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A 100 años de Dempsey-Firpo, la pelea bisagra en la historia del boxeo argentino

Se cumple un siglo del legendario combate entre Jack Dempsey y Luis Ángel Firpo en Nueva York, por el título mundial pesado, que estaba en poder del estadounidense. Luego del mismo, la enorme presión popular provocó que se levantara la prohibición que regía por entonces sobre la práctica del pugilismo en nuestro país y, como justo homenaje, el 14 de septiembre fue instituido como el Día del Boxeador.

En 1923, fue presentada por la prensa estadounidense como La Pelea del Siglo y, en 1998, la revista especializada Boxing Digest International la calificó como la mejor de todos los tiempos. ¿Cómo desmentir tamañas afirmaciones si, en los 237 segundos que duró, hubo sobre el ring un cóctel que resumió el alma misma del boxeo?

En menos de un round y medio –lapso que bastó para convertir a este combate en legendario–, la receta incluyó altísimas dosis de drama y gloria; alegría y tristeza; dolor y alivio; justicia e injusticia; furia a raudales, coraje ilimitado y cataratas de adrenalina.

Jack Dempsey, El Matador de Manassa, era el campeón mundial pesado y, Luis Ángel Firpo, El Toro Salvaje de las Pampas –tal como lo bautizara el periodista estadounidense Damon Runyon, quien también apodó Mauler al campeón y que, en slang, el lenguaje coloquial e informal del idioma inglés, definía así a este boxeador debido a su fama alcanzada por golpear muy duro a sus rivales–, sostuvieron un combate con el título en juego que, 100 años después, aún hace erizar la piel de quienes observan las imágenes de este pleito, que se disputó en el Polo Grounds de Nueva York el viernes 14 de septiembre de 1923.

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Este es el programa oficial del festival boxístico organizado por el promotor Tex Rickard el viernes 14 de septiembre de 1923 en el Polo Grounds de Nueva York y que, aparte del choque

Este es el programa oficial del festival boxístico organizado por el promotor Tex Rickard el viernes 14 de septiembre de 1923 en el Polo Grounds de Nueva York y que, aparte del choque

Absolutamente nadie la olvida, como tampoco a Jack Gallagher, el tercer hombre sobre el ring, un oscuro personaje quien, con premeditada mala fe, impidió una legítima victoria de Firpo y que, años después –ya prisionero del alcohol y con una profunda crisis depresiva–, se suicidó en la habitación de un hotel de mala muerte en La Gran Manzana.

El antes

William Harrison Dempsey nació en Manassa, Colorado, el 24 de junio de 1895. Fue el quinto hijo varón de los 11 que tuvieron Hyrum –un inmigrante irlandés con algo de sangre judía– y Celia, una joven de ascendencia irlandesa-escocesa por parte de padre y, medio india cherokee, por parte de su madre. En 1915, ya boxeador y, cuando entrenaba a las órdenes de su hermano Bernie, el futuro rey pesado cambió, en honor a Jack El Incomparable Dempsey –un gran campeón mediano de fines del siglo XIX–, el nombre William de nacimiento por el Jack de admiración.

El 4 de julio de 1919, trituró en tres rounds a Jess Willard en Toledo, Ohio, y se consagró campeón mundial pesado. El 2 de julio de 1921 y, en su cuarta defensa, noqueó al francés Georges Carpentier (El Hombre Orquídea) en Jersey City, en la que fue la primera pelea de la historia cuya recaudación quebró la barrera del millón de dólares: ese día, 80.183 espectadores dejaron en las boleterías 1.789.238 verdes.

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Cubierto por una larga bata a cuadros amarillos y negros, que le llegaba a los tobillos y, con un pantalón violeta oscuro, Firpo subió al ring a las 21.55; poco después lo hizo Dempsey –con una bata y un pantalón blancos– y, la pelea, la primera de la historia en la que un boxeador argentino disputó un título mundial, comenzó a las 22.03.

Cubierto por una larga bata a cuadros amarillos y negros, que le llegaba a los tobillos y, con un pantalón violeta oscuro, Firpo subió al ring a las 21.55; poco después lo hizo Dempsey –con una bata y un pantalón blancos– y, la pelea, la primera de la historia en la que un boxeador argentino disputó un título mundial, comenzó a las 22.03.

Luis Ángel Firpo nació en Junín, provincia de Buenos Aires, el jueves 11 de octubre de 1894. Fue el segundo hijo (y primer varón) de Agustín, un inmigrante italiano que llegó al país en 1887 y trabajaba en una zapatería, y de la española Ana Larrosa.

El 10 de diciembre de 1917 realizó su primera pelea (que finalizó sin decisión en 6 rounds) ante el australiano Frank Hagney, quien era profesional. El 30 de abril de 1920, le GKO 1 al estadounidense Dave Mills en Santiago de Chile y se coronó campeón sudamericano pesado.

Debutó en los Estados Unidos el 20 de marzo de 1922 (le GKO 7 al local Tom Maxed, en Newark) y, tras noquear en ocho rounds a Jess Willard en Jersey City el 12 de julio de 1923, llegaría su chance de ir por la corona de la máxima división del boxeo.

El durante

Luego de que Dempsey retuviera su corona ante Carpentier, el promotor Tex Rickard le propuso a Jack Kearns, manager del campeón, combatir con Firpo y, en menos de dos semanas, se cerró el acuerdo.

Pero, una parte muy importante de esta historia, se escribiría dos días antes del combate en el consultorio del doctor Aaron Walker, el médico de la Comisión Atlética del estado de Nueva York. El miércoles 21, cuando este revisó a Firpo, no lo podía creer: ¡tenía su húmero izquierdo fracturado!

Cuando le dijo que así no podría pelear, Luis le respondió que la decisión de hacerlo era de su exclusiva responsabilidad, a lo que el facultativo, aún incrédulo, le recordó –como si hiciera falta– que combatiría en inferioridad de condiciones.

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Las entradas más caras del festival del 14 de septiembre de 1923 costaban 60 dólares y, las más baratas (foto), 3,30 dólares, incluidos 30 centavos de impuestos. La velada comenzó a las 20 y, el combate Dempsey-Firpo, a las 22.03. Hubo casi 86.000 espectadores en el Polo Grounds de Nueva York y, la recaudación, fue de 1.188.603 dólares.

Las entradas más caras del festival del 14 de septiembre de 1923 costaban 60 dólares y, las más baratas (foto), 3,30 dólares, incluidos 30 centavos de impuestos. La velada comenzó a las 20 y, el combate Dempsey-Firpo, a las 22.03. Hubo casi 86.000 espectadores en el Polo Grounds de Nueva York y, la recaudación, fue de 1.188.603 dólares.

“I know” (“Lo sé”), cerró la charla Firpo quien, años después, fundamentaría el hecho de haber aceptado igual la pelea: “Dempsey no me habría dado otra oportunidad”, aseguró. Asimismo, William Muldoom, presidente de la Comisión, dijo que no aceptaría reclamos de ninguna de las partes tras el combate. Si hubiera imaginado lo que pasaría después, quizás habría hecho justicia y habría proclamado campeón mundial al oriundo de Junín.

Desde las 16, en un ex campo de polo llamado Polo Grounds, en la parte alta de Manhattan, una multitud se agolpó en la entrada: nadie quería perderse un combate que, como la mayoría imaginaba, sería durísimo, ya que chocarían dos trenes expresos.

Dempsey tenía 28 años, dos meses y 21 días cuando enfrentó a Firpo, quien era casi nueve meses mayor (28 años, 11 meses y tres días). El Matador medía 1,83 metro, su pecho expandido llegaba a los 117 centímetros y, su peso oficial, fue de 87,300 kilos (hoy apenas sería un peso crucero).

Por su parte, el Toro Salvaje de las Pampas medía 1,94 metro (era 11 centímetros más alto que Dempsey), acusó en la báscula 98,200 kilos (10,9 kilos más pesado que el monarca) y, su tórax, se expandía hasta los 125 centímetros.

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En el primer round, Firpo cayó ¡siete veces! y, otras tantas, se levantó. En 1923, no existía la cuenta de protección de ocho segundos; tampoco, tres caídas en un mismo asalto determinaban el nocaut automático y, además, quien derribaba a su rival, no se iba a un rincón neutral, como en la actualidad: esperaba al lado de su adversario el cual, apenas se levantaba –incluso semiagazapado–, recibía una nueva andanada de golpes.

En el primer round, Firpo cayó ¡siete veces! y, otras tantas, se levantó. En 1923, no existía la cuenta de protección de ocho segundos; tampoco, tres caídas en un mismo asalto determinaban el nocaut automático y, además, quien derribaba a su rival, no se iba a un rincón neutral, como en la actualidad: esperaba al lado de su adversario el cual, apenas se levantaba –incluso semiagazapado–, recibía una nueva andanada de golpes.

Poco después de las 19 –una hora antes del inicio de la velada que, incluida la estelar, contó con cinco peleas– el estadio estaba repleto. Las entradas más caras costaban 60 dólares; las más baratas, 3,30, incluidos 30 centavos de impuestos y, con una concurrencia de casi 86.000 espectadores, la recaudación fue de 1.188.603 dólares.

La bolsa del campeón fue de 509.000 dólares, mientras que Firpo cobró 156.250 de la misma moneda, aunque el promotor Tex Rickard le había asegurado una suma “no menor” de 300.000 dólares (que no cumplió).

En el ringside, entre otras personalidades, estaban el ex presidente Theodore Roosevelt, el periodista Joseph Pulitzer y el actor Tom Mix. Hubo 1000 periodistas acreditados: 300 a la vera del cuadrilátero (los que precisaban mayor celeridad en la emisión y publicación de las noticias) y 700 en las tribunas (que trabajaban en medios que cerraban más tarde).

Cubierto por una larga bata a cuadros amarillos y negros, que le llegaba a los tobillos y, con un pantalón violeta oscuro, Firpo subió al ring a las 21.55; poco después lo hizo Dempsey –con una bata y un pantalón blancos– y, la pelea, la primera de la historia en la que un boxeador argentino disputó un título mundial, comenzó a las 22.03.

Sin dudas, fue una batalla brutal y en la que nadie dio –ni pidió– cuartel. Dempsey, uno de los más sólidos campeones pesados de la historia, era un demonio imparable sobre el ring y, sobre todo, absolutamente letal en la corta distancia.

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El inolvidable momento en que Firpo sacó del ring a Dempsey en el primer round fue inmortalizado en la obra realizada por el reconocido artista neoyorquino George Wesley Bellows, el más aclamado de su generación, pintada al óleo entre 1923 y 1924, y que se exhibe en el Whitney Museum of American Art de Manhattan.

El inolvidable momento en que Firpo sacó del ring a Dempsey en el primer round fue inmortalizado en la obra realizada por el reconocido artista neoyorquino George Wesley Bellows, el más aclamado de su generación, pintada al óleo entre 1923 y 1924, y que se exhibe en el Whitney Museum of American Art de Manhattan.

En el primer round, Firpo cayó ¡siete veces! y, otras tantas, se levantó. En 1923, no existía la cuenta de protección de ocho segundos; tampoco, tres caídas en un mismo asalto determinaban el nocaut automático y, además, quien derribaba a su rival, no se iba a un rincón neutral, como en la actualidad: esperaba al lado de su adversario el cual, apenas se levantaba –incluso semiagazapado–, recibía una nueva andanada de golpes.

Eso fue lo que soportó Firpo quien, pese a pelear con una sola mano –vale recordarlo– y haber besado la lona en siete ocasiones, no se rindió y atacó a Dempsey con una furia propia de su apodo.

A puro coraje embistió al campeón, lo puso contra las cuerdas (muy cerca del propio rincón del retador) y, finalmente, lo conectó con una derecha devastadora que lo arrojó fuera del ring. Ante el asombro de todos, el Matador aterrizó aparatosamente sobre la mesa del neoyorquino Billy Kid McPartland, uno de los jueces del combate.

En el pasaje Barolo de la ciudad de Buenos Aires, se había montado un sistema de luces para conocer el resultado del choque. Si Firpo ganaba, se encendería una blanca y, si perdía, una roja. Al llegar la noticia de que Dempsey cayó del ring, el diario La Prensa hizo sonar su sirena, anunciando la victoria del Toro. Todo era alegría y festejos.

Pero, en forma maliciosa, el árbitro Jack Gallagher efectuó una cuenta muy lenta, mientras en el ringside ayudaban a Dempsey a reincorporarse y subir al cuadrilátero. Para reanimarlo, entre el comentarista Jack Lawrence y Perry Grogan, operador de la Western Union, le clavaron una estilográfica en el glúteo derecho al Matador quien, años después, al recordar el durísimo derechazo que recibió, afirmó con sinceridad: “Vi 12 Firpos”.

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El campeón estuvo 17 segundos fuera del ring –más que suficientes para que Firpo fuera declarado ganador–, mientras el árbitro, Jack Gallagher, no sabía más qué hacer para no llegar a diez y consagrar la victoria del Toro Salvaje de las Pampas, lo que debió haber hecho. Finalmente, el magullado y sentido Dempsey subió al cuadrilátero (foto) y, la campana, dio por finalizado el dramático primer round.

El campeón estuvo 17 segundos fuera del ring –más que suficientes para que Firpo fuera declarado ganador–, mientras el árbitro, Jack Gallagher, no sabía más qué hacer para no llegar a diez y consagrar la victoria del Toro Salvaje de las Pampas, lo que debió haber hecho. Finalmente, el magullado y sentido Dempsey subió al cuadrilátero (foto) y, la campana, dio por finalizado el dramático primer round.

El campeón estuvo 17 segundos fuera del ring –los 17 segundos de gloria del argentino, más que suficientes para ser declarado ganador–, mientras Gallagher no sabía más qué hacer para no llegar a diez y consagrar la victoria del Toro Salvaje de las Pampas, lo que debió haber hecho. Finalmente, el magullado y sentido Dempsey subió al cuadrilátero y, la campana, dio por finalizado el dramático primer round.

En el segundo asalto, Firpo sufrió dos caídas más y, a los 57”, llegó el definitivo nocaut. “Es el mejor peleador con quien luché hasta ahora; me pegó más fuerte que ningún otro. Antes de la pelea me preguntaba si Firpo era un rival calificado... Sin duda, sí”, reconoció el campeón tras la feroz batalla.

Todo pasó en menos de un round y medio: fueron 237 segundos electrizantes, que se convertirían en leyenda, al punto tal que, en su crónica de la pelea, el periodista Harry Newman, del Chicago Daily Tribune, describió: “Si en Marte hay habitantes, anoche habrán descubierto con sus telescopios una gran conmoción en la Tierra, justo donde está el Polo Grounds”.

El después

El 23 de septiembre de 1926, Dempsey PPP 10 (unánime) ante su compatriota Genne Tunney, en el Sesquicentennial Stadium de Filadelfia y, su reinado, duró siete años, dos meses y 19 días. Intentó recuperar la corona en el Soldiers Field de Chicago el 22 de septiembre del año siguiente pero, Tunney, volvió a GPP 10 (unánime).

Esta fue la última pelea del Matador, quien se retiró con un récord de 66-6-11 (51 ko). Abrió un restaurante en Broadway, que cerró en 1973, y falleció en Nueva York el 31 de mayo de 1983, a los 87 años, cuando le faltaban 24 días para cumplir los 88. Fue sepultado en el Southampton Cemetery de Nueva York y, en su lápida, se lo recuerda como “A gentle man and a gentleman” (“Un hombre amable y un caballero”).

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En el segundo asalto, Firpo sufrió dos caídas más y, a los 57”, llegó el definitivo nocaut. “Es el mejor peleador con quien luché hasta ahora; me pegó más fuerte que ningún otro. Antes de la pelea me preguntaba si Firpo era un rival calificado... Sin duda, sí”, reconoció el campeón tras la feroz batalla.

En el segundo asalto, Firpo sufrió dos caídas más y, a los 57”, llegó el definitivo nocaut. “Es el mejor peleador con quien luché hasta ahora; me pegó más fuerte que ningún otro. Antes de la pelea me preguntaba si Firpo era un rival calificado... Sin duda, sí”, reconoció el campeón tras la feroz batalla.

Por su parte, Firpo había dado por terminada su carrera en 1926 pero, diez años más tarde, decidió regresar. El 11 de julio de 1936, en su última pelea rentada y, tras ser derribado seis veces, PAb 3 con el chileno Arturo Godoy en el Luna Park. Por ello, anunció su retiro definitivo del boxeo y, a los 41 años, colgó los guantes para siempre con un registro de 31-6-0-2 S/D (26 ko).

Luego se dedicó a sus negocios en el campo y, durante años, fue el representante en nuestro país de la Stutz Motor Company, un fabricante estadounidense de automóviles de lujo. El Toro Salvaje de las Pampas murió de un infarto el domingo 7 de agosto de 1960, a los 65 años. Ese mismo día, Carlos Monzón –el más grande boxeador profesional de nuestra historia– cumplió 18, pero nunca se conocieron.

Los restos del juninense descansan en el cementerio de La Recoleta, en la Capital Federal y, en la entrada de su bóveda, hay una estatua erigida en su honor, obra del escultor Luis Perlotti.

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En abril de 1924, siete meses después de su derrota ante Dempsey, la FAB le otorgó a Firpo la licencia profesional Nº 1 y lo proclamó campeón argentino pesado. El Toro Salvaje de las Pampas es el padre del pugilismo nacional (o, si lo prefieren, el padre de la patria boxística criolla) y, años después, en honor a su épico choque con El Matador de Manassa, se instituyó al 14 de septiembre como el Día del Boxeador.

En abril de 1924, siete meses después de su derrota ante Dempsey, la FAB le otorgó a Firpo la licencia profesional Nº 1 y lo proclamó campeón argentino pesado. El Toro Salvaje de las Pampas es el padre del pugilismo nacional (o, si lo prefieren, el padre de la patria boxística criolla) y, años después, en honor a su épico choque con El Matador de Manassa, se instituyó al 14 de septiembre como el Día del Boxeador.

Un legado para el boxeo argentino

El lunes 5 de septiembre de 1892 se organizó un festival de boxeo en el Teatro de La Zarzuela, sito en Mitre 1445, de la Capital Federal. Hubo tres peleas y, en la de fondo, combatieron el londinense Tom Bull y el galés Alexander Gibb, oriundo de Glasgow.

Según La Nación del martes 6 de septiembre, en primera plana y bajo el título “Asaltos a puñetazos”, el cronista que presenció el mismo fue durísimo con sus críticas.

“No puede darse nada más repelente para un teatro o cualquier sitio. El interés está en relación directa con la inhumanidad. En suma, una función que merece tener pocas análogas si el público de Buenos Aires quiere no presentarse reñido con el buen gusto”, escribió. La respuesta del Concejo Deliberante fue instantánea: el miércoles 7 de septiembre de 1892 (al otro día de la publicación del artículo), prohibió la actividad en toda la ciudad (y que luego se haría extensiva al resto del territorio nacional).

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En septiembre de 1954, Dempsey visitó Buenos Aires. Como no la conocía, hubo alguien que lo acompañó hasta el cementerio de La Recoleta a depositar una ofrenda floral en la tumba de María Eva Duarte de Perón (foto, con El Matador en el centro); le mostró muchos atractivos de la ciudad y hasta le hizo degustar un verdadero asado criollo. Ese guía fue Luis Ángel Firpo (a la derecha de la imagen), su ilustre vencido 31 años atrás.

En septiembre de 1954, Dempsey visitó Buenos Aires. Como no la conocía, hubo alguien que lo acompañó hasta el cementerio de La Recoleta a depositar una ofrenda floral en la tumba de María Eva Duarte de Perón (foto, con El Matador en el centro); le mostró muchos atractivos de la ciudad y hasta le hizo degustar un verdadero asado criollo. Ese guía fue Luis Ángel Firpo (a la derecha de la imagen), su ilustre vencido 31 años atrás.

Pero, como en nuestro país muchas veces fuimos a contramano de la historia –así nos fue y nos va–, esa misma noche y, en New Orleans, James J. Corbett le GKO 21 a John L. Sullivan y logró el título mundial pesado, en la primera pelea con esa corona en juego donde los boxeadores utilizaron guantes (la anterior había sido a puño limpio en 1889). Años después, se pudieron realizar algunos festivales con permiso especial y, el 23 de marzo de 1920, se fundó la Federación Argentina de Box (FAB).

Tras el choque Dempsey-Firpo, la presión popular fue tan grande que, el 3 de enero de 1924, se dispuso la creación de la Comisión Municipal de Box de la Capital Federal, que regularía la actividad a partir de los siguientes “30 días” y, así, comenzó la era del boxeo moderno y “controlado” en nuestro país, que perdura hasta hoy.

En abril del mismo año, siete meses después de su derrota ante el oriundo de Manassa, la FAB le otorgó a Firpo la licencia profesional Nº 1 y lo proclamó campeón argentino pesado. El Toro Salvaje de las Pampas es el padre del pugilismo nacional (o, si lo prefieren, el padre de la patria boxística criolla) y, años después, en honor a su épico choque con Dempsey, se instituyó al 14 de septiembre como el Día del Boxeador.

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El Toro Salvaje de las Pampas murió de un infarto el domingo 7 de agosto de 1960, a los 65 años. Ese mismo día, Carlos Monzón –el más grande boxeador profesional de nuestra historia– cumplió 18, pero nunca se conocieron. Los restos del juninense descansan en el cementerio de La Recoleta, en la Capital Federal y, en la entrada de su bóveda, hay una estatua erigida en su honor, obra del escultor Luis Perlotti.

El Toro Salvaje de las Pampas murió de un infarto el domingo 7 de agosto de 1960, a los 65 años. Ese mismo día, Carlos Monzón –el más grande boxeador profesional de nuestra historia– cumplió 18, pero nunca se conocieron. Los restos del juninense descansan en el cementerio de La Recoleta, en la Capital Federal y, en la entrada de su bóveda, hay una estatua erigida en su honor, obra del escultor Luis Perlotti.

En septiembre de 1954, Jack Dempsey visitó Buenos Aires. Como no la conocía, hubo alguien que lo acompañó hasta el cementerio de La Recoleta a depositar una ofrenda floral en la tumba de María Eva Duarte de Perón; le mostró numerosos atractivos de la ciudad y hasta le hizo degustar un auténtico asado criollo. Ese guía fue Luis Ángel Firpo, su ilustre vencido 31 años atrás.

Y, si todavía alguien no cree en esta historia, solo debe visitar el Whitney Museum of American Art en Manhattan, Nueva York, y observar una obra del reconocido artista local George Wesley Bellows, el más aclamado de su generación, pintada al óleo entre 1923 y 1924, y en la que Jack Dempsey sigue –y seguirá– volando fuera del ring por toda la eternidad.

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