La agenda ambiental tensiona el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea

Un análisis de los ejes que ponen el foco en la agenda bilateral que será uno de los temas centrales de la 54° Cumbre del Mercosur que se realizará en la ciudad de Santa Fe en los próximos días.


Por Jorgelina Hiba

 

Todavía no se conoce la letra chica del acuerdo de libre comercio firmado entre el Mercosur y la Unión Europea, pero ya existen algunas interpretaciones respecto al lugar que los temas ambientales ocuparán en esa agenda bilateral, que se tensionará en torno a por lo menos dos ejes: las crecientes exigencias ambientales de los mercados europeos (que se mezclan con el lobby agrícola y que Sudamérica deberá atender) y la también creciente presión que una expansión de la ganadería para suministrar de carnes y granos a las naciones europeas supondría en la región, ya muy afectada por la deforestación asociada a esas actividades agroindustriales.

Respecto al primer punto, la experta en comercio internacional de la UNR Julieta Zelicovich señaló que la firma del acuerdo no altera la existencia ni la importancia de la alianza que en estos temas han establecido agricultores y ambientalistas europeos. “El comisario de agricultura europeo dijo que el acuerdo no vulnerará la seguridad de los agricultores ni los estándares de seguridad alimentaria” explicó la experta, quien recordó que el nuevo parlamento europeo “es bastante verde” y que la agenda ambiental, en ese continente, llegó para quedarse “y tiene peso electoral”.

Zelicovich agregó que ante las posibles barreras paraancelarias que el lobby agrícola/ambientalista europeo podría impulsar a la hora de hacer negocios con Sudamérica, “seria astuto” que los gobiernos del Mercosur entendieran que la agenda ambiental no se irá del interés de los votantes europeos: “es un tema que está en la agenda y que lo seguirá estando, y los gobiernos locales deberán atender eso a la hora de pensar políticas públicas para el agro” puntualizó.

“El comercio y el medio ambiente tienen que tener un diálogo necesario porque los que presionan por una agricultura sustentable en Europa son actores con un peso muy fuerte que a mediano plazo no piensan la agricultura de otra manera que no sea sustentable”, argumentó.

Ganadería y deforestación

En relación a cómo puede afectar ambientalmente el acuerdo en el cono sur, desde Greenpeace advirtieron que la ganadería fue la causa de la destrucción de casi ocho mil kilómetros cuadrados de la Amazonia brasileña en 2018, mientras que los planes de expansión de esa industria en Argentina “pone en riesgo 10 millones de hectáreas del bosque chaqueño”.

Según Greenpeace, el acuerdo “representa un desastre para el medio ambiente a ambos lados del Atlántico” y expone a un mayor riesgo a diez millones de hectáreas del bosque chaqueño en Salta, Formosa, Chaco y Santiago del Estero ante la posibilidad que se expanda la ganadería intensiva. “Intercambiar autos por vacas nunca puede ser aceptable cuando implica la destrucción de los bosques del Gran Chaco y el Amazonas, ataques a los pueblos indígenas y a la creciente hostilidad hacia la sociedad civil. Además, el acuerdo produciría un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero”, señaló Amanda Starbuck, directora de Programas de Greenpeace.

Quejas transoceánicas

Muchas voces europeas asociadas tanto con los partidos Verdes como con las centrales sindicales agrícolas también se alzaron contra el acuerdo, al que consideraron “funesto” por partida doble: empeorará las condiciones de la muy representativa población agrícola europea al someterla a un “dumping ambiental” y llenará las góndolas del viejo mundo de carne y granos producidos en Sudamérica en un modelo al que sobre todo desde París y Bruselas consideran poco sustentable al combinar deforestación y uso de agroquímicos.

Por su parte, el sector agrícola europeo (liderado por Francia, Bélgica, Irlanda y Polonia) tardó segundos en salir a criticar el acuerdo al considerar que mientras en ese continente existen cada vez más exigencias ambientales, el bloque comprará alimentos sudamericanos producidos en un modelo que tolera altas dosis de agroquímicos y que empuja a la deforestación.

La mayoría de las críticas apuntaron contra Brasil y su presidente Jair Bolsonaro, quien en apenas seis meses de gobierno ha desmantelado décadas de políticas de protección del Amazonas y cuyo gobierno ha autorizado el uso de 239 pesticidas en apenas medio año de gestión. Una de las voces más críticas es la de Nicolas Hulot, ex ministro francés de la Transición Ecológica, quien dijo que el acuerdo es “completamente contrario” a las ambiciones climáticas que declama el gobierno de Francia, para agregar que “el libre comercio está en la base de todas las problemáticas ecológicas”.

 

 

Fuente: www.dosambientes.net

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