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30 años de la Convertibilidad: el plan que frenó una hiperinflación, pero terminó en colapso

A 30 años del plan que puso en caja a la inflación, pero terminó en una crisis sin precedentes

El plan de Convertibilidad, que permitió en los 90 frenar la hiperinflación y terminó en una crisis sin precedentes en el 2001, cumple 30 años desde el comienzo de su implementación.

Un 27 de marzo de 1991 se promulgaba la Ley de Convertibilidad del Austral (L.23.928), bajo la iniciativa del entonces Ministro de Economía Domingo Cavallo, comenzó a regir desde abril y estuvo vigente durante casi 11 años hasta su derogación el 6 de enero de 2002.

Para ese entonces, problemas harto conocidos, castigaban a la economía doméstica: el déficit fiscal se ubicaba en el 4,5% del PBI, que se elevaba a más del 7%, si se sumaba el déficit cuasi-fiscal del BCRA, mientras que la inflación superaba el 2.300% anual.

Veníamos de una hiperinflación de 1989, que en diciembre de ese año se aplicó el plan Bonex que confiscó parte de los depósitos bancarios y que replicó en un rebrote inflacionario de magnitudes en 1990. Comenzando 1991 la tasa de inflación estaba en el orden del 30% mensual.

Tras un comienzo turbulento, el expresidente Carlos Menem llevó adelante un plan de profundas reformas, con apertura económica, desregulación comercial, liberalización financiera y fragmentación de sectores asalariados que impactó en la estructura económica y social de la Argentina.

Para eso, el Gobierno envió al parlamento un proyecto de Ley que disponía la libre convertibilidad del Austral con el dólar.

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El Banco Central tenía que mantener la cotización del dólar fijo a 10.000. A su vez, se eliminaron todos los sistemas de indexación, incluso los de cláusulas salariales. Se realizaron quitas de hasta el 30% en alquileres y deudas que hayan sido ajustadas por inflación. Congelaron tarifas.

Para mantener la paridad con el dólar, el Gobierno se comprometió a no emitir Australes sin respaldo en dólares u oro.

Se podía pactar todo tipo de operaciones en moneda extranjera. Por ese entonces el Ejecutivo ya planeaba quitarle ceros al Austral y cambiarle el nombre a lo que luego fue el nuevo signo monetario el Peso Convertible.

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Tapa del diario Clarín: 21 Marzo 1991.

Tapa del diario Clarín: 21 Marzo 1991.

Todo el esquema dependía de que el Estado no gaste más de lo que recaudaba.

Para no perder la paridad con el dólar y que regresara la inflación, tenía que tener las cuentas fiscales en orden o en su defecto, mantener un flujo de ingreso positivo de divisas desde el exterior que permita la financiación del déficit.

El programa de profundas reformas, fue ideado por el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo y llevado adelante durante el Gobierno del expresidente Carlos Saul Menem.

El tipo de cambio fijo permitió bajar rápidamente casi a cero la inflación y mantenerla en ese nivel durante varios años.

La ley establecía que por cada diez mil australes en circulación el Banco Central debía mantener un dólar en sus reservas, que cualquier tenedor de moneda local podía canjearla al tipo de cambio fijo.

El Banco Central quedó inhibido de financiar al Estado con recursos que no fuera genuinos y no pudo emitir más sin respaldo para financiar el gasto.

En 1992 y también por ley, se cambió el signo monetario y el Austral, que había sido instituido por el presidente Raúl Alfonsín, dio paso al Peso Convertible, que equivalía a 10.000 australes y, por lo tanto, a un dólar.

Así arrancó el 1 a 1 (Un Peso, Un Dólar)

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La llegada del Peso Convertible y su paridad con el Dólar Estadounidense (1992).

La llegada del Peso Convertible y su paridad con el Dólar Estadounidense (1992).

De esta forma, el Banco Central se convirtió en una virtual Caja de conversión con la obligación de respaldar a cada peso en circulación de manera que cada billete pudiese ser canjeado por un dólar estadounidense.

El plan tuvo un enorme éxito en detener la inflación, mantenerla por primera vez en medio siglo a niveles persistentemente bajos, facilitó una espectacular recuperación económica y un aumento del ahorro y la inversión y allanó el camino para que Menem fuera reelecto y que Domingo Cavallo pudiera soñar con un futuro político.

Para incentivar el ingreso de inversiones externas, el Gobierno se vio obligado a profundizar las políticas de privatización de empresas públicas, apertura comercial y financiera, desregulación y endeudamiento externo.

La Convertibilidad logró controlar la inflación, pero a costa de la sobrevaluación cambiaria, que incentivó el ingreso masivo de inversiones e importaciones y fomentó expectativas favorables, además de un fuerte incremento del crédito para consumo que permitió reactivar la economía.

Los índices inflacionarios cayeron a niveles históricamente bajos, lo que redundó en beneficios sociales para los sectores más desprotegidos, mientras que el Producto Bruto Interno (PBI) creció a tasas de 8% promedio durante el período 1991-1995.

Por otra parte, el auge de consumo y la reducción de las tasas de interés permitió que sectores medios y medios-bajos tuvieran acceso al crédito para adquirir productos importados o viajar al exterior.

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Tapa del diario Carín 27 de junio 1996.

Tapa del diario Carín 27 de junio 1996.

Aunque la estabilización monetaria y el auge del consumo lograron estabilizar la economía, el endeble sistema sólo podían sostenerse a partir del ingreso de divisas del exterior; y, con las crisis del Tequila en 1994, la de Rusia en 1998 y la de Brasil en 1999, entró en crisis.

Para mantener la Convertibilidad, finalizadas las privatizaciones, el Gobierno de Menem apeló a un fuerte proceso de endeudamiento externo, quedando la economía argentina muy expuesta a los cimbronazos de los mercados internacionales.

El consumo, la fuga de capitales, el pago de deuda y la remisión de ganancias de las empresas privatizadas a sus casas matrices generaron un déficit comercial y fiscal que fue insostenible en el tiempo.

El altísimo nivel de endeudamiento, la pérdida de competitividad provocada por el uno a uno y la fuerte dolarización de la economía fueron algunos de los elementos que derivaron en la catástrofe del 2001.

Los especialistas coinciden en que debería haberse aplicado una salida gradualista del tipo de cambio uno a uno, y que el momento ideal habría sido cuando se produjo la devaluación en Brasil.

Es que la fuerte devaluación de Brasil en enero de 1999 dejó a la Argentina en off-side y aceleró en forma dramática la pérdida de competitividad.

A diferencia de la crisis desatada por México en 1994 (Efecto Tequila), la solidez del sistema financiero argentino había permitido enfrentar el escenario de sucesivas y graves crisis internacionales sin la necesidad de recurrir a medidas recesivas.

Durante el cuarto trimestre de 1998 se sintió en los sectores productivos el efecto de la crisis que se había originado en Asia, que continuó con la devaluación rusa y terminó afectando a la economía brasileña, que finalmente devaluó su moneda.

Si bien a principios de 1998 la Argentina había logrado evitar el contagio de la crisis asiática, ya no fue posible evitar el deterioro que el default ruso provocó en la situación financiera internacional y doméstica, con secuelas muy negativas sobre el sector real.

Luego de crecer más del 7% interanual en el primer semestre, el PBI de la Argentina aumentó sólo 3,2% en el tercero y se contrajo 0,5% en el cuarto.

En el segundo semestre de 1998 la economía argentina comenzó a sentir los efectos de la crisis internacional, provocada primero por la decisión de Rusia de no cumplir con sus compromisos externos, y luego, hacia fin de año, agravada por la devaluación brasileña, principal socio comercial de la Argentina.

Esto se desarrolló en una coyuntura en la cual se produjo un pronunciado deterioro de los términos del intercambio debido, fundamentalmente, a la baja del precio de las exportaciones de origen agrícola.

En marzo de 1999 los precios de los commodities se encontraban un 35% por debajo de los del mismo mes de 1997.

Al mismo tiempo, se produjo una revaluación del dólar, y por ende del peso anclado a la moneda norteamericana.

En 1999 ganó las elecciones la fórmula electoral de la Alianza, en especial porque su candidato, Fernando de la Rúa, defendió enfáticamente la vigencia del uno a uno, mientras que el oponente peronista, Eduardo Duhalde, insinuaba la necesidad de implementar una salida del tipo de cambio fijo.

Con un aparato productivo semiparalizado, un desempleo que orillaba el 25%, la pobreza en niveles altos y un endeudamiento feroz que consumía las reservas del Banco Central, persistir en el esquema de convertibilidad fue la partida de defunción del modelo de tipo de cambio fijo y también representó el fin de la experiencia de la coalición en el poder.

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Tapa diario Página 12 (Diciembre 2001).

Tapa diario Página 12 (Diciembre 2001).

Ni siquiera el manotazo de ahogado de volver a convocar a Cavallo en marzo del 2001, y darle todo el control, permitió salvar a la economía del naufragio.

En diciembre del 2001, diez años y ocho meses después de ponerse en práctica, el plan de convertibilidad llegaba a su fin.

Hoy, a tres décadas desde el inicio de los acontecimientos, la inflación y la pérdida del poder adquisitivo; el dólar y los procesos devaluatorios; el déficit fiscal recurrente y las profundas recesiones económicas todavía siguen desvelando a los argentinos.

Y a pesar del tiempo, aún nos debemos como sociedad afrontar de forma madura el desafío de romper, de una vez por todas, con el péndulo que hace décadas enfrenta el país con ciclos de marchas y contramarchas que hacen que ésta sea una efeméride necesaria de recordar.

Fuente: Material de archivo/NA/Télam/La Nación/Clarín/P.12

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