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Deportes El Quillá | Buenos Aires | Rosario

A 76 años de la hazaña de Pedro Candioti, el Tiburón de El Quillá: "¡Gracias, Dios! ¡Llegué!"

Estas fueron las primeras palabras de Don Pedro Candioti tras dejar las aguas del Río de la Plata y pisar tierra firme a las 10.28 del sábado 16 de marzo de 1946, luego de unir a nado Rosario con la Capital Federal en 75 horas y 18 minutos, en una inolvidable hazaña de la que hoy se cumplen 76 años.

—¿Si? ¿Te vas a ir en barco o en tren?

—¡Qué barco o tren! ¿Estás loco? ¡Yo hablo de ir nadando!

El diálogo entre Pedro Candioti y su entrañable amigo, Domingo Pallavidini –atesorado para siempre por la enorme labor investigativa y biográfica del profesor Juan María Santiago Hachmann– resume las infinitas ansias del incomparable nadador y raidista santafesino por desafiar –y vencer– al río, cuyas aguas color león surcó infinidad de veces.

Y tal es así que, luego de distintos intentos frustrados, el 16 de marzo de 1946 completó el trayecto Rosario-Capital Federal. Por fin había cumplido su sueño y, aunque hayan pasado 76 años de semejante hazaña –que se cumplen hoy– su leyenda se agiganta cada día más.

Desde pequeño, el agua fue su medio

Pedro Francisco Antonio Candioti nació en la ciudad de Santa Fe el lunes 24 de julio de 1893. Fue el segundo hijo –y primer varón– de los diez que conformaron la descendencia del matrimonio de Pedro Celestino Candioti y Elena Ferreyra. Sus hermanos fueron Elena (la primogénita), Ignacio Abelardo, María Esmeralda Martina, Miguel Ángel Estanislao, Carlos Nicolás, María Leonor, María del Valle Rufina, María Teresa de Jesús, y Petrona.

Asimismo, fue el tataranieto de Francisco Antonio Candioti –el Príncipe de los Gauchos–, el primer gobernador de nuestra provincia (entre el 26 de abril y el 27 de agosto de 1815) y quien le dio inicio a la tradición federal y autonomista santafesina.

Aprendió a nadar a los 8 años, en el arroyo El Quillá –que hoy es un lago y lleva su nombre– y que, junto con el riacho San Francisco, en esa época constituían el límite del barrio Sur de la capital provincial. A medida que crecía, también supo evadir a los marineros de la Subprefectura, quienes –más de una vez, e infructuosamente– quisieron atraparlo mientras nadaba con otros niños en el arroyo.

Pedranga, como lo llamaban, comenzó a competir en 1908 en distintas pruebas que organizó el Club de Regatas Santa Fe donde, bajo la supervisión del profesor Constancio Pizingrilli, perfeccionó su técnica y estilo de nado. Hacia 1913 también practicaba fútbol, atletismo y remo y, el 11 de septiembre de 1916, como remero de Regatas, ganó la copa La Marina en el Tigre, Buenos Aires, con un equipo integrado –entre otros– por Pedro Mirassou, quien años más tarde se convertiría en tenor del Teatro Colón.

El rey de las aguas abiertas

Tiempo después se dedicaría a la práctica de la que fue su gran pasión: la natación de aguas abiertas. Su biógrafo, Horacio Estol, dijo sobre él: "La larga actividad deportiva de Pedro Candioti es siempre más larga que todo lo que podemos imaginar. Y ni la estadística nos ilustra por completo, aunque su escueta información es impresionante de por sí".

Por su parte, las estadísticas deportivas fueron confeccionadas y actualizadas por Domingo Pallavidini quien, amén de haber cultivado una sólida amistad con Candioti, ofició como director de ruta y colaborador en numerosos raids.

A partir del 20 de abril de 1916 y, durante los siguientes 30 años, el eximio deportista realizaría 64 pruebas. Las mismas recién fueron fiscalizadas, para el correspondiente registro oficial, a partir de 1922 y, Pallavidini, reseñó: “Del récord completo de todos los raids de Pedro Candioti, registrados oficialmente, tomamos los siguientes datos ilustrativos: del 4 al 5 de marzo de 1922 hizo 75 kilómetros de Santa Fe al lago Coronda en 13 horas y 34 minutos. Al año siguiente, del 17 al 18 de febrero, nadó 104 kilómetros desde Santa Fe a Puerto Aragón en 26 horas y 1 minuto, obteniendo así el título de campeón mundial. En 1924 intentó el cruce del Río de la Plata, nadando desde la Colonia hasta el kilómetro 37, donde debió abandonar debido a las malas condiciones del tiempo, cubriendo esos 29,5 kilómetros en 14 horas y 3 minutos. Desde el 21 al 25 de febrero de 1925 unió Santa Fe con Rosario en 35 horas y 2 minutos, superando por casi nueve horas la marca del campeón mundial (el estadounidense Henry) Sullivan en esos 168 kilómetros”.

¿Satisfecho? Esa palabra jamás figuró en el diccionario de vida de El Tiburón de El Quillá. Por eso, desde el 14 al 17 de marzo de 1930, realizó el raid Goya-Santa Fe, nadando 390 kilómetros en 66 horas y 15 minutos.

Pero fue por más. Del 12 al 15 de marzo de 1931, hizo el primer intento de unir Santa Fe con Buenos Aires, que finalizó en Puerto Alsina, tras recorrer 345 kilómetros en 71 horas y 55 minutos. Al segundo intento lo realizó entre el 27 de febrero y el 1 de marzo de 1932: nadó 355 kilómetros –hasta la boca del Gualeguay– en 61 horas y 45 minutos.

El tercer intento tuvo lugar entre el 20 y el 24 de febrero de 1935 y, su descomunal esfuerzo, finalizó en Zárate, tras nadar 381 kilómetros en 87 horas y 19 minutos. Por su parte, el cuarto intento –del 21 al 24 de febrero de 1936– finalizó en la boca del Baradero, con un recorrido de 305 kilómetros, completados en 65 horas y 35 minutos.

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En total y, sumando todos los raides que realizó a lo largo de su brillante trayectoria, don Pedro Candioti nadó 7569 kilómetros entre 1922 y 1946, y pasó 2000 horas en el agua, Incluso, al récord mundial de permanencia en la misma, y que él estableciera, ¡lo quebró cinco veces!

En total y, sumando todos los raides que realizó a lo largo de su brillante trayectoria, don Pedro Candioti nadó 7569 kilómetros entre 1922 y 1946, y pasó 2000 horas en el agua, Incluso, al récord mundial de permanencia en la misma, y que él estableciera, ¡lo quebró cinco veces!

Si a los 32 años había unido Santa Fe y Rosario, a los 46 hizo lo propio con San Javier y Santa Fe. Entre el 19 y el 23 de febrero de 1939, nadó 264 kilómetros y, con 100 horas y 33 minutos, marcó el récord mundial de permanencia en el agua, que le otorgó una muy merecida fama internacional.

Candioti arribó al Club de Regatas de nuestra capital, que había elegido como punto final de su raid, salió del agua por sus propios medios, y fue recibido por el gobernador de la provincia, Manuel María de Iriondo, además del numeroso público que se congregó a la vera de la laguna Setúbal.

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Entre el 19 y el 23 de febrero de 1939, unió San Javier con Santa Fe. Nadó 264 kilómetros y, con 100 horas y 33 minutos, marcó el récord mundial de permanencia en el agua. En la foto, Candioti –que tenía 46 años– es retirado de la Setúbal frente al Club de Regatas, donde finalizó este raid. Fue recibido por el gobernador de la provincia, Manuel María de Iriondo, además del numeroso público que se congregó a la vera de la laguna.

Entre el 19 y el 23 de febrero de 1939, unió San Javier con Santa Fe. Nadó 264 kilómetros y, con 100 horas y 33 minutos, marcó el récord mundial de permanencia en el agua. En la foto, Candioti –que tenía 46 años– es retirado de la Setúbal frente al Club de Regatas, donde finalizó este raid. Fue recibido por el gobernador de la provincia, Manuel María de Iriondo, además del numeroso público que se congregó a la vera de la laguna.

Tal era el reconocimiento que logró con sus proezas, que la mismísima revista estadounidense Time le dedicó un artículo, publicado el lunes 8 de marzo de 1943. Titulado The Shark of Quillá Creek (El Tiburón de El Quillá), una parte del mismo decía:

“El canoso, cincuentón Pedro Candioti es uno de los atletas argentinos más queridos. Su especialidad no es el fútbol, el polo o el tenis sino (la) natación de resistencia. La semana pasada, por 26ª vez, Pedro Candioti intentó cumplir la ambición de su vida: bajar el río Paraná a nado hasta Buenos Aires.

En el pasado había comenzado desde varios pueblos, de 200 a 300 millas de distancia (de 321 a 482 kilómetros). Este año empezó desde Rosario, 205 millas (unos 329 kilómetros) arriba de la capital (Federal). Nadó por tres días y noches, pasando por San Pedro, por Baradero, por Uriburu, por Campana. En cada ciudad ribereña fue saludado por multitudes deseosas de alentar a su querido «Tiburón de El Quillá». En el Punto San Ysidro (sic), a solo 12 millas (unos 19,3 kilómetros) de Buenos Aires, la corriente marea arriba comenzó a llevarlo hacia atrás. Luego de dos fútiles horas, Pedro Candioti abandonó. Cuando fue recogido del río se quedó ligeramente dormido inmediatamente. Pedro no era tan joven como antes: había estado en el agua solo 74 horas y media. Una vez pudo resistir 13 horas más”.

Proa hacia buenos Aires

Si una espina siempre estuvo clavada en el alma de don Pedro, fue la de unir a nado Santa Fe con Buenos Aires. En total, lo intentó durante 15 años: 12 veces partiendo desde nuestra ciudad y, las últimas siete, desde Rosario.

Pero no se rindió jamás. En 1946 les pidió a sus amigos y a la comisión directiva del Club Náutico El Quillá –fundado el miércoles 28 de abril de 1938 para ayudarlo en sus pruebas y, además, para poder afiliarse a la Federación de Natación y Waterpolo, que homologaba récords–, que le dieran la última oportunidad para cristalizar su tan anhelado sueño.

Aprobado el mismo y, con un nutrido equipo, don Pedro se trasladó el 10 de marzo a Rosario en el barco Luisa Beltrán. Allí debió esperar tres días para que mejoraran las condiciones meteorológicas hasta que, el miércoles 13 de marzo, a las 7.05, el director de la prueba, el doctor Julio Hachmann –que era abogado, y tío del profesor Juan María Santiago Hachmann– dio la señal de partida.

Completamente embadurnado con lanolina y, con las medallas de Santa Teresa y de la virgen de Luján atadas en su muñeca izquierda, entregadas por la señora Rosario de Vera Candioti, don Pedro inició el intento.

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Así se lanzaba al agua en cada raid: untado en lanolina, para protegerse del frío y que no se lesionara su piel. En cada una de sus pruebas, pasaba días sin dormir, soportando tormentas, crecidas, frío, hambre, cansancio y dolores musculares. Se alimentaba con mate cocido, café y frutas y, además, sus acompañantes le cantaban o hacían sonar distintos instrumentos musicales para que no se durmiera.

Así se lanzaba al agua en cada raid: untado en lanolina, para protegerse del frío y que no se lesionara su piel. En cada una de sus pruebas, pasaba días sin dormir, soportando tormentas, crecidas, frío, hambre, cansancio y dolores musculares. Se alimentaba con mate cocido, café y frutas y, además, sus acompañantes le cantaban o hacían sonar distintos instrumentos musicales para que no se durmiera.

Con un espíritu invencible

Con buen ritmo, Candioti dejó atrás San Pedro, Baradero y Alsina, y logró bajar los tiempos de raides anteriores. En el remanso San Antonio –pasando Zárate–, de casi 600 por 300 metros, debió enfrentar una fuerte tormenta y, a la 0.20 de su segunda noche en el agua, empleó solo dos minutos para cruzarlo. Increíble.

El viernes 15, Campana ya había quedado atrás y continuaba quebrando marcas anteriores. A las 15 alcanzó el Canal Arias y, luego, ya nadaba en aguas del río Luján. Comenzaba a transitar su tercera noche sin dormir.

El sueño y los dolores en el pectoral izquierdo de don Pedro se le hacían insoportables, pero no eran nada comparados con la muy baja temperatura del agua. Igual, como el auténtico grande que fue, aguantó –y superó– estas adversidades.

Igual, todavía debía sortear más obstáculos: mientras se aproximaba a Tigre y San Fernando, otra fuerte tormenta provocó la crecida del Río de la Plata y, para colmo, las aguas avanzaban en contra de la dirección que Candioti seguía.

Decidido a luchar hasta el final, don Pedro se internó en el arroyo Sarandí: eran las 2 y, hasta las 5.45, soportó el vendaval. A esa hora salió hacia el Río de la Plata, y superó San Isidro, Olivos, Vicente López y, a las 9.45, llegó a Núñez: ¡había dejado dos kilómetros atrás el límite de la jurisdicción capitalina y estaba nadando en aguas de Buenos Aires!

Aunque la idea original era alcanzar Puerto Nuevo, el doctor Hachmann dio por terminada la prueba frente al estadio de River, porque poco podían hacer ya para que Candioti se mantuviera despierto.

A las 10.23 del sábado 16 de marzo de 1946 –hecho del que hoy se cumplen 76 años– lo sacaron del agua y, a las 10.28, alcanzó la orilla caminando frente al edificio de la empresa Dodero. Allí, El Tiburón de El Quillá se despertó por completo y, de cara al cielo, dijo: “¡Gracias, Dios! ¡Llegué! ¡Llegué!” Había cumplido su gran sueño.

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En las páginas de El Gráfico del 5 de abril de 1946, la proeza de Candioti recibió una amplia cobertura. La foto central fue tomada a las 10.23 del sábado 16 de marzo de 1946, cuando fue retirado de las aguas del Río de la Plata. A las 10.28, alcanzó la orilla caminando frente al edificio de la empresa Dodero, se despertó por completo y, de cara al cielo, dijo: “¡Gracias, Dios! ¡Llegué! ¡Llegué!”

En las páginas de El Gráfico del 5 de abril de 1946, la proeza de Candioti recibió una amplia cobertura. La foto central fue tomada a las 10.23 del sábado 16 de marzo de 1946, cuando fue retirado de las aguas del Río de la Plata. A las 10.28, alcanzó la orilla caminando frente al edificio de la empresa Dodero, se despertó por completo y, de cara al cielo, dijo: “¡Gracias, Dios! ¡Llegué! ¡Llegué!”

Fueron más de tres días de nado: para completar los 318 kilómetros entre Rosario y la Capital Federal, empleó 75 horas y 18 minutos. Don Pedro tenía 52 años, siete meses y 20 días y, poco más de cuatro meses después –­el 24 de julio–, cumpliría 53. Irrepetible.

En total y, sumando todos los raides que realizó a lo largo de su brillante trayectoria, don Pedro nadó 7.569 kilómetros entre 1922 y 1946, y pasó 2000 horas domando todos los ríos a los cuales se había lanzado. Incluso, al récord mundial de permanencia en el agua, y que él estableciera, ¡lo quebró cinco veces! Im-pre-sio-nan-te.

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Tras concretar su hazaña de unir a nado Rosario con Buenos Aires, El Tiburón de El Quillá fue la tapa de la revista El Gráfico, cuya edición N° 1395 se publicó el viernes 5 de abril de 1946. Al momento de cumplir el sueño de su vida, Candioti tenía 52 años, siete meses y 20 días y, poco más de cuatro meses después –¬el 24 de julio–, cumpliría 53.

Tras concretar su hazaña de unir a nado Rosario con Buenos Aires, El Tiburón de El Quillá fue la tapa de la revista El Gráfico, cuya edición N° 1395 se publicó el viernes 5 de abril de 1946. Al momento de cumplir el sueño de su vida, Candioti tenía 52 años, siete meses y 20 días y, poco más de cuatro meses después –¬el 24 de julio–, cumpliría 53.

Su vida fuera el agua

Quienes crean que toda una vida dedicada a la natación y los raides –con los duros entrenamientos y múltiples sacrificios para llevarlos adelante– no le dejó tiempo para hacer otras cosas a don Pedro, se equivocan, ya que también estudió y obtuvo cuatro títulos: el de Farmacéutico, como egresado de la Universidad Nacional del Litoral; los de profesor de Química y de Educación Física, y el de Perito Químico.

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Además de sus formidables logros deportivos, Candioti obtuvo cuatro títulos: el de Farmacéutico, como egresado de la UNL; los de profesor de Química y de Educación Física, y el de Perito Químico. Asimismo, fue socio fundador del Club Náutico El Quillá, e integró las comisiones directivas de Kimberley y de Velocidad y Resistencia, club este último del que fue presidente durante casi tres décadas. La foto es de 1965, cuando tenía 72 años.

Además de sus formidables logros deportivos, Candioti obtuvo cuatro títulos: el de Farmacéutico, como egresado de la UNL; los de profesor de Química y de Educación Física, y el de Perito Químico. Asimismo, fue socio fundador del Club Náutico El Quillá, e integró las comisiones directivas de Kimberley y de Velocidad y Resistencia, club este último del que fue presidente durante casi tres décadas. La foto es de 1965, cuando tenía 72 años.

Ejerció como docente en materias relacionadas con la Química; fue director en la Escuela de Educación Física; luego, en la Escuela Superior de Comercio Domingo Guzmán Silva y, finalmente, el Ministerio de Educación de la Nación lo nombró supervisor.

El 28 de febrero de 1917, se había casado en Santa Fe con Elvira Hipólita Arteaga, y tuvieron cinco hijos: Jorge, Julio, Blanca, Eda Mabel y Carlos María.

Asimismo, don Pedro fue un activo colaborador –y, en algunas ocasiones, titular– en distintos cubes deportivos santafesinos. Obviamente, en uno de ellos se convirtió en su sinónimo ya que, el doctor Julio Vera Candioti, primer presidente de esta institución, resumió el origen de este club cuando dijo: “El Quillá es Candioti y Candioti es El Quillá”.

También integró las comisiones directivas de Kimberley y de Velocidad y Resistencia, club este último del que fue presidente durante casi tres décadas.

Candioti nos dejó el miércoles 20 de diciembre de 1967, a los 74 años. Fue velado en el Club Náutico El Quillá y, tras un responso en su memoria que se ofició en el convento de San Francisco, sus restos fueron sepultados en el cementerio Municipal de esta capital, donde se erigió una escultura en su honor. Desde febrero de 1995, a su lado se encuentra la tumba de otro magnífico deportista de nuestra provincia: Carlos Monzón.

Su ejemplar legado

Las huellas que dejó Pedro Francisco Antonio Candioti no solo nos remiten al recuerdo del fenomenal nadador, raidista, docente y dirigente, ya que fue el acabado ejemplo del ciudadano deportista, forjado en base al estudio y el entrenamiento.

En todas las escuelas y clubes por donde pasó, volcó sus enormes conocimientos y vastísima experiencia. Merced a sus enseñanzas, consejos y guía, tanto sus alumnos como los noveles deportistas conocieron –y aprehendieron– los beneficios del saber y de la actividad física, además de haber sido el faro que iluminó el camino de la rectitud y la honradez a la hora de administrar una institución deportiva.

El Centro de Alto Rendimiento Deportivo (CARD) de nuestra ciudad, inaugurado en 1982, lleva su nombre. Y nada mejor para recordarlo, ya que es un lugar que albergó distintos certámenes atléticos continentales, además de ser el predio donde se entrenaron representantes olímpicos y múltiples medallistas en competencias internacionales, además de las generaciones entrantes, que actualmente lo hacen y quieren seguir los pasos de estos atletas consagrados.

Pedro Candioti fue tan inmensamente grande que, los diccionarios de sinónimos, se agotan al describir su figura. Sus legendarias hazañas, entre ellas su proeza de unir a nado Rosario con Buenos Aires –de la que hoy se cumplen tres cuartos de siglo– permanecen inalterables en el tiempo y, sin la más mínima, duda, continuarán trascendiendo al mismo.

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Candioti nos dejó el miércoles 20 de diciembre de 1967, a los 74 años. Fue velado en el Club Náutico El Quillá y, tras un responso en su memoria que se ofició en el convento de San Francisco, sus restos fueron sepultados en el cementerio Municipal de esta capital, donde se erigió una escultura en su honor. Desde febrero de 1995, a su lado se encuentra la tumba de otro magnífico deportista de nuestra provincia: Carlos Monzón.

Candioti nos dejó el miércoles 20 de diciembre de 1967, a los 74 años. Fue velado en el Club Náutico El Quillá y, tras un responso en su memoria que se ofició en el convento de San Francisco, sus restos fueron sepultados en el cementerio Municipal de esta capital, donde se erigió una escultura en su honor. Desde febrero de 1995, a su lado se encuentra la tumba de otro magnífico deportista de nuestra provincia: Carlos Monzón.

Por eso, un magnífico colofón de su paso por este mundo se traduce en que, cada 24 de julio –en recordación de su natalicio–, se conmemora el Día Provincial del Deporte, instituido por la ley N° 10.221 del 8 de septiembre de 1988.

Descanse en paz, don Pedro. Y gracias por tanto.