El 29 de junio de 1938, un grupo de amigos fundó Villa Dora que, rápidamente, se convirtió en el lugar de encuentro de los vecinos, quienes se sumaron a las distintas propuestas sociales, deportivas y culturales que ofrecía. La flamante institución fue llamada así en honor de Dora Vivanco de Freyre, ya que en terrenos de su propiedad, que se conocían como La Villa de Dora, se construyó su primera sede.
Más de ocho décadas después, la entidad actualmente ubicada en Ruperto Godoy 1231 –entre Güemes y Avellaneda–, conserva algunas características de todo club de barrio que se precie de tal: la tranquilidad de la zona, donde predominan las casas bajas, muchas con jardines; el ámbito de reunión donde todos se conocen y, fundamentalmente, el espacio donde cada uno de sus socios y simpatizantes saben muy bien que, para hacer crecer a la institución, habrá que arremangarse y trabajar incansablemente.
Pero Villa Dora no solo es conocido por sus tradicionales bailes dominicales –histórica marca registrada del club del barrio Sargento Cabral– ya que, en 2005, durante la presidencia de Juan Carlos Gamerro (fallecido el 15 de marzo de 2019), la entidad decidió renovarse y lanzó el Plan Santa Fe Vóley 2012, un ambicioso programa para la captación y formación de jóvenes para la práctica competitiva en esta disciplina deportiva.
Y fue tal el empeño y la dedicación volcados a este inédito proyecto que, aunque nadie lo imaginaba, años después –tras convertirse en el mejor club de vóley de nuestra ciudad– el muy pequeño David de barrio llegaría a codearse con los gigantes Goliats de la Liga Nacional… Y no solo eso: por más abultadas que fueran sus billeteras, y contaran con gran disponibilidad de recursos y medios, los venció y conquistó el primer título de la historia para la capital santafesina.
La conductora
Su tono es suave y pausado aunque, si es necesario, eleva la voz cuando en los entrenamientos algo no le gusta o no se hace de acuerdo sus indicaciones. Lorena Góngora es sanjuanina, y, como buena geminiana (su cumpleaños es el 12 de junio), es metódica y detallista en su trabajo.
Está radicada hace casi 13 años en nuestra ciudad, a la que llegó para hacerse cargo del plantel femenino de un club como Villa Dora que, casi sin medios ni infraestructura, había resuelto enfrentar un reto inmenso: crecer –y trascender– a través del vóley.
En diálogo con Aire Digital, recordó: “En San Juan trabajé varios años en las ramas masculina y femenina, y fui entrenadora de varias Selecciones de mi provincia. En medio de estas actividades tuve la oportunidad de conocer a Héctor Guegué Combes, creador del Plan Santa Fe Vóley 2012, y a otras dos profes que eran de acá, Patricia Sánchez y María José Suárez y, a través de estos contactos, es que finalmente llegaría a Santa Fe”.
En 2007 atravesó un muy duro momento familiar –enviudó y decidió irse de San Juan¬– y, en ese momento, “tenía dos opciones: irme a España, donde se había radicado mi familia, o venirme a Santa Fe. Irme a España, sería hacerlo por una cuestión familiar y, venir a Santa Fe, por una deportiva. También, miembros de la familia se habían afincado en Córdoba y Buenos Aires, y era como quedarme sola con mi hija, de 4 años, y elegí Santa Fe. Encaré el proyecto de Villa Dora como una oportunidad y, también, como una forma de salir de la tristeza de San Juan, en cuanto a lo personal”, agregó.
“Cuando llegué en 2007 –prosiguió– había un grupo de chicas y, las de la Primera, habían ascendido del nivel B al A, que eran los dos que había en ese entonces. El desafío era muy grande, había que formar todas las categorías y, ese mismo año, que fue el primero que estuve acá, la Primera alcanzó el tercer puesto en el nivel A en el asociativo local, y que era el mayor logro que, hasta entonces, había tenido el club. Ese grupo fue muy bueno y, después, se sumaron otras jugadoras. Como todos los clubes de Santa Fe, nos nutrimos de chicas que vienen a estudiar a esta ciudad, y eligen en cuál institución jugar. Por eso, seguíamos siendo amateurs”, precisó la entrenadora.
Pero, la meta, era apuntar cada vez más alto. ”Íbamos mejorando permanentemente, lo que nos permitió contar con un plantel cada vez más competitivo y, por eso, al segundo año, ya éramos campeonas a nivel local. Es más, desde 2008 a 2012 ganamos los títulos todos los años, fuimos campeonas del Tres Provincias (NdeR: el certamen organizado por las Asociaciones de Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba), que se hizo para mejorar la competitividad de los planteles de Primera y, también, nos quedamos con la primera Copa Argentina, donde le ganamos la final a la Selección Nacional”, contó.
Objetivos cada vez más altos
Con tantos logros atesorados a nivel local, fruto del duro trabajo realizado, Villa Dora redobló la apuesta: decidió dar el salto de calidad y sumarse a la Liga Nacional, lo que para muchos asomaba como imposible. Pero nada lo es cuando la determinación y el convencimiento de que el objetivo será alcanzado es el combustible que alimenta el esfuerzo diario. “Jugamos un clasificatorio en Bell Ville, Córdoba. No nos conocían y, como éramos nuevos, pensaron que nos quedaríamos afuera en la primera ronda y nos volveríamos a casa, por lo que no previeron el alojamiento para nosotros. La cosa es que pasamos a la segunda fase, y debieron alojarnos (se ríe). Es más, terminamos primeras y, el equipo que pensaron que se iría en el primer día, se quedó con el clasificatorio a la Liga Nacional”, rememoró.
Y, aunque la vara estaba cada vez más alta, Villa Dora no cejó en su empeño. “El club se inscribió un día después del cierre, ya que jugar la Liga Nacional era un gran desafío en lo económico, y más por apuntar a algo de tan alto nivel, cuando la entidad estaba acostumbrada a competir en los torneos asociativos. Así y todo, incluso con muchos miedos, por ser algo completamente nuevo para nosotros, participamos de la Liga Nacional con todas jugadoras del club. Era un plantel total y completamente amateur y, con el mismo, terminamos cuartas. Realmente, fue un logro enorme, ya que enfrentamos a equipos profesionales y de gran poderío económico”, destacó.
“Siempre hubo un gran apoyo de la dirigencia del club –continuó–, especialmente de Adrián Ramseyer, actual vicepresidente y manager del equipo, un soñador, y por cuyo trabajo Villa Dora llegó al máximo nivel donde está. Siempre decimos que si vamos a hacer las cosas, vamos a hacerlas cosas bien porque, si no, hacer semejante inversión para nada, no tiene sentido. Llegamos a los cuartos de final, que se jugaron en Buenos Aires, y estábamos felices, porque llegamos hasta ahí en nuestra primera Liga Nacional”, expresó Góngora.
Obviamente, al competir en este nivel, notaron que existían marcadas diferencias con sus rivales. “La (Federación) Metro se nutre con jugadoras de la Selección Argentina. Siempre decimos que van con un changuito a las concentraciones de las Selecciones y se llevan a las mejores para sus equipos. Nosotras teníamos una sola jugadora con experiencia en la Selección Argentina; el resto, eran todas muy jóvenes y, una sola, había tenido una experiencia en la Liga Nacional, jugando para Regatas y San Carlos. Salvo estas excepciones, todas eran muy nuevas en este nivel. Pero logramos hacer un trabajo físico y táctico de gran calidad y, por momentos, pudimos igualarnos a nuestros rivales. Por eso, haber terminado cuartas en nuestra primera participación, en la edición de 2012, fue como haber salido campeonas, ya que lo hicimos con jugadoras del club, debutantes absolutas, y con muy poca experiencia. Todos pensaron que nos íbamos en octavos, pero avanzamos hasta la última fase”, recalcó la conductora.
Siempre aspirando a superarse
Año a año, Villa Dora fue sumando una rica experiencia. Asimismo, las metas impuestas eran cada vez mayores y, conformarse con lo hecho hasta ese momento, no era una opción. “Liga a Liga íbamos aprendiendo un montón, y fuimos haciendo reajustes. Tuvimos un gran preparador físico, Sebastián Villalba, que hoy está trabajando con los equipos olímpicos de China. Hicimos un trabajo de investigación en conjunto ya que, él apasionado en lo suyo, y yo en lo mío, elaboramos un plan físico-técnico muy equilibrado. Además, nos reforzamos en puestos clave, donde con sus jugadoras nos ganaban los equipos de la Metro y, al año siguiente, logramos un tercer puesto, que fue nuestra primera medalla, nuestro primer podio en la Liga Nacional”, apuntó.
Góngora continuó con su análisis, y se explayó sobre cuando el club decidió sumar jugadoras extranjeras: “Llega un momento en que, con lo que tenés, no te alcanza. Todavía hoy en día algunos se preguntan si Villa Dora es un pueblo. En los inicios en la Liga Nacional, se preguntaban «¿Quién es Villa Dora?» y, aunque hayamos logrado un cuarto puesto en nuestro debut, había muchas jugadoras a las que no les interesaba venir al interior, y preferían jugar en cualquier equipo de la Metro. Además, las centrales que quedaban en el interior no nos servían para seguir encarando la competencia en el máximo nivel, que implican inversiones muy grandes. Éramos conscientes de que teníamos que hacer un buen papel en la Liga para que la provincia comenzara a apoyarnos. Por eso, en busca de ser cada vez mejores, decidimos sumar jugadoras del exterior para determinados puestos”, fundamentó.
“El año en que finalizamos terceras –agregó– hubo un cambio de fixture y debimos jugar un clasificatorio para el Sudamericano, que lo ganamos. Era por inscripción, había un cupo, lo obtuvimos y, en Brasil, logramos un tercer puesto a nivel subcontinental”.
La primera final con el Xeneize
Escalón por escalón, Villa Dora continuaba con su ascenso a la cima del vóley femenino nacional y, en 2015, tuvo la primera chance de alcanzarla. En esa temporada, el humilde club de barrio, con varias jugadoras semiamateurs, y que podía competir en la Liga Nacional merced a una muy cuidada administración de los ingresos por los bailes de los domingos, se midió en la final con el todopoderoso Boca, millonario en dólares y una de las instituciones más grandes no solo de nuestro país, sino del mundo.
“Creo que ni el cuerpo técnico, ni el equipo, estaba preparado para esa final –reconoció Góngora–, ya que por la prensa, y el movimiento del público, no supimos manejar esa situación, las emociones ni el fanatismo que generamos porque, en esa instancia, los estadios se llenaban. Creo que fue el peor partido de la historia de Villa Dora. Ese día, no habíamos llegada al estadio y sabíamos que había mucha gente nuestra que había viajado a alentarnos. Todo nos superó un montón”, admitió. El jueves 2 de abril de ese año, Boca se impuso por 3 a 0, con parciales de 25-16, 25-17, y 25-16.
El nuevo campeón es de Santa Fe
Un año después, las Doras tendrían su revancha y, el sábado 16 de abril de 2016, se convirtió en una fecha histórica para el deporte santafesino. “Para la final de esa temporada nos preparamos mejor, ya sabíamos cómo era jugar una definición de la Liga, porque no solo es preparar el partido sino, también, trabajar en la mente de las jugadoras para enfrentar el desafío que tendríamos. Esta final debió disputarse en Villa Dora, porque éramos el único equipo invicto de la Liga y, aunque no habíamos perdido ni un partido, se decidió jugar en cancha «neutral» ¡en Buenos Aires!”, dijo la DT.
Ese estadio “neutral” fue el Polideportivo Gorki Grana de Morón, en el Gran Buenos Aires –el mismo en el que habían perdido la final de 2015–, donde Boca, para llegar al mismo, debió recorrer apenas 32 kilómetros (un traslado de entre 40 y 50 minutos), mientras que a Villa Dora le implicó una noche de viaje para completar los 475 kilómetros que lo separaban del lugar de la definición. Es más: como el elenco santafesino era el “local” –aunque jugara en Buenos Aires–, todos los gastos, como los de arbitraje, corrieron por su cuenta, ya que es lo que se estila en la Liga Nacional.
Con esta insólita situación, que refleja claramente las desigualdades entre equipos capitalinos y del interior, Boca era más Goliat que nunca. Con todo a su favor. Pero, el David del barrio Sargento Cabral, tenía lista su honda…
La histórica victoria ante el Xeneize fue por 3 a 2, con parciales de 18-25, 27-25, 25-21, 22-25 y 15-8 y, así, las Doras se convirtieron en el primer campeón argentino oriundo de la ciudad de Santa Fe en deportes de conjunto, y en la categoría Mayores. Fue la 20° edición de la Liga Nacional femenina y, hasta ese entonces, solo siete equipos, y todos de la Metro, habían gritado campeones: Boca y River (cuatro títulos cada uno), Banco Nación, GEBA y Gimnasia de La Plata (tres cada uno), y Vélez y la UBA (uno cada uno). Con esta consagración Villa Dora rompió esta hegemonía y, el interior del país, se ciñó la corona por primera vez.
Del equipo campeón, hoy integran el actual plantel Karina Suligoy, Florencia Giorgi, Aylén Ponso, y Camila Botta. “Viajaron unas 300 personas a alentarnos –recordó Góngora– y, luego de mucho trabajo y sacrificio, logramos nuestro primer campeonato nacional. Con una gran comunión entre los dirigentes y el cuerpo técnico, y muchas horas de trabajo y entrega, sobre todo de las jugadoras, se pudo”, resumió.
Esto no termina acá
¿Sueño cumplido? ¿Conformismo? Ni ahí. “No terminamos de caer por lo que conseguimos, porque todos los años nos exigimos para volver a estar ahí”, reveló la entrenadora. “Vivimos algo único, vimos y comprobamos que se podía lograr, contra equipos que llevan dos o tres años de preparación, mientras que lo nuestro es mucho más acotado, por la parte económica. Por eso, nuestra preparación es muy fuerte, al igual que la psicológica. Muchas veces la gente no entiende que enfrentamos a equipos que llevan todo un año jugando e incorporan jugadoras, mientras que nosotros lo hacemos solo en la Liga. Es más, a partir de que Villa Dora se hizo un nombre, terminada la Liga los otros equipos nos llevan jugadoras, porque a las ofertas deportivas y económicas, en Santa Fe no se las podemos igualar. No las podemos retener. Boca (actual campeón) paga muy bien, San Lorenzo (el subcampeón 2019), paga muy bien y, en el extranjero, adonde casi todas se terminan yendo, también. Hoy, Villa Dora es un referente: hace dos años que equipos de Perú vienen a entrenarse con nosotros y, este año, vinieron de Colombia y Ecuador. Esto habla de todo lo bueno que está haciendo Villa Dora, y es bueno que la gente lo sepa”, enfatizó.
Y continuó: “Tenemos muchas jugadoras brasileras que se ofrecen para hacer su primera experiencia internacional con nosotros porque, desde acá, se les abren las puertas para otros equipos o países, y con buenas remuneraciones. Por eso, Villa Dora es una buena vidriera, y mejor referencia, para ellas”.
El secreto del éxito
Uno de las tareas más importantes del cuerpo técnico que encabeza Góngora y, también, de los dirigentes, es mantener –y renovar permanentemente– la motivación y las ansias de triunfo de las jugadoras. “Desde que Villa Dora finalizó cuarto en su primera participación en la Liga Nacional, no se dejó de tener ese hambre de gloria que nos llevó a lo más alto”, dijo la DT. Y abundó: “Junto con la dirigencia, transmitimos esa pasión a las jugadoras para que sepan que, cuando te ponés esta camiseta, no hay nada más importante, por más duro que sea el rival que tenés enfrente. Villa Dora juega con mucho corazón y amor a la camiseta, al club y al vóley del interior. Por eso, se resalta la disciplina, la constancia, el compromiso y a aspirar a la grandeza. Todos estamos acá mucho más que por un sueldo. Estamos acá por esa camiseta que te abrió las puertas al primer nivel. En los entrenamientos, escuchás a las chicas hablando de «la final», «la final» y, tratando de mejorar, hasta dicen «para llegar a la final, no podemos jugar así». Tenemos hambre. Nos gustó el podio, nos gustó representar al vóley del interior, no solo a Villa Dora, y a jugadoras y clubes del interior que no pueden tener este protagonismo”.
Y ahondó: “Aparte, tenemos un grupo de jugadoras, con varias experiencias en la Liga, que les enseñan a las nuevas, o a las más jóvenes, para qué están acá. Ellas tienen sus códigos para cohesionar al grupo, en los que el cuerpo técnico no toma parte, y ellas les remarcan a qué vienen a Villa Dora, porque nadie está acá para perder el tiempo. Todas hacen un gran esfuerzo, porque hay chicas que tienen que estudiar, o realizar otras actividades. Sabemos que el vóley es amateur en Santa Fe; entrenamos como profesionales pero, en la aparte económica, la jugadora no cobra ganancias, sino que cobra para pagar lo que está haciendo, por ejemplo, su carrera universitaria”, explicitó.
Y, para clarificar aún más este concepto, señaló: “Los números y los gastos son muy grandes en la Liga Nacional y, a veces, la gente no se da cuenta del enorme esfuerzo que significa participar en la misma. Por caso, San Lorenzo y Gimnasia de La Plata incorporaron jugadoras brasileñas para esta temporada, y pueden hacerlo por su poderío económico. Este es otro aspecto con los que debemos enfrentarnos. Este año, apuntamos a un equipo netamente santafesino. Hubo una jugadora que, antes del inicio de la Liga, recibió una muy buena oferta de San Lorenzo pero, como se había comprometido con nosotros, honró su palabra y está acá, a pesar de que Villa Dora no tiene contratos. Eso sí, es un club de palabra”.
Las metas de 2020
Góngora también reveló otro gran sueño: “Tras el cambio de la reglamentación, este año queremos traer la final de la Liga Nacional a Santa Fe”. También, las Doras irán por el pasaje al Sudamericano. “Antes se clasificaba solo el primero pero ahora, ganando la semifinal, entrás al certamen, porque lo juegan el primero y el segundo. Entonces, estos son nuestros dos objetivos del año: primero, entrar al Sudamericano y, después, jugar la final acá”, adelantó.
Y siguió: “En los primeros años, los demás equipos arreglaban para no viajar a Santa Fe. Por eso, todos los conjuntos del interior siempre jugábamos en Buenos Aires. Pero eso ya quedó atrás porque, equipos muy grandes como Boca, San Lorenzo, o Vélez, tuvieron que venir acá”. Ese “acá” es el estadio Andrés Meynet, una verdadera caldera donde los rivales de Villa Dora aprendieron a respetar –y cómo– el enorme peso de una de las localías más fuertes del vóley nacional.
“Nadie quiere venir a jugar a Villa Dora. Nos sigue mucho púbico, el estadio se llena y nos alientan permanentemente. Por eso queremos traer la final acá. Hoy, Villa Dora es muy respetado, nadie nos quiere en su zona y, si deben enfrentarnos, prefieren hacerlo en las instancias finales. Este fin de semana tendremos la visita de dos equipos de la Metro: Mupol (esta noche, a partir de las 21), y San Lorenzo (este domingo, desde las 20), que tiene prácticamente al 80% de la Selección Argentina”, detalló Góngora.
Cabe destacar que, el sábado pasado, en el debut de la Liga 2020, las Doras derrotaron en el primer weekend del certamen a San José, en Entre Ríos, por 3 a 0, con parciales de 25-13, 25-21 y 25-18. Los otros conjuntos que integran la Zona B junto a Villa Dora son Banco Provincia y Estudiantes, ambos de La Plata.
Sus planes a futuro
El gran trabajo de años llevó a que muchas jugadoras de Villa Dora fueran convocadas a la Selección Nacional, y hasta los representativos de beach vóley. Por eso, ¿se verá alguna vez a Lorena Góngora conduciendo a Las Panteras? “La Argentina apunta mucho a que el técnico sea varón, no hay mucha ciencia y, por el momento, no aspiro a más de lo que estoy haciendo. Hoy, que mi hija es mayor, si surgiera la posibilidad de una experiencia laboral en el extranjero, lo haría. Sí tengo ofertas de Perú, o para ir a dictar campus, pero hoy, mi mayor objetivo, es ganar la Liga Nacional y llevar a lo más alto nuevamente a Villa Dora, porque el club, y el grupo de chicas, se lo merecen. Aparte, un entrenador debe entregar horas y horas en la cancha, y capacitarse y actualizarse permanentemente. Por caso, una actualización de la que participé, que duró tres días, me costó 25.000 pesos. Pero esta capacitación es muy necesaria, porque te llega una jugadora que estuvo en el extranjero, o en la Selección Argentina, y te habla de formas de entrenamiento, o te dice «mirá, ahora se juega así», y si vos no tenés ni idea, no te respeta más. Asimismo, con distintos apoyos, por más pequeños que parezcan, para nosotros son muy importantes ya que, por ejemplo, un viaje de Liga, hoy no baja de 300.000 pesos. Somos el único club que se mantuvo entre los grandes y, si ya estuviste en lo más alto, no podés conformarte con un segundo puesto. Hay que seguir apuntando bien arriba, porque hoy, Villa Dora es mi familia, y mi pasión inagotable”, concluyó la entrenadora de las Doras.
El trabajo que no se detiene
“En Villa Dora no se cumplen horarios, sino objetivos. Si tenés que estar acá las horas que sean, se está. Ese es el espíritu de trabajo en el club”, le dijo Adrián Ramseyer, vicepresidente de la entidad y manager de las Doras, a Aire Digital.
Además de las competencias de vóley de damas y caballeros en el máximo nivel nacional, Villa Dora también sigue siendo la referencia de trabajo en las categorías formativas en la Asociación Santafesina, mientras que otras disciplinas continúan con su sostenido crecimiento y, también, enorgullecen a la institución: el futsal, las mami hockey, el taekwondo, el patín, y las mami vóley.
El año pasado, Villa Dora firmó el contrato para la construcción del nuevo gimnasio de 800 metros cuadrados –junto con la compra del piso para el mismo–, inauguró las nuevas plateas y palcos en altura para espectadores y prensa en el estadio Andrés Meynet y, además, ya cuenta con dos nuevos alojamientos deportivos de primer nivel –con baños privados y aire acondicionado–, que incrementó la capacidad de 45 a 85 personas, junto con un departamento de tres habitaciones y los nuevos vestuarios, tanto para el conjunto local como para el visitante .
Por eso, las tareas en la institución se multiplican por doquier. “Aparte de la Liga femenina, donde el año pasado finalizamos en el podio, detrás de Boca y San Lorenzo, también lo hacemos con el equipo masculino que, en 2020, tendrá su cuarta temporada de competencias en el ámbito nacional (NdeR: anoche, por el tercer weekend del Torneo Argentino de Clubes, recibió a la Asociación Municipal de Vóley de El Calafate, Santa Cruz –Amuvoca–, y lo derrotó por 3 a 1, con parciales de 18-25, 25-23, 25-14, y 25-15).
Para afrontar las obligaciones de distintas disciplinas, amén de la importante función social que cumple, el club necesita generar recursos. “Nuestra principal fuente de ingresos continuará siendo el baile de los domingos y, ahora, le agregamos los alojamientos de distintas delegaciones”, explicó Ramseyer. “Por ejemplo, cada partido como local nos cuesta, como mínimo, 28.000 pesos, entre árbitros (a lo que hay que agregar el traslado, alojamiento y alimentación de los mismos), veedores, líneas, a veces veedores arbitrales, policías, médico, y sonido. Asimismo, tres días en Buenos Aires, para 22 personas, con traslado incluido, nos cuesta 180.000 pesos y, en el caso de que llegués a las finales, son seis viajes”, agregó el dirigente.
Y, el ritmo de trabajo, se incrementa sensiblemente en época de competencias. “Tenés cinco meses a full, con un mes de pretemporada, otro de incorporaciones y distintos trámites, y tres de juego. Pero, los resultados, están a la vista. Hoy, Villa Dora es sinónimo de respeto, y más tras la consagración como campeones nacionales en 2016, el día que me largué a llorar como un nene de la emoción. Es un orgullo muy grande”, resaltó.
“Para seguir en el primer nivel –prosiguió–, las jugadoras se entrenan, en promedio, seis horas por día, con tres turnos de trabajo, que incluyen rutinas de pesas en un gimnasio y otras tareas físicas con el profe Alexis Gomila. Así podemos equiparar fuerzas con equipos muy poderosos en lo económico”, contó.
Con la vara tan alta, desde el actual presidente, Alcides Ambroggio, hasta el último miembro de la Comisión Directiva, no escatiman esfuerzos en seguir manteniendo al club en el máximo nivel: “Muchos dicen que Villa Dora es su segunda casa pero, para mí, es la primera, ya que paso más tiempo acá que en mi propio domicilio (se ríe). Así logramos lo que logramos, y queremos repetirlo”, concluyó Ramseyer.
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