Los Juegos Olímpicos son el acontecimiento deportivo más importante en todo el planeta. Cada cuatro años (o cinco, en el caso de la espera a los XXXII Juegos Olímpicos de Tokio), el mundo del deporte se paraliza para observar por 17 días como marca la tradición olímpica, todas las disciplinas que marque el calendario de la competición.
La historia olímpica estuvo envuelta de grandes hazañas, que marcaron no solo la cronología deportiva en general, sino que la historia en su totalidad abarcando temáticas políticas y sociales que giraban en torno a este gran acontecimiento.
La efeméride del día de hoy nos remite a los Juegos Olímpicos de Munich 1972. En la segunda edición organizada por Alemania, la premisa fundamental de la organización era brindar un ambiente de paz y fraternidad, debido a que en el antecedente previo -los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, realizados en pleno régimen nazi-, la discriminación, y el racismo se hicieron presentes en la cita olímpica. En contraparte de esta situación, se destacó el atleta de color Jesse Owens, que conquistó nada más y nada menos que cuatro medallas de oro, saboteando la idea de la superioridad aria que Adolf Hitler quería imponer en “sus” Juegos.
Fallas y cronología de un acto terrorista aberrante durante los Juegos Olímpicos de Munich 1972
Pese a esta premisa, la Villa Olímpica en Munich estaba dotada de 27 mil personas entre fuerzas de seguridad militares y policías. Pero hubo fallas graves en la seguridad.
A las 4.40 de la madrugada del día 5 de septiembre de 1972, en pleno descanso entre cada jornada de acción deportiva, ocho terroristas palestinos de la banda autodenominada Septiembre Negro, disfrazados con ropa deportiva y con pistolas y granadas en sus bolsos, empezaron a escalar la reja. Fueron ayudados por atletas estadounidenses para ingresar a la Villa, que no sabían de los macabros planes que escondía este grupo palestino, facción de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), entonces liderada por Yasir Arafat (1929–2004). Lo más triste de esta situación, en la cual murieron once miembros de la comitiva olímpica israelí, un oficial de policía alemán y cinco terroristas; es que fueron ayudados por grupos neonazis locales, lo que marca que el macabro atentado había sido planificado en el propio territorio alemán.
Los terroristas eran fedayines palestinos, refugiados del Líbano, Siria y Jordania. Sus nombres eran: Luttif Afif (el jefe), Yusuf Nazzal, Afif Ahmed Hamid, Khalid Jawad, Ahmed Chic Thaa, Mohammed Safady, Adnan Al Gashey y Jamal Al Gashey (primos). Estaban fuertemente armados con fusiles de asalto AKMS, revólveres, granadas y pistolas Tokarev TT–33.
A las seis de la mañana, luego de asesinar al entrenador Moshé Weinberg junto con el levantador de pesas Joseph Roamno; los terroristas lanzaron sus demandas desde una ventana, con una amenaza: “Si no se han cumplido para las nueve de la mañana, mataremos a un atleta”. Pedían la liberación de 236 presos en Israel.
La negociación duró todo el día. Israel se negó a negociar, y los terroristas neutralizaron todos los intentos de espionaje e investigación por parte de los agentes alemanes para lograr un rescate. Siempre estaban un paso por delante de las fuerzas de seguridad.
El peor final: el momento más trágico en la historia de los Juegos Olímpicos
De esta manera, a las 1.30 de la mañana del día siguiente, el desenlace fue el peor de los posibles. Tras diversos enfrentamientos con la policía alemana -las fuerzas militares no podían actuar debido a estar en tiempos de paz-, no hubo sobrevivientes. El colmo de esta situación, fue que las autoridades -para no brindarles información a los terroristas, mintieron asegurando que estaban vivos, brindando con sus familias. Pero la mentira en un momento debía desenmascararse.
El jefe de prensa de los juegos olímpicos, Hans Klein, le informó la negra verdad al periodista Jim McKay, que dijo públicamente:
–Acabo de recibir la última información. Nuestros peores temores se han vuelto realidad esta noche. Había once rehenes. Dos fueron asesinados en sus habitaciones. Nueve, en el aeropuerto, esta noche. Todos se han ido…
Los Juegos Olímpicos increíblemente continuaron, tras la retirada de la delegación israelí de Munich. Apenas hubo banderas a media asta. Pero la historia siempre recordará esta jornada, como la más oscura del olimpismo.
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