miércoles 20 de noviembre de 2019

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Durante el debate, la agenda ambiental no existió para los candidatos a presidente

Los candidatos no hablaron del rechazo que en algunos países europeos genera el acuerdo con el Mercosur, por las críticas a la deforestación y al uso de productos químicos en el agro. El tema de la minería sólo se rozó y sobre Vaca Muerta parece no haber grieta, a pesar de los cuestionamientos al fracking.

Por Jorgelina Hiba

Ni cambio climático, ni deforestación, ni energías renovables, ni modelo agroindustrial, ni fracking. La agenda ambiental, un tema cada vez más importante en la agenda política global, pasó de largo y casi no fue mencionada durante el debate presidencial que tuvo lugar en la facultad de Derecho de Buenos Aires. Lo más grave: ni el peronista Alberto Fernández (el casi seguro futuro presidente) ni el referente de Cambiemos Mauricio Macri (el único que puede todavía considerarse medianamente competitivo) destinaron más que brevísimos segundos a mencionar muy por arriba algunas consignas en contra de la pérdida de los bosques y a favor de las energías limpias.

Fernández y Macri apenas dijeron un par de frases casi de ocasión: el todavía opositor mencionó que el cambio climático “es un imperativo que exige” y que “la minería debe ser sustentable”, mientras que el aún presidente señaló que Argentina cubre el 10% de su matriz energética con renovables, un porcentaje exagerado ya que lo que cubren esas energías (eólico y solar) ronda el 5 o 6 %. Así de escueto, así de breve, así de insuficiente.

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Antes y después de esas frases, no hubo nada en relación al tema a pesar de que el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur está en jaque por cuestiones ambientales, que los bancos centrales de Europa consideran la crisis climática como uno de los mayores riesgos para la economía global, que el Vaticano ha convertido al cuidado del planeta en parte de su doctrina y que el movimiento de jóvenes que piden acción urgente a sus gobiernos para resolver el calentamiento del planeta es hoy el más poderoso y vigoroso del mundo.

El único candidato que le dedicó parte de su tiempo del último bloque de temas al cuidado del ambiente fue Nicolás del Caño, quien (con cero chances de ganar) repasó los grandes ejes de ese debate a nivel nacional: “estamos en un modelo que combina el saqueo y la contaminación de nuestros recursos y bienes naturales. La minería se lleva ganancias millonarias y deja ríos contaminados como pasó en San Juan con los derrames de la Barrick” señaló, para recordar que durante el gobierno de Cristina Fernández se vetó la Ley de Glaciares y el actual gobierno le quitó las retenciones a las mineras.

En relación a Vaca Muerta Del Caño explicó que “todos dicen que es el futuro, pero no dicen qué es el fracking, ni que se vulneran los derechos de los pueblos originarios”. También recordó que durante el kirchnerismo “se firmó el pacto secreto con Chevron”, un acuerdo “que Macri mantuvo”. “Este pacto se expresa en un modelo de agronegocios con el glifosato como emblema sostenido por todos los gobiernos desde Menem hasta ahora”, resumió.

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Con respecto a la energía, hizo un llamamiento para avanzar en una transición energética “que termine con los negociados de Macri con la energía eólica” para lograr “que la energía sea un derecho”.

Roberto Lavagna apenas mencionó la necesidad de seguir de cerca la agenda 2030 de Naciones Unidas y dedicó algunas frases a la responsabilidad de Argentina en el cuidado de “la casa común”, como el Papa Francisco llama en su encíclica Laudato Si al planeta Tierra. “Tenemos un privilegio y una responsabilidad en el tema del agua incluyendo nuestra plataforma marítima y los humedales”, dijo.

Juan José Gómez Centurión, con mirada poco federal, sólo se refirió pocos segundos a la contaminación nunca resuelta de la cuenca del Riachuelo, mientras que José Luis Espert directamente no dijo ni una palabra sobre el ambiente durante toda su alocución.

Si bien Vaca Muerta no apareció durante el debate ni por parte de Macri ni por parte de Fernández, durante la campaña ambos candidatos si mencionaron a ese yacimiento como una fuente futura de dólares y trabajo. A esa fe ciega en la explotación sin fin de los recursos naturales (sea la minería, el petróleo o la agroindustria) donde la grieta no aparece la socióloga Marisela Svampa la llama “el consenso de los commodities”, un concepto en el cual evidentemente los dos candidatos que concentran la mayoría de los votos creen y defienden.

Un pensamiento que contrasta con señales que hace un tiempo entregan factores de poder a nivel global como los bancos centrales europeos o la Iglesia Católica, que impulsan una descarbonización de la economía mundial y desinvierten en industrias basadas en la explotación de energías fósiles. “Las empresas e industrias que no van hacia emisiones de carbono iguales a cero serán castigadas por los inversores y se declararán en quiebra” advirtió hace pocos días Mark Carney, el presidente del Banco de Inglaterra.

Un ejemplo de eso es el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, en la actualidad puesto en cuestión por los gobiernos de Francia, Irlanda y Bélgica, más que nada por cuestiones relacionadas a la deforestación y los modelos agroindustriales químico dependientes que imperan en Sudamérica: por un lado, los consumidores europeos no quieren alimentos producidos bajo esas prácticas. Pero, además, los agricultores de ese continente -sometidos a crecientes presiones para hacer una producción sustentable- no tolerarán que sus gobiernos compren commodities producidas con agroquímicos y semillas transgénicas. 

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