"Pensé que sería un nocaut más para mi colección hasta que, en el 7° round, le di un tremendo golpe en la mandíbula. Entonces él me agarró la nuca y me dijo al oído: '¿Esto es todo lo que tenés, George?' En ese momento supe que el combate no acabaría como yo había planeado", resumió quien, en el asalto siguiente, perdió la pelea, su invicto y las coronas pesadas AMB-CMB, que volvieron a las manos de su legítimo dueño tras haber sido despojado de las mismas -en un escritorio– siete años antes por negarse a ir a la guerra de Vietnam. La jungla rugió como nunca antes y, Muhammad Ali, al noquear a George Foreman en Kinshasa, Zaire, había dado otro paso más hacia su inmortalidad.
"¡Foreman-Ali en Zaire! ¿Dónde queda eso? ¿Se volvieron locos?", se preguntaban en los Estados Unidos cuando se conoció que Big George expondría sus cetros ante El Más Grande en un país del Tercer Mundo, situado en el corazón del África negra. Como no podía ser de otra manera, el padre de esta criatura fue Don King quien, en una jugada que inicialmente parecía condenada al fracaso, logró que un sangriento dictador como Joseph-Désiré Mobutu (a quien, a partir de 1970, se lo conocería como Mobutu Sese Seko) desembolsara 10 millones de dólares para que pusiera "su nombre y el de su patria en el mundo".
El promotor de los pelos parados había convencido al "presidente vitalicio" de Zaire (como había rebautizado al país para "regresar a la autenticidad africana") que financiara en la antigua capital del Congo Belga la pelea que todos querían ver: al demoledor campeón mundial de los pesados contra el deportista más conocido del planeta, en los tiempos en que los púgiles no se evitaban como ahora, y medían sus fuerzas y orgullo "cuando y donde sea", según afirmó Ali al aceptar la propuesta, y cuyas bolsas serían récord para esa época: 5 millones de dólares para cada uno.
Mobutu (que significa guerrero) estaba convencido de que semejante inversión valía la pena por la magnitud que tendría el evento, amén de otros réditos que buscaba, como lavar su imagen de feroz dictador y lograr el resurgimiento de su país.
Para ello, el combo de Don King incluyó tres días de conciertos con lo mejor de la música negra y afroamericana, donde se presentaron artistas del calibre de James Brown, BB King, The Spinners, The Crusaders, y hasta Celia Cruz, y que trascendieron lo deportivo, ya que sus actuaciones se promocionaron como "la primera asamblea de negros africanos y americanos". Es más, King anunció que el choque Foreman-Ali "no será una pelea entre negros, sino una fiesta entre hermanos de color".
Como no podía ser de otra manera, el reconocido compromiso político y social de Ali dio el presente. Debido a que seis generaciones de los Clay –el apellido original de Muhammad– habían sido esclavos, al arribar a Kinshasa, dijo: "África es el hogar del hombre negro. Vuelvo a mis raíces, el verdadero hogar de todos nosotros, el del pueblo negro, del que nos fuimos esclavos y al que volvimos como héroes". Y, fiel a su estilo, también predijo qué pasaría sobre el ring cuando enfrentara al, hasta ese momento, imbatido monarca de la máxima división: "Esposé al rayo y puse al trueno en prisión. Si la renuncia de (Richard) Nixon sorprendió al mundo (NdeR: el 8 de agosto de 1974, había resignado la presidente de los Estados Unidos por el escándalo Watergate), esperen que le patee el trasero a George Foreman", disparó.
"Rumble in the Jungle" ("Rugido en la Jungla"), como se llamó la velada, fue programada originalmente para el miércoles 25 de septiembre de 1974 (fecha para Zaire, el martes 24 en los Estados Unidos), pero debió postergarse hasta el miércoles 30 de octubre siguiente (fecha local, el martes 29 estadounidense), porque Foreman sufrió un corte en la ceja derecha mientras guanteaba con un sparring. Y, cuando varios amagaron con irse, ya que no pensaban esperar seis semanas hasta que se realizara la pelea, Mobutu les prohibió la salida del país, incluidos los casi 1.000 periodistas que se habían acreditado para cubrir este choque.
La población local había recibido del mejor modo a Ali, porque lo consideraban un luchador por los derechos de la raza negra y, con su inigualable carisma, El Más Grande se encargó de ganarse el favor de millones de africanos, y de miles de niños por las calles céntricas y de los suburbios de Kinshasa cuando salía a entrenarse, mientras Foreman permanecía recluido en el gimnasio de su hotel. En medio de ese baño de masas, nació el grito de guerra "¡Ali, bomaye!" que, en swahili (una lengua del grupo de las bantúes), significa "¡Ali, matalo!", y con el que los zaireños alentaban al retador.
Pero Foreman –medalla de oro en pesado en los Juegos Olímpicos de México 1968– era favorito 7 a 1. El gigante nacido en Marshall, Texas, tenía 26 años (nació el 22 de enero de 1948, por lo que son erróneas las publicaciones que indican que vino al mundo el 10 de enero de 1949, y había debutado como rentado en 1969), un impresionante invicto hasta ese momento de 40-0 (37 ko) y, el 22 de enero de 1973, había triturado –literalmente– a Joe Frazier en el National Stadium de Kingston, Jamaica, al noquearlo técnicamente en apenas dos rounds y derribándolo seis veces. Tras su coronación, expuso dos veces su cetro y, en ambos casos, se impuso antes del límite: el 1 de septiembre de 1973, le GKO 1 al puertorriqueño José Román, en Tokio y, el 26 de marzo de 1974, le GKOT 2 a su compatriota Ken Norton en El Poliedro de Caracas, Venezuela.
Desde el periodista Howard Cosell al célebre escritor Norman Mailer, pasando por muchos otros analistas y hasta algunos miembros del equipo de Ali, coincidían en que el oriundo de Louisville, de 32 años –quien había nacido el 17 de enero de 1942, fue campeón mediopesado en los Juegos Olímpicos de Roma 1960 y debutó como profesional el 29 de octubre de ese mismo año–, y que había perdido con el propio Smokin' Joe el 8 de marzo de 1971, en Nueva York, y ante Norton el 31 de marzo de 1973, en San Diego (donde, además, Norton le fracturó la mandíbula), al que Big George también había aplastado en dos asaltos siete meses antes, iría directamente al matadero ante el dueño de una de las pegadas más duras y devastadoras de la historia.
Pero, El Más Grande, asumiría este compromiso con una motivación extra: iría por las coronas que le quitaron en un escritorio el 27 de abril de 1967, en Houston, por negarse a ir a la guerra de Vietnam, y por el que había estado inactivo durante 43 meses, hasta que regresó a los rings el 26 de octubre de 1970, cuando le GKOT 3 a Jerry Quarry en el City Auditorium de Atlanta.
Un choque inolvidable
El combate, el primero de la historia con el título mundial pesado en juego en el continente africano, se disputó en el estadio 20 de Mayo, colmado por 62.000 espectadores, volcados decididamente a favor de Ali, que fuera un campo de concentración y ejecución para los opositores al régimen de Mobutu –quien siguió las alternativas de la pelea por circuito cerrado de TV desde su palacio presidencial–, y comenzó a las 4, hora local, del miércoles 30 de octubre, las 22 del martes 29 en la costa este de los Estados Unidos. Por su parte, la trasmisión televisiva fue seguida por más de 150 millones de personas en todo el mundo.
En su libro The Fight (La Pelea), Norman Mailer destacó que la diferencia física entre ambos púgiles era "asombrosa"; que la manera en que Foreman golpeaba la bolsa en sus entrenamientos (¡y despegaba del piso a su entrenador, Dick Sadler!) "resultaba insoportable y despiadada, inusual", y que Ali (de 1,88 metro y 98 kilos) parecía "pequeño" al lado de Big George (de 1,92 y 106). Es más: el propio escritor sintió "temor por primera vez" en su carrera sobre lo que pudiera pasar sobre el ring en esa cálida y húmeda madrugada en Kinshasa.
Tras un primer round donde, ante un Foreman que trató de descargar desde el vamos su artillería sobre su cuerpo, Ali mostró que su velocidad no era cosa del pasado, a partir del segundo dejó de bailar y comenzó a recostarse contra las cuerdas y proteger su cabeza para soportar los fuertes golpes del campeón, una estrategia que sorprendió al mismísimo Angelo Dundee, su entrenador, que repetiría en los seis rounds siguientes, y que sería conocida como "rope-a-dope", cuya finalidad era cansar al adversario, pero que también requería una gran capacidad de asimilación.
Muchos consideraron que esto era casi suicida, ya que el texano –valga recordarlo– pegaba como tres mulas. Los impactos sobre el cuerpo y la cabeza de Ali eran brutales pero, increíblemente, en varias ocasiones éste agarraba a Foreman de la nuca y le decía: "¿No tenés más nada, George? ¡Me desilusionás! ¡Mi tía pega más fuerte!", o "¿No podés pegar más fuerte, nena?", lo que enceguecía de furia aún más al monarca. Y no solo eso: en algunos pasajes de la pelea, el retador hasta arengaba al público para que retumbara el "¡Ali, bomaye!"
Y siguió recostándose sobre las cuerdas, resistiendo los impactos del campeón hasta que, en el octavo round, el agotamiento de Foreman era irreversible. Tanto es así que Ali esquivó dos golpes y, saliendo de un rincón, lanzó una veloz y precisa combinación sobre el rostro de Big George, tras los cuales éste terminó en la lona y escuchó resignado cómo la cuenta del árbitro Zachary Clayton llegó a 10 a los 2'58" del asalto.
Lo imposible había ocurrido y, la epopeya de Ali –Pelea del Año Año para The Ring Magazine–, quien se consagró bicampeón mundial pesado, fue inmortalizada por Mailer al afirmar que "jamás había sentido al boxeo tan cerca del ajedrez". Hasta el propio Frazier, desde el ringside, aplaudió la victoria de Ali, con quien chocaría por tercera vez al año siguiente, en la que sería conocida como Thrilla in Manila, una de las más brutales batallas de la historia de los pesados y que, con su triunfo por KOT 14, Ali cerraría 2-1 a su favor la serie ante su archirrival.
Contra todos los pronósticos, El Más Grande había terminado con su obra maestra. “¿Qué les dije?”, “¿Qué les dije?”, repetía una y otra vez Muhammad ante el asombro de propios y extraños, quienes habían presenciado una epopeya irrepetible, protagonizada por un Ali que ya había asegurado su ingreso en la historia. Este inolvidable combate y todo lo que rodeó, tanto en los ámbitos político, como social y cultural, fueron atesorados en “When we were kings” (“Cuando éramos reyes”), dirigido por el estadounidense Leon Gast y que, en 1996, ganó el Oscar al Mejor Documental.
El después
La derrota provocó en Foreman una honda y prolongada depresión. "No pude dormir en un año", reconoció luego el ex campeón. El 17 de marzo de 1977, tras PPP 12 (unánime) contra Jimmy Young en el Coliseo Roberto Clemente de San Juan de Puerto Rico, anunció su retiro y se convirtió en pastor de la iglesia de Nuestro Señor Jesucristo en Houston, Texas. A partir de allí, el Foreman de mal carácter, hosco, pendenciero, y con múltiples problemas con la ley de su juventud, dio paso a una persona amable y servicial, que se volcó a ayudar al prójimo, humilde, bondadosa y que, hasta la actualidad, su carta de presentación sigue siendo una enorme sonrisa.
Tras diez años de inactividad y, con serios problemas económicos –incluidos los de su iglesia– anunció oficialmente su regreso. A pesar del revuelo que causó su decisión, para muchos errónea, demostró que su poderosa pegada seguía intacta. El 27 de marzo de 1987, le GKOT 4 a Steve Zouski en el Arco Arena de Sacramento, California. Sumó 23 victorias más y, el 19 de abril de 1991, en el Convention Hall de Atlantic City, PPP 12 (unánime) ante Evander Holyfield, quien retuvo sus coronas pesadas AMB-CMB-FIB.
El 7 de junio de 1993, en el Thomas & Mack Center de Las Vegas, cayó tras 12 asaltos, y en fallo unánime, ante Tommy Morrison (quien protagonizara Rocky 5 en 1990, y falleció el 1 de septiembre de 2013, a los 44 años), el cual se alzó con el título OMB pesado, que estaba vacante.
Pero Big George no se rindió y, el 5 de noviembre de 1994, su perseverancia tuvo su premio. Ese sábado, en el MGM Grand Garden Arena de las Vegas, le GKO 10 a Michael Moorer, y se adueñó de los cetros AMB-FIB de la máxima división. Con 46 años, nueve meses y 14 días (¡y ya abuelo!), 21 años después de su primera coronación, se convirtió nuevamente en campeón mundial pesado y se quitó la espina que tenía clavada desde Rumble in the Jungle. “¡Gracias, Dios mío!”, dijo al arrodillarse en un rincón y rezar tras su histórico triunfo.
A su último combate lo disputaría el sábado 22 de noviembre de 1997 y, en el Taj Mahal Hotel & Casino de Atlantic City, PPP 12 (mayoritario) ante Shannon Briggs. Se retiró definitivamente y, su récord, en 81 peleas desde su debut en 1969, fue de 76-5 (68 ko).
Hoy, a los 71 años, continúa con la prédica en su iglesia y, convertido en un muy exitoso hombre de negocios, ganó centenares (sí, centenares) de millones de dólares producto de la venta de parrillas eléctricas –tras un convenio con la casa de electrodomésticos Salton, Inc. en 1999, de las que, a la fecha, se vendieron más de 100 millones de unidades–, las distintas campañas publicitarias que protagonizó, la venta de libros de cocina, conferencias que brinda, e ingresos por la marca de ropa que lleva su nombre.
El 3 de junio de 2016 y, a los 74 años, Muhammad Ali –el primer tricampeón mundial pesado de la historia–, falleció en Scottdale, Arizona. "Ali, Frazier y Foreman éramos un solo hombre. Una parte de mí se ha perdido. «La pieza más grande»'', escribió Big George en su cuenta de Twitter, y recordó con enorme admiración y respeto a El Más Grande con quien, con el paso de los años, cultivó una muy profunda amistad. “Llamarlo un gran boxeador es una gran injusticia. Él era más grande que el boxeo, más grande que las estrellas de cine. Él era algo realmente especial. Espero que aparezca otro gran campeón a su altura y, también, alguien como yo que se esfuerce tanto en derrotarlo", afirmó.
Ojalá, George. Pero, que la jungla pueda rugir otra vez como lo hizo con ustedes hace 45 años, creemos que absolutamente jamás.
Temas









Dejá tu comentario