Y completó: “Dundee dijo: «Yo vi pelear a Monzón cinco veces por televisión y, en ese momento, me formé una pobre opinión de sus capacidades. Pero, cuando estuve en el rincón de (el cubano-mexicano José Ángel Mantequilla) Nápoles cuando este hizo un esfuerzo inútil ante Monzón, descubrí que el sudamericano era verdaderamente un boxeador top, para todos los tiempos». Actualmente, es uno de los púgiles de mayor reputación y, por eso, esperamos su presentación”.
Si Loubet quería ver a Carlos, muy pronto se cumpliría su deseo y, de esta manera, el sanjavierino le pondría punto final a un detalle muy particular en su gloriosa carrera: por entonces, Escopeta era el único campeón mediano de la historia que todavía no había combatido en los Estados Unidos.
A principios de ese mismo mes, Monzón había retomado los entrenamientos en Buenos Aires de cara a su 11ª defensa de su cinturón de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB); Por su parte, el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) le había quitado su reconocimiento en abril del año anterior.
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En una foto promocional del festival realizado en el Madison Square Garden aparecen, desde la izquierda, Víctor Emilio Galíndez, quien realizó la segunda defensa de su corona mediopesada AMB; el retador del bonaerense, el mendocino Jorge Víctor Aconcagua Ahumada; Carlos Monzón, y el desafiante del cetro de Escopeta, el estadounidense Tony Licata.
Expuso una sola corona
Vale recordar que la supuesta historia oficial de que Escopeta fue desposeído del cetro del CMB por no realizar el antidoping tras el choque ante Mantequilla Nápoles (en la que fue su 9ª defensa), a quien le GKOT 7 el 9 de febrero de 1974 en la Ville de Puteaux, Hauts-de-Siene, en los suburbios de París, es totalmente inexacta.
La verdadera razón fue que el colombiano Rodrigo Valdés rechazó una oferta de 18.000 dólares para enfrentar a Monzón en el Luna Park y, aprovechando esta situación, el profesor Ramón G. Velázquez, presidente por entonces del CMB, desconoció a Escopeta como campeón, aduciendo que “no tenía suficiente comunicación con Buenos Aires” y, por eso, ordenó cubrir la vacancia de la corona con el choque entre el oriundo de Cartagena y el estadounidense Bennie Briscoe el 25 de mayo de 1974.
Ese día, en el estadio Louis II de Montecarlo y, con el arbitraje del británico Harry Gibbs, el colombiano le GKOT 7 al radicado en Filadelfia y se coronó campeón mundial de las 160 libras.
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Durante su estadía en Nueva York, los campeones mundiales argentinos que defendieron sus títulos se alojaron en el Barbizon Plaza, frente al Central Park; se entrenaron en el Felt Forum (también completaron su puesta a punto en el Bobby Gleasson Gym), y siempre tuvieron su mesa reservada en La Milonga, un restaurante argentino ubicado a pocas cuadras del hotel.
Según el dirigente mexicano, el promotor Juan Carlos Lectoure negaba la autoridad del CMB porque siempre (menos al final de su trayectoria), respondió a la línea que bajaba de la AMB.
El propio Velázquez se lo reconoció al recodado colega Julio Ernesto Vila –quien fuera clasificador oficial del CMB durante décadas– cuando le dijo que “no puedo seguir reconociendo a un púgil cuyo manejador desconoce mi autoridad”.
De un plumazo y, en un escritorio y no sobre un ring, Escopeta se había quedado sin una de sus coronas. A partir de ese momento y, hasta que unificara los títulos con Valdés el 26 de junio de 1976 en el principado de Mónaco, el sanjavierino solo sería reconocido como monarca de los 72,574 kilos por la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).
En la Gran Manzana
El campeón mundial oriundo de San Javier sabía el rival y el lugar de la defensa que efectuaría en los Estados Unidos pero, su fecha, aún no estaba confirmada. Recién el domingo 8 de junio, Escopeta recibió la noticia de que el choque tendría lugar 22 días después, el lunes 30 del mismo mes.
La misma la realizaría ante el estadounidense Tony Licata y, el escenario, sería nada menos que el legendario Madison Square Garden de Nueva York, en el que a lo largo de su riquísima historia, combatieron monstruos consagrados de todos los tiempos, tales como Jack Dempsey (el que sostuvo el inolvidable combate con Luis Ángel Firpo el 14 de septiembre de 1923 en el Polo Grounds de dicha ciudad); Joe Louis (bautizado como Joseph Louis Barrow y quien fuera conocido como el Bombardero de Detroit, el formidable campeón pesado, división en la que aún se mantiene el récord de 25 defensas exitosas que realizó); Ray Sugar Robinson (su verdadero nombre era Walker Smith, Jr., considerado por muchísimos expertos como el mejor boxeador de todos los tiempos sin distinción de categorías, que reinó en welter y, cinco veces, en mediano, la misma en que lo hizo Monzón), y el fenomenal Muhammad Ali, por citar a solo cuatro de ellos.
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Durante el pesaje oficial, Monzón acusó en la balanza 72,460 kilos y, su desafiante, 72,570. Esa noche, Escopeta realizó la 11ª defensa de su cinturón de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) ya que, el Consejo Mundial de Boxeo (CMB), le había quitado su reconocimiento en abril del año anterior.
Esa noche, Carlos por fin inscribiría su nombre entre los elegidos que se presentaron en el Garden (como simplemente y a secas lo llaman los estadounidenses), en una jornada que sería histórica porque, en esa oportunidad, hubo tres títulos mundiales en juego, aunque solo dos de ellos tuvieron lugar en el estadio neoyorquino ya que, el tercero, ¡se disputó a poco más de 15.000 kilómetros de distancia!
Alojados en el Barbizon Plaza, frente al Central Park, Carlos y el bonaerense Víctor Emilio Galíndez –que también expondría su corona ecuménica mediopesada en este festival– se entrenaron en el Felt Forum (también completaron su puesta a punto en el Bobby Gleasson Gym), y siempre tuvieron su mesa reservada en La Milonga, un restaurante argentino ubicado a pocas cuadras del hotel.
La primera pelea mundialista entre argentinos
En el Nuevo Madison (el que habían inaugurado el estadounidense Emile Griffith y el italiano Giovanni Nino Benvenuti el 4 de marzo de 1968 por el cetro mediano AMB-CMB, en el tercer y último choque entre ambos), no hubo combates preliminares y, la velada –que fue organizada por Don King–, comenzó con la pelea entre Galíndez, quien le GPP 15 (unánime) al mendocino –oriundo de Godoy Cruz y radicado en la Gran Manzana desde 1973, y que fue campeón mediano en los Juegos Deportivos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, en 1967– Jorge Víctor Aconcagua Ahumada, en la que fue la segunda defensa del cetro mediopesado AMB (175 libras o 79,378 kilos) que el nacido en Vedia había conquistado en diciembre del año anterior.
La pelea fue pareja y cerrada. Al final del tercer round y, con una precisa izquierda, Galíndez derribó a Ahumada. El mendocino se levantó y, su entrenador, Gil Clancy, le reclamó al árbitro irlandés –radicado en Boston– Jimmy Devlin, porque sostenía que el golpe del campeón había sido después de la campana que dio por terminado ese asalto.
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La pelea Galíndez (derecha)-Ahumada fue pareja y cerrada. Al final del tercer round y, con una precisa izquierda, el campeón derribó al retador. Y, en el octavo, un choque cabezas provocó un corte en uno de los arcos superciliares de Galíndez, quien debió combatir con esta herida hasta el final. Tras 15 rounds, el monarca mediopesado retuvo su cetro en fallo unánime.
Y, en el octavo, un choque cabezas provocó un corte en uno de los arcos superciliares de Galíndez, quien debió combatir con esta herida hasta el final.
Fue la quinta vez que se enfrentaron y, el saldo, quedó 4-1 a favor de Galíndez. Se midieron en 1970 (Víctor GKO 5 en el Luna Park), y tres veces en 1971 (Jorge GPP 10 en Mendoza y, Galíndez GKO 9 y 6, respectivamente, en ambos casos en el Luna Park). La última vez que chocaron en un ring, fue en este combate histórico para nuestro boxeo.
Además, este combate se convirtió en la primera pelea de la historia entre argentinos con un título mundial en juego. Pavada de honor...
Asimismo, también por primera vez en el estado de Nueva York, un argentino actuó como juez tras aprobar el exigente examen de la Comisión Atlética del mismo: fue Raúl Amadeo, uno de los que estuvieron al borde del ring en el choque Monzón-Bennie Briscoe en 1972 y que, entre 1978 y 1985, fue presidente de la Federación Argentina de Box; además, afilió a la FAB al CMB en 1977.
Tras 15 asaltos, el árbitro Jimmy Devlin falló 9-5-1; el juez neoyorquino Bill Recht, 10-3-2 y, Amadeo, 6-2-7.
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Licata, nacido en New Orleans, Louisiana, el 1 de enero de 1952, e hijo de padre italiano y madre china, solo opuso una gran guapeza –como dato remarcable, sobresalía el hecho de que jamás había sido noqueado en su carrera–, ante la enorme categoría de Carlos, al que le aguantó hasta donde pudo.
Una nueva defensa exitosa de Monzón
Luego del combate Galíndez-Ahumada, se desarrolló el que sostuvieron Monzón y Licata. Este, nacido en New Orleans, Louisiana, el 1 de enero de 1952, e hijo de padre italiano y madre china, solo opuso una gran guapeza –como dato remarcable, sobresalía el hecho de que jamás había sido noqueado en su carrera–, ante la enorme categoría de Carlos, al que le aguantó hasta donde pudo.
Esa noche, hubo 13.496 espectadores en el Garden, de los cuales unos 10.000 fueron argentinos radicados en distintas ciudades de los Estados Unidos, quienes asistieron a una velada con la presencia de tres púgiles nacidos en nuestro país en las peleas principales, hecho inédito hasta entonces.
Con Monzón y Licata sobre el cuadrilátero, el popular Horacio Deval (su nombre real era Adolfo Tudisco y, aunque nació en el barrio capitalino de Boedo, años después se radicó en Miami) entonó el icónico tango Mi Buenos Aires querido previo al combate.
En la única pelea que realizaría en este país en su incomparable trayectoria, Carlos quería ganar y dejar una buena impresión porque, en la previa, diversos medios periodísticos locales se habían explayado –con grandes titulares– sobre el récord, estilo y características para boxear y la potencia de Escopeta.
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“El árbitro debió haber parado antes la pelea. Esa noche no anduve bien, porque me cansé un poco, medio que me fundí, y tardé en rematarlo”, recordaría Monzón. Menos mal: Carlos derribó a su oponente tres veces hasta que, a los 2’43” del 10º round, el árbitro local Tony Pérez detuvo la enorme paliza que el campeón le estaba propinando a su retador.
Además, éste era un público nuevo, totalmente distinto al europeo, al que estaba acostumbrado a saludar antes y después de cada una de sus peleas y al que siempre lo tuvo en un bolsillo.
El sanjavierino reconocería que “(Licata) no sé cómo aguantó, y suerte que la pararon, porque le pegué por todos lados. Fue muy guapo y el árbitro debió haber parado antes la pelea. Pero esa noche no anduve bien, porque me cansé un poco, medio que me fundí, y tardé en rematarlo”.
Menos mal: Carlos (quien esa noche pesó 72,460 kilos y, su desafiante, 72,570) derribó a su oponente tres veces hasta que, a los 2’43” del 10º round, el árbitro local Tony Pérez (su esposa, Bárbara, también fue jueza y actuó como tal en innumerables combates mundialistas), detuvo la enorme paliza que el campeón le estaba propinando a su retador.
Si algo le faltaba a Escopeta, era tener al mismísimo Madison a sus pies, lo que logró tras una clara y rotunda victoria, con demoledora superioridad.
Los interminables aplausos que bajaron desde los cuatro costados del legendario estadio, así lo demostraron.
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Tras la nueva victoria de Monzón, sobre el ring del Madison descendieron cuatro pantallas gigantes de televisión, en las que se pudo apreciar vía satélite el combate que sostuvieron en el Merdeka Stadium de Kuala Lumpur, Malasia –que comenzó a las 10.30 del martes 1 de julio, hora local–, el por entonces rey pesado, Muhammad Ali (izquierda), quien le GPP 15 (unánime) a Joe Bugner, reteniendo así sus coronas pesadas AMB-CMB.
¡Ah! Y Nat Loubet, el editor de The Ring, derramó una catarata de elogios sobre Monzón. “He’s a destroyer” (“Es un destructor”), sintetizó sobre la 11ª defensa exitosa del nacido en San Javier.
¿Y la tercera pelea mundialista? Tras la nueva victoria de Carlos, descendieron sobre el ring cuatro pantallas gigantes de televisión, en las que se pudo apreciar vía satélite el combate que sostuvieron en el Merdeka Stadium de Kuala Lumpur, Malasia –que comenzó a las 10.30 del martes 1 de julio, hora local–, el por entonces rey pesado, Muhammad Ali, quien le GPP 15 (unánime) a Joe Bugner, reteniendo así sus coronas pesadas AMB-CMB.
Esa noche, El Más Grande enfrentó a un auténtico trotamundos: József Kreul Bugner (su nombre real) había nacido en Szöreg, Hungría, el 13 de marzo de 1950; cuando era niño, sus padres se exiliaron en Inglaterra –nacionalidad que luego adoptó– y, ya como boxeador profesional, se radicó en Gold Coast, Queensland, Australia.