Será una prueba muy difícil frente a un equipo que hace un culto a la resiliencia. Aun cuando parece estar vencido es capaz de reinventarse para revertir su imagen y reponerse, hasta con el rival más complicado. La muestra de su inclaudicable resistencia se dio en cuartos de final al eliminar a Brasil por penales contra todos los pronósticos.
Croacia tiene un planteo complicado para descifrar. Ataca y defiende con mucha gente, definiendo el prototipo del fútbol moderno liderado por Luka Modric, genio y figura, capaz de desplegarse y aparecer en todos los sectores del campo de juego, relevando y recuperando en defensa o, conduciendo y gestionando en zona de ataque.
Además, cuenta con jugadores que no solo acompañan sino que asumen papeles protagónicos y de reparto de manera ensamblada evidenciando el trabajo y crecimiento sostenido desde hace más de una década. Nadie llega a una semifinal de una Copa del Mundo por casualidad y mucho menos a dos de manera consecutiva, sino por causalidad y como consecuencia de un proyecto que con los intérpretes necesarios recoge los frutos en rendimientos y resultados.
Un arquero solvente que de ser la tercera opción en Rusia 2018 pasó a ser indiscutido en el presente Mundial; defensores sobrios y aguerridos entre los que se destaca Gvardiol, un joven de 20 años con presente y futuro; Brozovic no se cansa nunca en el centro del campo para que Modric disponga de la pelota y espacios para iniciar; Péricic es todo vértigo hacia adelante por la banda izquierda, pero también una pieza fundamental en el retroceso y adelante Krámaric o Pasalic olfatean el gol con instinto y ubicación.
Juego, concentración y mucho corazón
Argentina jugó 80 minutos impecables frente a Países Bajos. Quizás los mejores del Mundial si se tiene en cuenta el espesor de lo que estaba en juego. Defendió con mucha concentración, controló los puntos altos del rival sobre todo por las bandas, manejó la pelota y golpeó con certeza para construir una ventaja de dos goles que parecía una sentencia. Neutralizó tanto a los de Van Gaal que no generaron nada frente al arco argentino.
Otra vez, como en el debut ante Arabia Saudita, le llegaron poco y lo pusieron contra las cuerdas. Centro y gol de cabeza para el descuento más la ejecución perfecta de un movimiento de pizarrón en un tiro libre, nos volvieron a llenar de dudas sobre el funcionamiento de una defensa a la que la atacan poco pero le convierten. Ahí está el desafío de hoy, el de no brindar grietas que derrumben lo que suele costar mucho construir.
Todo indica que Scaloni pondrá en cancha a De Paul y Di María, dos jugadores al límite. Aunque tampoco se descarta que permanezca en el equipo Lisandro Martínez y reaparezca Leandro Paredes en el medio campo o Lautaro Martínez arriba –revitalizado por el penal de la clasificación ante los nerlandeses-. Todos parecen estar listos y eso es lo bueno de un equipo consustanciado con la causa.
El objetivo está cumplido, ahora espera la gloria
Se lo propusieron en los fueros íntimos del plantel: llegar hasta el final del certamen y jugar 7 partidos. Si bien es mucho, nadie se conformará con eso. Es hora de subir el penúltimo escalón y quedar en las puertas de la gloria. Con paciencia, pues será un partido con un grado de dificultad mayúsculo, jugando cada minuto y sin desesperarse. No es cuestión de saltar a nadar por más que la costa esté a la vista.
Con la cabeza primero para que los pies respondan pero con el corazón en cada pelota. Con la pasión y el sello que define el estilo del viejo y querido fútbol argentino. Con carácter y personalidad, pero sin olvidar los orígenes de un juego que nos descabeza y nos estruja el alma. Con el orgullo de representar a esa hermosa “cintura cósmica del sur” con las “venas abiertas de América Latina”, pero sobre todo con el sueño y la ilusión de los 45 millones de argentinos unidos en el grito sagrado que nos identifica: ¡Vamos Argentina, carajo!




