menu
search
Deportes Qatar |

El bioingeniero santafesino que trabaja para Qatar preparando deportistas de élite

Dino Palazzi fue contratado por Qatar en 2005 para construir elementos deportivos que ayuden a mejorar el rendimiento de sus atletas. En una charla con AIRE, contó los detalles de su trabajo, su vida en el país del Medio Oriente y cuál es la parada obligada cuando viene de visita a Santa Fe.

Santa Fe suele ser reconocida por su capacidad exportadora y considerada uno de los distritos más importantes del país e incluso de la región. Habitualmente se habla de materias primas, manufacturas de origen agropecuaria o industriales, pero a veces pasa desapercibido que es una provincia que da grandes recursos humanos y ese es el caso de Dino Palazzi: un bioingeniero santafesino que fue contratado por Qatar para construir elementos y “aparatos” deportivos que ayuden mejorar el rendimiento de sus atletas. La creatividad, el ingenio y la pasión por el deporte caracterizan al hincha tatengue que se fue a Medio Oriente en 2005 para armar uno de los centros deportivos más importantes del mundo. Tras varios años, el país árabe escaló a los puestos de élite en más de un deporte.

Sus comienzos: El atletismo, la bioingeniería y los primeros pasos

Dino hizo atletismo gran parte de su vida, corría 110 con vallas y velocidad, de ahí viene su pasión por el rubro. “No era muy bueno, pero me gustaba”, le confesó a AIRE. Un día algo le hizo una especie de click y le marcó el camino. “Fui a unos cursos con checoslovacos que vinieron a Santa Fe a mostrar cómo se ponían a punto los atletas olímpicos y a partir de eso, me decidí estudiar algo relacionado”, comentó desde Doha. En ese momento se abrió la carrera de Bioingeniería en la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) y decidió anotarse.

Dino Palazzi Diego Maradona en Qatar 1.jpg
Dino con Diego Armando Maradona en una charla en Qatar.

Dino con Diego Armando Maradona en una charla en Qatar.

“A mi proyecto final lo basé en un elemento para medir las frecuencias de pisada de un atleta y la frecuencia cardiaca por radio. En esa época era como ciencia ficción, pero diseñé un aparato así”, cuenta el santafesino sin saber que esas invenciones lo llevarían años más tarde a trabajar en lo más alto del deporte argentino y luego a Qatar. Una vez recibido, trabajó años en lo que es hoy el Centro de Altos Rendimientos (CARD) de Santa Fe hasta que se fue a Estados Unidos becado por la Secretaría de Deportes de la Nación.

La beca se lanzó porque el Estado argentino “quería comprar unos equipos para un laboratorio de biomecánica. Viajé a Estados Unidos, pude formarme en eso y cuando adquirieron la tecnología me llamaron a mí para armar el laboratorio en el Cenard (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo)”, relató Palazzi. En los 10 años que estuvo en Buenos Aires trabajó con deportistas de primer nivel como el nadador José Meolans, Gastón Gaudio, Las Leonas, el jugador de voley Marcos Milinkovic, entre otros tantos atletas. A la par de todo eso daba clases en algunas facultades y se había puesto su empresa de fabricación de equipos. "Tuvimos dos o tres diseños de aparatos para medir variables deportivas como velocidad y fuerzas, eso hoy sigue funcionando con otra gente”, indicó.

El llamado al desierto qatarí

Luego de sumar experiencia en el Cenard y especializarse en el área de biomecánica, recibió un llamado desde Qatar: se estaba por abrir un centro “similar al Cenard” (academia Aspire). En ese momento, el país árabe ponía en marcha un plan a largo plazo para mejorar el deporte en una nación en que, de los tres millones de personas que residen allí, más del 90% son extranjeras. “Estaban buscando una persona con un perfil práctico, porque en general los biomecánicos tienen un perfil más académico”, detalló Palazzi a este medio. Tras unas entrevistas por llamada y un viaje posterior para conocer el lugar, terminó aceptando el empleo y en 2005 se fue con toda su familia. “No fui el único en ser elegido, en mi equipo éramos ocho biomecánicos, no es que soy el mejor del mundo. En ese momento, aparentemente mi perfil les sirvió”, explica.

¿Qué es lo que hace concretamente? Está en la sección que se llama "biomecánica e innovación", una de las unidades que le da soporte a los equipos técnicos de las distintas disciplinas. Palazzi destaca el trabajo en equipo y recalca lo de “innovación” porque, según le cuenta a AIRE, “como soy ingeniero pude innovar fabricando aparatos, sensores, haciendo mediciones con elementos que armo a medida de lo que solicitan los entrenadores. Son cosas que no se pueden conseguir de manera comercial”. Por otra parte, profundiza en que su trabajo consta de ver “cómo sacarle unos centímetros o una décimas de segundo a la marca. Es un trabajo creativo. En el deporte muchas veces gana el que entrena de manera inteligente”.

Dino Palazzi Germán Chiaraviglio 1.jpg
Junto al deportista santafesino Germán Chiaraviglio.

Junto al deportista santafesino Germán Chiaraviglio.

Para dar un ejemplo, comentó que el equipo de tenis de mesa quería saber “a qué altura pasa la pelota sobre la red y diseñé un aparato para medir eso: graba en tiempo real y lo va mostrando en una pantalla en el entrenamiento”. Otro elemento que mencionó fue una “cámara para poner arriba de la jaula de martillo y ver el ángulo en que se tira, o un sensor de fuerza para medir la potencia que hace el lanzador, cosas que no están en el mercado. Tenemos dos martilleros muy buenos, uno es campeón mundial juvenil”, agrega.

El bioingeniero relata que, con el correr de los años y el sostenimiento de las políticas deportivas, “los resultados se van viendo”. Por citar un ejemplo, el último campeón olímpico de salto en alto fue el qatarí Mutaz Barshim: "Ese chico entró con nosotros a los 14 años y en los últimos tres juegos olímpicos ganó medallas. Pasó la detección de talentos y nosotros lo entrenamos. Es el hijo pródigo de la institución, además fue campeón mundial dos veces y fue elegido como mejor atleta del año por la Federación Internacional de Atletismo dos años seguidos, es un animal”. Comenta que si bien la mayoría de los deportistas “se van a competir por el mundo, siempre vuelven a la academia por apoyo”.

La vida en Qatar

Desde que llegó en 2005 vio cómo se transformó y creció el país al ritmo de los rascacielos que se elevaban por los aires. “He visto cómo han crecido las ciudades, lugares donde había desierto ahora hay una ciudad, o como las islas artificiales hoy son lugares con edificios y shoppings”, recuerda. Cuenta que vive con tranquilidad y seguridad, sus hijos pudieron acceder a educación de calidad y “solo extraña de Argentina a los afectos”. Los colores siguen tirando, a miles de kilómetros sigue a Unión, trata de mirar los partidos y cuando visita la ciudad va a la cancha: uno de los últimos encuentros a los que asistió fue el clásico en que Unión ganó 3 a 0 de local.

Como todo santafesino y santafesina, Dino conocía lo que es el calor, pero relata que una jornada con temperaturas altas en Qatar llega a tener entre 52 o 54 grados. “Uno se entera porque te avisa el teléfono, nadie se queja porque no andan en la calle. Está todo equipado como para que no lo sufras”. La otra cara de la moneda son los 12 grados que hay cuando “hace frío”. Y llueve, como mucho, dos o tres veces al año.

Más allá de su buena vida, marca que no todos los inmigrantes viven de la misma manera: “El panorama es completamente distinto para un obrero de la construcción que viene a trabajar por dos años y se va. A nosotros que venimos a quedarnos, criar nuestros hijos y nos vamos cuando tenemos 60 años”. Los extranjeros no se pueden quedar a vivir, una vez que terminan sus empleos deben irse. Si bien su trabajo ya es presente, en un futuro se podrá decir que los logros deportivos que consiga Qatar tendrán en sus cimientos el aporte de un santafesino.

Oasis argentino en Qatar

Dino le cuenta a AIRE que cuando llegó a medio oriente se sorprendió por la cantidad de personas con remeras de Argentina que había en la calle. “Yo los paraba y les preguntaba si eran de Argentina y ni me entendían lo que decía”, relata entre risas.

¿A qué se debe esto? A la presencia de miles y miles de fanáticos y fanáticas de la Selección nacional. “La comunidad hincha de Argentina en su mayoría son de India. Hay un grupo de Indios que son como 4.000 y están esperando el mundial. Están organizados en una especie de club de fans, pagan una cuota mensual para ser miembros, tienen carnet, hacen como unas vaquitas y se compran camisetas. Hasta se saben algunas palabras para alentar a Argentina”, detalló.

Temas