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Deportes Final Copa Sudamericana | Colón |

Es mentira que lo único que sirve es ganar

La derrota en la final de la Copa Sudamericana no puede borrar todo el camino que recorrió Colón para llegar al partido más importante de su historia.

El All England Lawn Tennis & Crocquet Club es el nombre formal de la sede en la que, anualmente y desde hace mas de un siglo, se juega el torneo de tenis de Wimbledon. Autotitulado por los británicos como “The Championship”, la evolución del circuito profesional de tenis ha dejado en claro que no es el único campeonato como dejan presumir sus creadores. Sin embargo, no me animaría a discutir la idea de que, sino el único, por lo menos el que se juega en las afueras de Londres, entre la última semana de junio y la primera de julio, merece ser considerado “El Campeonato”. Por su singularidad, su tradición y su encanto.

El estadio principal, aún pese a las distintas refacciones que se le hicieron en las ultimas décadas, mantiene la que se llama la “Puerta de los Campeones”, una puerta vaivén doble que abre el camino hacia la cancha de tenis más famosa del planeta. Justo arriba de esa puerta, desde principios del siglo XX, hay una placa de madera sobre la cual está tallado un fragmento de un famoso poema de Rudyard Kipling titulado "Si", que presume ser un mensaje de un padre a su hijo que termina diciendo: “Si puedes llenar el minuto inolvidable con los sesenta segundos que lo recorren. Tuya es la Tierra y todo lo que en ella habita y –lo que es más-, serás Hombre, hijo”.

Ese cartel rescata una frase que, para mi gusto, sintetiza casi todo aquello que trasciende desde el deporte. Una frase que dice: “Si puedes encontrarte con el Triunfo y el Desastre y tratar de la misma forma a esos dos farsantes…”

No crean ni que están leyendo un texto equivocado ni que yo confundí la obvia consigna del día, que es parar los relojes y los corazones soñando con la gloria máxima que jamás haya conseguido Colón de Santa Fe en sus 114 años de existencia. Tampoco esperen una crónica detallada de lo que acaba de suceder en la Nueva Olla: no pretendo modificar ni un poco lo que cada uno de ustedes sintió durante esta final tempranamente deformada por una lluvia de esas que frustra cualquier intento de idea de juego colectivo sensato, sino darle una vuelta de tuerca para que nos pongamos de acuerdo en que, a la hora de disfrutar de una conquista –de cualquier tipo y especialmente las deportivas-, es mentira que lo único que sirve es ganar.

Esa idea de Kipling, la del triunfo y el desastre como dos caras efímeras de una misma moneda, sirve tanto para el campeón de Wimbledon como para la epopeya detrás de la cual viajaron decenas de miles de hinchas a Asunción.

Desde ya que todos y cada uno de ellos apuntó a Paraguay sin otra idea que la de atestiguar la primera gran conquista internacional de un equipo de la capital de la provincia. Y esto vale no solo por el placer de lograr algo propio sino, también, para enrostrarle al rival mas importante que uno ya tiene lo que, vaya uno a saber, si el otro alguna vez logrará. Sin embargo, soy un convencido de que hay momentos en la vida que valen la pena más allá del resultado final. Ni que hablar cuando hablamos de deporte. ¿O acaso la derrota contra Francia del último Mundial borró el abrazo loco que te diste con tu hermano, tu hermana, tu viejo o tu vieja cuando Marcos Rojo nos sacó a Nigeria del camino? ¿No fueron siquiera seis meses entre el desconsuelo por el descenso en desempate contra Atlético Rafaela y la emoción por la vuelta a primera contra Boca Unidos?

Así, tengan o no a Colón como protagonista, podemos llenar este espacio con miles de episodios similares. Casi todo lo que nos pasa en la vida es un momento. Le pasa al olímpico que se sube al podio que soñó toda una vida y admite que, finalmente, lo que sintió allí arriba no solo no se pareció a lo que el imaginaba sino que lo reconoce como un episodio único e irrepetible. Y le pasa a esa pareja que, después de años de pelearla, se entera de que tendrán un hijo.

No pretendo con esto consolar a nadie. Solo aspiro a que los hinchas de Colón sean conscientes de que todo lo que se vivió hasta las 17.30 del sábado 9 de noviembre de 2019 será un recuerdo tan poderoso e imborrable como todo lo que sucedió a partir del comienzo de la final deseada.

Que nadie le podrá robar la sensación de ilusión omnipotente que rodeo a la procesión sabalera a Paraguay.

Finalmente.

Que los de Colón que menospreciaron a los futbolistas cuando, en las malas, los acusaban de llegar a Santa Fe de paseo, comprendan que nadie desea más ganar ni sufre mas perder que el que juega.

Que los de Unión, a los que les quedo el consuelo de burlarse de una derrota, nunca se olviden de que solo pierden finales aquellos que la juegan.

Que ojala por el bien del fútbol santafesino, jugar cosas valiosas a nivel internacional no sea mas una excepción sino una sana costumbre que honre la historia grande de sabaleros y tatengues.