Un cachetazo a tiempo: por qué el partido contra Cabo Verde tiene el mismo aroma al debut de Qatar y obliga a Scaloni a dar un volantazo
Tras el flojo rendimiento en Miami, la Selección Argentina viaja a Atlanta con la necesidad de sacudirse la modorra. El recuerdo de Arabia Saudita en 2022, la Messi-dependencia y los cambios que se imponen para enfrentar a Egipto por la Copa Mundial de Fútbol de 2026.
Quizás, dentro de unos días, recordemos a Cabo Verde del mismo modo que hoy recordamos a Arabia Saudita.
Hay partidos que se recuerdan por el resultado. Y hay otros que quedan grabados por lo que generan después. Tengo la sensación de que el 3-2 frente a Cabo Verde pertenece a ese segundo grupo. Argentina clasificó, cumplió el objetivo y está en octavos de final. Pero si alguien cree que el campeón del mundo salió fortalecido únicamente porque avanzó de ronda, se equivoca.
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Lo más importante de la noche en Miami no fue la clasificación, sino el mensaje que dejó el partido: es imposible no viajar cuatro años atrás.
En el debut del Mundial de Qatar, Arabia Saudita le ganó a Argentina 2 a 1. Aquel día se terminó un invicto de 36 partidos, se derrumbó una confianza que parecía inquebrantable y el equipo quedó al borde de la eliminación. Fue un golpe durísimo.
Sin embargo, ese golpe terminó siendo el punto de partida del equipo campeón del mundo. A partir del partido con México, Lionel Scaloni tomó decisiones que cambiaron la historia. Entraron jugadores que ya no saldrían más del equipo. Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Julián Álvarez le dieron otra energía, otra intensidad y otra dinámica a una Selección que terminó levantando la Copa del Mundo.
No fue solo un cambio de nombres. Fue un cambio de mentalidad. Tengo la impresión de que Cabo Verde puede ocupar ese lugar en este Mundial.
No porque Argentina haya perdido. Al contrario, ganó. Pero sufrió como hacía mucho tiempo no sufría. Se puso en ventaja dos veces y dos veces se la empataron. Necesitó un alargue para resolver una serie que en los papeles parecía mucho más accesible. Y, por momentos, dio la sensación de depender exclusivamente de lo que pudiera inventar Lionel Messi.
Eso, para un equipo que pretende volver a ser campeón del mundo, es una señal de alerta. Messi volvió a demostrar que sigue siendo el mejor. Hizo un gol, generó peligro permanentemente, obligó al arquero rival a realizar atajadas extraordinarias y fue el futbolista más desequilibrante de la cancha.
Pero Argentina no puede descansar únicamente sobre sus hombros. De mitad de cancha hacia adelante todavía no apareció ese socio que acompañe al capitán con continuidad. No alcanza con destellos. En las instancias decisivas hacen falta rendimientos altos durante noventa o ciento veinte minutos.
¿Mete mano Scaloni?
Por eso no me sorprendería que Scaloni meta mano en el equipo. Habrá una modificación obligada por la lesión de Facundo Medina, que le abrirá la puerta a Nicolás Tagliafico. Pero creo que no será la única.
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Leandro Paredes puede darle otra pausa y otro equilibrio en lugar de Rodrigo De Paul, mientras que Giovani Lo Celso aparece como una alternativa para reemplazar a Thiago Almada y darle mayor circulación al juego.
No sería un castigo. Sería un intento por sacudir una estructura que necesita volver a encontrar el funcionamiento colectivo. Porque el Mundial ya no permite segundas oportunidades.
En Qatar, el cachetazo llegó en el primer partido y Argentina reaccionó a tiempo. Hoy el llamado de atención apareció en los octavos de final. Todavía hay margen para corregir, pero ya no sobra nada.
El próximo rival será Egipto. Un equipo que seguramente exigirá mucho más que Cabo Verde. Si Argentina mantiene el nivel que mostró en buena parte de este encuentro, probablemente no alcance. En cambio, si interpreta el mensaje que dejó esta clasificación sufrida, puede transformarse en un punto de inflexión.
A veces los equipos campeones no nacen de sus mejores partidos. Nacen de aquellas noches en las que descubren sus errores a tiempo.
Quizás, dentro de unos días, recordemos a Cabo Verde del mismo modo que hoy recordamos a Arabia Saudita: no como el rival que casi elimina a Argentina, sino como el rival que la obligó a despertar.







