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José Lino Lemos, el maestro que dejó su huella en el boxeo

Lemos, que falleció a los 84 años, fue un referente indiscutido del pugilismo santafesino y, en su extensa y fructífera trayectoria como entrenador –formando amateurs y dirigiendo profesionales–, en 2006 alcanzó la gloria mundial con la consagración de Carlos Manuel Baldomir como rey welter CMB.

Hacía un mes y 23 días que había cumplido 84 años, de los cuales casi 70 los pasó sobre un ring como pugilista amateur y profesional y, tras su retiro, su nuevo lugar estuvo a la vera del mismo o en cualquier rincón de la ciudad, la provincia, el país o el mundo, convirtiéndose en uno de los más destacados entrenadores que el boxeo santafesino y argentino hayan conocido.

Se fue el martes 15 de noviembre último, el día que la ciudad que adoptó como suya cumplió 449 años pero, la huella y el legado de José Lino Lemos, permanecerán por siempre entre sus pupilos y las nuevas generaciones que, tal como él hiciera de muy joven, se calzarán un par de guantes en busca de un destino mejor.

El boxeo fue su vida

José Lino Lemos nació en Marul, Córdoba, el 23 de septiembre de 1938, pero fue anotado el 1 de octubre siguiente. Su familia se trasladó a nuestra provincia cuando tenía 6 años y, hasta los 12, vivió en Paraje Rincón de Ávila, una zona rural al norte de Esperanza y a la vera de la ruta provincial 6.

A los 15 años y, ya afincado en nuestra ciudad, ingresó a un gimnasio por primera vez y, de la mano de quien sería su mentor, Amílcar Oreste Brusa, se inició en la práctica del boxeo. Menos de dos años después debutó como amateur –donde enfrentó, entre otros, al rosarino Juan Carlos Juncos, un gran prospecto de la época– y, tras adquirir una rica experiencia en el terreno aficionado, saltó al profesionalismo.

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A los 15 años ingresó a un gimnasio por primera vez y, de la mano de quien sería su mentor, Amílcar Oreste Brusa, se inició en la práctica del boxeo. Menos de dos años después debutó como amateur y, tras adquirir una rica experiencia en el terreno aficionado, saltó al profesionalismo.

A los 15 años ingresó a un gimnasio por primera vez y, de la mano de quien sería su mentor, Amílcar Oreste Brusa, se inició en la práctica del boxeo. Menos de dos años después debutó como amateur y, tras adquirir una rica experiencia en el terreno aficionado, saltó al profesionalismo.

A su primer combate rentado lo disputó el viernes 29 de julio de 1960 –menos de dos meses antes de cumplir 22 años– y, en esta capital, le GKOT 4 a Antonio Cristoso. Uno de sus más recordados rivales fue el reconquistense Roberto Cheta, a quien logró derrotar dos veces a Lemos y, en ambos casos, por puntos tras 10 asaltos: se midieron el miércoles 9 de abril y el viernes 13 de diciembre de 1963.

Su última pelea tuvo lugar en Córdoba y, el viernes 18 de junio de 1965, PKOT 9 con el local José Horacio Paredes. Tenía 26 años y, tras 37 presentaciones en el terreno rentado (con un muy buen récord de 32-4-1, 26 ko), decidió retirarse y se volcó a la que sería su nueva función: director técnico.

En la misma, Lemos se destacó rápidamente e inculcó en sus pupilos todo lo aprendido con Brusa –quien, al igual que en su campaña amateur, estuvo en su rincón durante su trayectoria profesional– y fue dejando su inconfundible impronta en cada uno de ellos: apego al trabajo duro, junto con una inclaudicable dedicación y alta calidad humana.

Entre otros, entrenó a tres púgiles que ya habían combatido en el exterior: el superwelter Carlos Manuel del Valle Herrera y el mosca Alberto Ramón Pacheco –ambos sanjustinos–, y el mediano oriundo de Avellaneda (departamento General Obligado) Oscar Florentín, que se habían entrenado a las órdenes de Brusa en Caracas, Venezuela, uno de los destinos donde el Maestro volcó toda su sabiduría tras irse del país como consecuencia de sus irreconciliables diferencias con Juan Carlos Lectoure, titular del Luna Park.

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Lemos combatió como profesional entre el 29 de julio de 1960 y el 18 de junio de 1965, lapso en el que disputó 37 peleas, con un récord 32-4-1 (26 ko). Aún no había cumplido 27 años cuando decidió retirarse y se volcó a la que sería su nueva función: director técnico.

Lemos combatió como profesional entre el 29 de julio de 1960 y el 18 de junio de 1965, lapso en el que disputó 37 peleas, con un récord 32-4-1 (26 ko). Aún no había cumplido 27 años cuando decidió retirarse y se volcó a la que sería su nueva función: director técnico.

Lemos ya conducía su propio gimnasio en el Club República del Oeste de nuestra ciudad y, el 8 de febrero de 1985, consagró a su primer campeón. Ese viernes y, en Concordia, Entre Ríos, Alberto Pacheco le GPP 12 al local Ramón Horacio Albers y se alzó con la corona argentina mosca.

Años después se mudaría al gimnasio del Club Atlético Colón, ubicado debajo de la tribuna popular Sur (la que da al Fonavi San Jerónimo) del estadio Brigadier López y, entre otros de sus dirigidos, podemos citar a Julio César Vásquez (el Zurdo, nacido en el barrio Santa Rosa de Lima de esta capital, sería bicampeón mundial superwelter AMB 1992-1995, y 1995-1996); el supergallo esperancino Néstor Luis Paniagua; otros tres santafesinos: los welter Carlos Alberto René More y Carlos Manuel Baldomir, y el superwelter y mediano Fernando Roberto Vera, y el pluma santotomesino Carlos Alberto Ramón Ríos (campeón sudamericano de la categoría y cuádruple retador mundialista: ante el filipino Luisito Espinosa, el estadounidense Floyd Mayweather, Jr., el brasileño Acelino Freitas y el sudafricano Phillip Ndou).

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Con la partida de José Lino Lemos, el boxeo santafesino y nacional perdió a un invaluable hacedor de púgiles y, la mejor manera de honrar su memoria, será continuar con la incansable labor a la que le dedicó toda su vida.

Con la partida de José Lino Lemos, el boxeo santafesino y nacional perdió a un invaluable hacedor de púgiles y, la mejor manera de honrar su memoria, será continuar con la incansable labor a la que le dedicó toda su vida.

Otros de sus monarcas fueron los santafesinos César David Crenz (titular argentino crucero) y Damián Leonardo Yapur (monarca nacional welter junior) y, su máximo logro como entrenador, fue la conquista del título mundial welter del Conseo Mundial de Boxeo (CMB) por parte de Carlos Manuel Baldomir quien, el sábado 7 de enero de 2006 y, en el Theater del Madison Square Garden neoyorquino, le GPP 12 (unánime) al zurdo local Zab Judah.

De este modo, el Tata (el sexto campeón que consagró nuestra provincia en su historial, y el segundo de la ciudad capital) se ciñó la corona de las 147 libras o 66,678 kilos –en un guiño del destino, la misma categoría en la que peleaba Lemos– y lo hizo marcando tres hitos que engrandecen la labor de su entrenador: fue el primer argentino que se alzó con un cetro welter, el de mayor edad en consagrase campeón mundial (hasta ese momento) y, además, fue el primer púgil nacional que se coronó en el legendario Madison.

Con los años, su hijo Carlos comenzó a trabajar con él en el gimnasio de la entidad del barrio Centenario (no solo como técnico sino, también, como manager y organizador de festivales, tanto amateurs como profesionales) el cual, ahora, seguirá el imborrable camino trazado por su padre, el mejor maestro que pudo tener.

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Con el correr de los años, su hijo Carlos comenzó a trabajar con él en el gimnasio del Club Atlético Colón (no solo como técnico sino, también, como manager y organizador de festivales amateurs y profesionales) el cual, ahora, seguirá el imborrable camino trazado por su padre, el mejor maestro que pudo tener.

Con el correr de los años, su hijo Carlos comenzó a trabajar con él en el gimnasio del Club Atlético Colón (no solo como técnico sino, también, como manager y organizador de festivales amateurs y profesionales) el cual, ahora, seguirá el imborrable camino trazado por su padre, el mejor maestro que pudo tener.

Con su partida, el boxeo perdió a un invaluable hacedor de púgiles y, la mejor manera de honrar su memoria, será continuar con la incansable labor a la que le dedicó toda su vida. Su ejemplo y don de gente fue y será reconocido en cualquier gimnasio o ring donde, partir de ahora, su legado dará el presente.

Por eso, suenen diez campanadas en memoria de José Lino Lemos, el maestro del boxeo santafesino y argentino que dejó una huella que será imborrable.