El atleta de 31 años fue el primer hombre en correr de manera oficial por debajo de las dos horas, aunque no fue el único: su escolta Yomif Kejelcha llegó sólo 11 segundos más tarde. Al mismo tiempo, la keniana Tigst Assefa mejoró el récord mundial femenino, que era de su propiedad, corriendo en 2 horas, 15 minutos y 41 segundos.
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Sebastián Sawe celebra exhibiendo su tiempo en su zapatilla. (Foto: REUTERS/Matthew Childs TPX IMAGES OF THE DAY).
Gonzalo Bonadeo y el Maratón de Londres
La entrevista semanal arrancó con datos, números y asombro. Luis Mino, conductor de Ahora Vengo en AIRE de Santa Fe, presentó a Gonzalo Bonadeo con una batería de apuntes sobre lo ocurrido en el maratón de Maratón de Londres: una marca de 1h 59m 30s que rompió la lógica histórica de la prueba y registro que ostentaba el keniano Sabastian Sawe.
Luego, Gonzalo Bonadeo llevó la conversación a un plano más profundo. Más allá del impacto de bajar las dos horas —una frontera simbólica largamente discutida en el atletismo— el periodista puso el foco en las derivaciones que este logro traerá en los próximos meses.
Para el periodista de Buenos Aires, el análisis no puede quedarse solo en el tiempo final. Destacó especialmente la actuación del etíope Yomif Kejelcha, quien cruzó la meta apenas segundos después y en su debut en la distancia, y recordó que se trata de un atleta con experiencia en Mundiales y Juegos Olímpicos, acostumbrado al trabajo táctico y en equipo en grandes competencias.
El primer eje fuerte del debate: las zapatillas
Gonzalo Bonadeo advirtió que el modelo utilizado por Sabastian Sawe —las Adizero Adios Pro Evo 3 de Adidas, de apenas 97 gramos, con placa de carbono y una espuma ultraliviana— ya generó ruido en el ambiente. “La clave en el atletismo es tener los pies lo menos posible en el suelo”, explicó, comparándolo con la natación, donde la ventaja es nadar lo más cerca posible de la superficie.
El problema, según el periodista, es que este tipo de tecnología puede abrir una discusión reglamentaria similar a la que ocurrió en la natación en 2008 con los trajes enterizos que luego fueron prohibidos por la ventaja que otorgaban.
Además, marcó otro punto poco mencionado: el impacto en los aficionados. "Son zapatillas que rondan los 500 dólares, diseñadas prácticamente para una sola maratón y que, mal utilizadas por corredores no profesionales, pueden provocar lesiones por la exigencia biomecánica que generan", dijo.
En otro tramo de la charla hablaron del trabajo científico y nutricional previo de Sawe durante 12 meses, con estudios sobre el gasto energético en tiempo real mediante el uso de isótopos de carbono 13 para medir cómo su cuerpo utilizaba los carbohidratos durante la competencia.
Gonzalo Bonadeo no minimizó ese aspecto y lo relacionó con un fenómeno más amplio en el deporte moderno: la alimentación como factor clave en la extensión del rendimiento de los atletas de élite, tal como ocurrió en otras disciplinas individuales en los últimos años.
Sin embargo, volvió al eje central: “Para homologar algo primero tiene que ser conocido. Y de estas zapatillas no se hablaba hace un mes”. Para él, la discusión recién empieza y seguramente involucrará a otras marcas deportivas que también trabajan en desarrollos similares.
Incluso planteó una reflexión más de fondo: si realmente tiene sentido hablar de récord mundial en maratón, cuando las condiciones de cada circuito (puentes, subidas, bajadas, trazado urbano) son tan distintas entre ciudades como Londres, Berlín, Tokio, Boston o Nueva York.
La conclusión fue clara: lo hecho por Sawe es enorme, pero el impacto real del maratón de Londres no terminó en la llegada. Recién empieza ahora, en los despachos técnicos y reglamentarios del atletismo mundial.
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