nuevo impuesto.

Segundo interrogante: ¿cómo votará la oposición este proyecto? En Juntos por el Cambio quieren esperar a conocer la letra chica de la iniciativa antes de adelantar su posición, pero desde el vamos aseveran que no apoyarán ningún nuevo impuesto que grave a las empresas. Sostienen que va a contramano de las recetas que aplican los principales países del mundo que, lejos de castigar con más impuestos al sector productivo, procuran aliviar su carga tributaria. "El sector privado será el que va a traccionar la economía hacia la salida de la crisis una vez que amainen los efectos de la pandemia", pregonan los opositores.

¿Y si sólo fueran personas físicas?

Ahora bien, si el tributo sólo se aplicase a las personas físicas, no a las empresas, ¿cuál sería su posición? Aquí las opiniones se dividen: hay quienes sostienen que este nuevo impuesto podría ser declarado inconstitucional por sus eventuales efectos confiscatorios, pues se le estaría imponiendo al contribuyente afectado una doble carga tributaria (bienes personales y, ahora, el impuesto a las grandes riquezas) sobre el mismo objeto, en este caso, su patrimonio.

Sin embargo, la retórica del Gobierno coloca a la oposición en un brete. ¿Cómo oponerse a un impuesto que sólo pagarían los sectores más ricos de la Argentina en medio de una crisis sin precedentes y con un Estado desfinanciado y sin recursos? Frente a este dilema, los opositores dividen sus posturas.

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El radical Gerardo Morales se motró a favor de cobrar el nuevo impuesto a la riqueza.

El radical Gerardo Morales se motró a favor de cobrar el nuevo impuesto a la riqueza.

"Hay gente que se quedará sin trabajo, empresas que quebrarán, sueldos que se van a reducir. ¿Y discutimos si aplicamos o no un impuesto a la riqueza? ¿En qué mundo viven los que se oponen?", acicateó el gobernador radical Gerardo Morales. En sintonía, el diputado y miembro de la Comisión de Presupuesto, el radical Alejandro Cacace, sostiene que si el nuevo impuesto no contempla a las empresas y sólo afecta a las personas humanas con grandes patrimonios, "el debate es razonable".

El Gobierno parece decidido a avanzar con el proyecto, que se presentará en los próximos días con el auspicio de Máximo Kirchner y el bloque de diputados oficialistas.

Por de pronto, el Gobierno parece decidido a avanzar con el proyecto, que se presentará en los próximos días con el auspicio de Máximo Kirchner y el bloque de diputados oficialistas. Un interrogante no menor es cuándo se tratará esta iniciativa en el Congreso. Aquí las respuestas no son tan certeras: el oficialismo pretende apurar el debate en sendas sesiones virtuales, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado; por esa razón, Cristina Kirchner recurrió a la Corte Suprema para que avale la posibilidad de que el Congreso pueda sesionar de manera virtual. Sin embargo, la oposición insiste en que las sesiones deberían mantenerse bajo la modalidad presencial cumpliendo todos los protocolos de distanciamiento social. No lo dicen a viva voz, pero desconfían del oficialismo y de las trampas que, eventualmente, les puedan tender en una sesión virtual

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