Jamaica es una pequeña isla caribeña de clima cálido tropical donde, el mes más frío del año en la misma, es enero, con una temperatura mínima –en promedio– de 23º C y una máxima de 28º C. Huelga abundar entonces que, con este clima tan benigno, un habitante de Jamaica solo verá nieve en la televisión, en el cine, o cuando viaje a un país con gélidas temperaturas, sensiblemente más bajas que las de su tierra.
Por lógica, este escenario se extiende además a la práctica de distintos deportes en condiciones de frío extremo, por lo que cuesta imaginar –por ejemplo– a un jamaiquino esquiando en las montañas de su país.
Pero, a fines de la década de 1980, un empresario estadounidense que conoció en Kingston el Pushcart Derby, que consiste en empujar y subirse a carritos parecidos a los de supermercado a través de calles con pendiente, pensó (y creyó) que Jamaica podría conformar un equipo de bobsleigh (o bobsled), un deporte olímpico de invierno de descenso en trineo, donde se alcanzan velocidades de hasta 150 km/h y, los competidores, soportan hasta 4 o 5 G.
Vencida la incredulidad inicial y la falta de postulantes –amén de las burlas, ya que muchos la consideraban como una idea absolutamente disparatada–, incorporó voluntarios del Ejército y, tras cinco meses de preparación, en febrero de 1988, un país donde no nieva nunca debutó en los Juegos Olímpicos ¡de Invierno! de Calgary, Canadá.
El equipo caribeño no estuvo ni remotamente cerca del podio, y hasta sufrió un accidente en la tercera y última carrera en la que participó, que le impidió terminar la misma. Pero el público reconoció el esfuerzo de estas Cenicientas olímpicas y, la emocionante historia de cómo un grupo de jamaiquinos compitió en bobsleigh en Calgary, inspiró la película Cool Runnings (Jamaica bajo cero), que se estrenó en 1993.
Nadie lo creía posible
El empresario George Fitch, agregado comercial a la embajada estadounidense en Jamaica y empleado de ese gobierno en la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC), sostenía la teoría de que los grandes atletas pueden ser buenos en cualquier deporte olímpico, ya sea de verano o de invierno.
Una noche de junio de 1987 y, mientras compartían unos tragos en un bar de Kingston, la capital del país, le trasladó esta inquietud a un amigo, el coronel Ken Barnes, de la Fuerza de Defensa jamaiquina, con quien solía jugar al tenis e dicha ciudad.
Al día siguiente, se celebró en la isla el Pushcart Derby, una competencia anual que consiste en empujar y subirse a carritos similares a los de supermercado a través de calles con pendiente, y que en esta ocasión se realizó en las laderas de las Blue Mountains, la cadena montañosa más larga del país.
Instantáneamente, Fitch asoció esto al bobsleigh (o bobsled), un deporte olímpico de invierno de descenso en trineo, donde se alcanzan velocidades de hasta 150 km/h y, los competidores, soportan hasta 4 o 5 G. Para el empresario, el Pushcart Derby era el bobsleigh, pero sin nieve… Y, aunque parecía lisa y llanamente una locura, se fijó un objetivo: llevar un equipo de Jamaica en esta disciplina a los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary, Canadá, que se realizarían al año siguiente.
El primer gran desafío para Fitch fue reclutar atletas para el equipo y, a pesar del atractivo que representaba poder competir en los Juegos Olímpicos, entre el desinterés y las burlas –valga reiterar que, la idea, era cuanto menos descabellada– inicialmente no tuvo éxito.
En septiembre de 1987 y, en la primera charla introductoria que Fitch brindó sobre este proyecto, en uno de los salones del Estadio Nacional de Kingston colmado por jóvenes deportistas –y muchos curiosos también–, les informó sobre los aspectos que orientaban su búsqueda. Luego apagó las luces y proyectó un video sobre el bobsleigh, en el que también se vieron algunos accidentes en los muy veloces descensos. Cuando encendió las luces, el auditorio estaba casi vacío…
Fitch se contactó con algunos de los atletas jamaiquinos que se preparaban para los Juegos Olímpicos de Seúl (que tendrían lugar entre el 17 de septiembre y el 2 de octubre del año siguiente en la capital surcoreana) pero, por el lógico temor a lesionarse, todos rechazaron la propuesta.
En las federaciones de atletismo también recibió un “no” como respuesta; incluso colocó carteles en las calles y publicó una convocatoria en los principales diarios del país, pero fue en vano.
La conformación del equipo
Después de haber agotado casi todas las opciones, finalmente se contactó con la Fuerza de Defensa de Jamaica para pedir voluntarios a través de su amigo, el coronel Dokes y, según el libro Cool Runnings and Beyond, de Christian Stokes, la charla entre Fitch y Barnes fue la siguiente:
—¿Qué tipo de atletas necesitás, exactamente? —le preguntó el coronel.
—El inicio es bastante importante en este deporte —dijo Fitch—. Qué tan rápido podés empujar el trineo. Tengo entendido que los buenos corredores son buena materia prima para los pushers (los que empujan).
El coronel lo miró al mayor George Taylor, y le preguntó: “¿A quién tenemos así?”
—Bueno —respondió el mayor—, tenemos a Michael White, nuestro campeón de 100 metros. Es rápido, aunque no muy fuerte. Y tenemos a Devon Harris, que corre los 800 metros. Es fuerte, aunque no muy rápido.
—Envíelos a los dos —ordenó el coronel—, quien se dirigió de nuevo a Fitch: “¿Qué más?”
—El conductor es muy importante. Tiene que ser un líder, ser valiente, con buenas habilidades atléticas y excelente coordinación ojo-mano.
—Envíe al capitán (Dudley) Stokes —le indicó Barnes a Taylor.
Luego de tres días de pruebas, el primer equipo quedó conformado por el conductor, Dudley Stokes, los pushers Devon Harris, Michael White y Freddie Powell y, luego, se sumaron Samuel Clayton –un ingeniero de la Jamaica Railway Corporation, o Corporación Ferroviaria de Jamaica, que se retiraría tiempo después por motivos personales–, y Caswell Allen.
La preparación
Con el apoyo institucional de la Jamaica Olympic Association (JOA, o Asociación Olímpica de Jamaica), el Comité Olímpico que representa al país en los Juegos y, financiado por Fitch –quien desembolsó 92.000 dólares de sus ahorros– y la Jamaica Tourist Board (JTB, o Junta de Turismo de Jamaica), los integrantes del equipo se embarcaron en un curso “intensivo” de bobsleigh.
El entrenador a cargo de esta tarea fue Howard Banford Siler, Jr., quien había logrado la medalla de bronce en la modalidad de cuatro hombres de esta disciplina en el Mundial de la Fédération Internationale de Bobsleigh et de Tobogganing (FIBT, actual Federación Internacional de Bobsleigh y Skeleton) de 1969 en Lake Placid, Nueva York y que, además, se consagrara cinco veces campeón estadounidense.
La preparación para los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary comenzó a fines de septiembre de 1987 y se extendió hasta febrero del año siguiente, pocos días antes del inicio de las competencias. Con la colaboración en el staff de Pat Brown, que era uno de los entrenadores del equipo de los Estados Unidos, los jamaiquinos realizaron dos tipos de entrenamiento.
En primer lugar, el que podían realizar en su país, practicando el sprint (el empuje inicial del trineo hasta que lo abordan) con estructuras metálicas con peso adicional que simulaban los trineos que emplearían realmente, y que fue realmente difícil y hasta doloroso, ya que los equipos que empleaban no eran de calidad y, además, se estrellaron en innumerables oportunidades; y, segundo, los que realizaron en el exterior, especialmente en Lake Placid e Igls, Austria, donde sí practicaron con trineos reales.
Poco a poco, los medios empezaron a fijar su atención en un equipo caribeño que aspiraba a competir contra los mejores del mundo en un deporte que practicaban desde hacía solo seis meses y, los integrantes del mismo, hasta recibieron propuestas para aparecer en televisión.
Igual, una parte de la prensa afirmó que "los jamaiquinos no deberían estar en trineos, sino en la playa", y que "no es creíble cuando dicen de tener derecho a estar en el mismo escenario, al mismo tiempo, con los mejores del mundo". Pero aún, en ciertos ámbitos los llamaban despectivamente ragamuffins (en slang –jerga del idioma inglés–, se refiriere a una persona andrajosa y de mala reputación, o un niño pobremente vestido, a menudo sucio y, en lenguaje coloquial jamaiquino, así se denomina a los habitantes de los guetos del país).
¿Más? Diez días antes del inicio de los Juegos, el mismísimo Comité Olímpico Internacional quiso prohibirles participar, porque consideraba que todo era un chiste debido al revuelo mediático que se había originado a su alrededor por su presencia en Calgary.
Pero tuvieron un apoyo clave: el príncipe Alberto de Mónaco (al que todos llamarían Big Al en la Villa Olímpica) quien, junto con otras personalidades, intercedió por ellos aclarándole al COI que los jamaiquinos habían cumplido con todos y cada uno de los requisitos exigidos para participar en los Juegos.
Es más: todos veían a diario que, desde su llegada a Calgary, los caribeños se entrenaban duramente desde la salida del sol hasta las 21, cuando –completamente extenuados– se iban a dormir.
El histórico debut
El sábado 13 de febrero de 1988, ante los ojos de 60.000 espectadores y de unos 1500 millones de televidentes, los jamaiquinos ingresaron al McMahon Stadium con sus camperas amarillas con rayas blancas, gorros verdes y pantalones negros –George Fitch, el único blanco del equipo, utilizó un sombrero de cowboy del mismo color– y causaron asombro en la ceremonia inaugural de los Juegos de Calgary.
El abanderado de la delegación fue Dudley Stokes, y le costó contener la emoción en ese histórico momento, ya que era la primera vez que Jamaica, un país de clima tropical, participaba en los Juegos Olímpicos de ¡Invierno! "Fue la mejor bienvenida de mi vida", recordaría años después al recordar los gritos y aplausos del público.
El plan original era participar con dos binomios en la prueba de trineo para dos personas pero, el mismo, quedó sin efecto cuando Caswell Allen, el cuarto miembro del equipo, se lesionó en un entrenamiento, por lo que solo una pareja pudo competir en esta modalidad.
El sábado 20 y el domingo 21 de febrero, Dudley Stokes y Michael White hicieron historia al integrar el primer equipo jamaiquino que participó en los Juegos Olímpicos de Invierno. Aunque cometieron errores, fueron ovacionados por el público, que les reconoció la pasión y la entrega con que compitieron en un deporte que recién habían conocido –y empezado a practicar– solo seis meses atrás.
No obstante, se ubicaron en el 30º puesto entre 41 duplas participantes. Era más de lo que esperaban, ya que habían superado a más de diez equipos profesionales en su debut absoluto en unos Juegos de Invierno.
La prueba de cuatro personas
Animados por la decorosa actuación, decidieron ir por más: convencieron a George Fitch de que los dejara participar en la prueba de cuatro personas. El primer problema fue conseguir un trineo, que la Federación Canadiense de Bobsleigh estaba dispuesta a venderles por 25.000 dólares.
Para ello, el equipo organizó una fiesta en el club Orestes para recaudar el dinero, en la que sus integrantes vendieron muchísimas remeras que decían Jamaican bobsleigh: the hottest thing on ice (Bobsleigh de Jamaica: lo más caliente sobre el hielo), y que ya habían hecho antes para pagar los hoteles y las comidas en sus días de entrenamiento.
Sólo quedaba buscar al cuarto miembro, que fue Chris Stokes, el hermano de Dudley, un joven atleta que trabajaba y estudiaba en la Universidad de Idaho y que, en esos días, estaba en Calgary viendo competir a su hermano mayor.
En tiempo récord, Chris obtuvo un permiso especial del Comité Olímpico para competir pocos días más tarde en un deporte que solo había visto en televisión, lo que celebraron los organizadores de los Juegos y el público, que también querían verlos otra vez en acción.
No obstante y, sin importarles la falta de preparación o de personal entrenado, los jamaiquinos estaban decididos a competir. Simplemente querían correr. Y corrieron.
En la primera manga (o heat) de la modalidad de cuatro personas, que se disputó el sábado 27 de febrero, se rompió la barra de empuje del trineo que conducía Dudley Stokes –quien había sido seleccionado para ocupar este puesto en base a su excepcional concentración y experiencia como piloto de helicópteros– y, en la segunda, Michael White no pudo acomodarse del todo, lo que les hizo perder tiempo en el descenso.
El domingo 28 se presentó soleado y con el cielo despejado. A la hora de correr, unas 40.000 personas (en una disciplina que usualmente no convocaba más de 5000), querían ver qué harían los jamaiquinos.
—Listo —dijo Chris Stokes.
—Listo —dijo Michael White.
—Listo —dijo Devon Harris.
—Listo —dijo el capitán y conductor Dudley Stokes—. ¡Arriba! —gritó.
Se subieron al trineo (que, para cuatro personas, pesa como mínimo 210 kilos) y, tras un descenso relativamente normal, en la curva 9, llamada Kreisel, perdieron el control al tomarla excedidos de velocidad y se estrellaron a 115 km/h. Volcaron hacia el lado izquierdo y arrastraron el trineo durante 27 segundos a alta velocidad –por las rectas y cinco curvas más– y, sus cascos, golpearon la pared de hielo durante gran parte del trayecto.
Una vez que se detuvieron, comenzaron a levantarse de a uno y, tanto a Fitch (quien realmente temió lo peor), como a gran parte del público, les volvió el alma al cuerpo. Entre doloridos y avergonzados (porque sus orgullos los hicieron sentirse así), Devon Harris fue el primero en abandonar el trineo y, años después, recordaría: “Lo único que queríamos era salir de la vista de todo el mundo lo más rápido posible”.
A pesar de no haber podido completar la prueba, recorrieron caminando el tramo que restaba hasta el final con la frente bien en alto, seguidos por el trineo que remolcaban los auxiliares, saludando y sonriendo a la multitud y dándole la mano a las innumerables personas que extendían las suyas y los felicitaban por el esfuerzo realizado y el espíritu deportivo evidenciado. “La gente nos empezó a saludar y alentar. Nos hizo sentir un poco mejor, no mucho mejor”, completó Harris.
Los hermanos Stokes fueron trasladados en una ambulancia para ser atendidos por heridas menores, mientras que los otros dos se dirigieron al hotel. La aventura había terminado pero, estos audaces atletas caribeños, demostraron que el deporte no está restringido por las fronteras o el clima particular de un país, sino que su práctica es ilimitada merced al espíritu de lucha de sus habitantes.
La película
Debido a la enorme repercusión que provocó la participación del equipo de Jamaica en Calgary 1988, la productora Walt Disney Pictures se contactó con Fitch para hacerse con los derechos de esta historia.
El producto final fue la comedia Cool Runnings, conocida en Latinoamérica como Jamaica bajo cero, que se estrenó el 1 de octubre de 1993 y dura 98 minutos. Dirigida por Jon Turteltaub, fue protagonizada por John Candy y, aunque en sus créditos se exhibe la frase “basada en hechos reales”, hay innumerables diferencias con lo que sucedió en los Juegos Olímpicos de Invierno donde debutó el equipo jamaiquino.
Con un presupuesto de apenas 14 millones de dólares, el filme fue un rotundo éxito comercial, ya que recaudó más de 154,8 millones. Pero en la realidad ni hubo entrenamientos en bañaderas –que simulaban los trineos– ni, tampoco, los miembros del equipo de Jamaica sufrieron bullying por parte de los representantes de Alemania Oriental.
Por caso, en la película los caribeños se accidentan al volcar el trineo durante el último día de competencias, se levantan y lo cargan juntos hasta la meta mientras son ovacionados por todo el público. Pero, en la realidad, unos auxiliares remolcaron el trineo tras el vuelco y, los deportistas, llegaron caminando solos. “Cerca del 1 por ciento es verdad: el accidente. Todo lo demás es ficción”, dijo Fitch, quien no tuvo ningún tipo de control sobre el guión y no quedó para nada conforme: "Escribieron lo que querían escribir”, se quejó. Sin embargo, Devon Harris reconoció que ama la película porque "inmortalizó" al equipo.
El legado
Jamaica continuó participando en bobsleigh en los Juegos siguientes. Se presentaron en los de 1992, en Albertville, Francia; 1994 (Lillehammer, Noruega), donde ocuparon el meritorio 14º puesto, relegando a naciones competitivas en la disciplina como Estados Unidos, Rusia, Australia, Francia e Italia; 1998 (Nagano, Japón); 2002 (Salt Lake, Estados Unidos); 2014 (Sochi, Rusia), donde finalizaron penúltimos, y 2022 (Beijing, China).
Aunque nunca más volvieron a tener el grado de repercusión que alcanzaron en la histórica semana de fines de febrero de 1988, cada cuatro años hacen su mejor esfuerzo para clasificarse a los Juegos Olímpicos de Invierno.
¿Algún día ganarán el oro? Solo el tiempo tiene la respuesta.
Pero, sin dudas, el ejemplo de superación y afán deportivo que sembraron en Calgary 1988 seguirá dado sus frutos, tal como acertadamente estimó en una entrevista Dudley Stokes, capitán del equipo pionero en participar de unos Juegos de Invierno.
"Mucho tiempo después comprendí lo que el bobsleigh jamaiquino significó para la gente y lo que significa hoy todavía. Es lo mejor del Movimiento Olímpico. No se trata del tiempo que pasás en el hielo sino que, seas de donde seas, sean cuales sean tus circunstancias, podés llegar a algo, podés hacer más de vos. Podés hacer más de lo que pensás, y más de lo que cree la gente que tenés a tu alrededor”.
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