De Mozart a Messi: la sinfonía argentina ante Austria que nos recordó por qué "no puede ser", pero es

El partido ante Austria consagró a Messi como el máximo goleador de los Mundiales. Una obra orquestada por Scaloni y ejecutada por el artista de siempre.

Obra del destino. Obra de Dios. Obra de Mozart. Obra de Messi. (Foto de Paul ELLIS / AFP)

Obra del destino. Obra de Dios. Obra de Mozart. Obra de Messi. (Foto de Paul ELLIS / AFP)

No iba a ser a través de ese penal. El destino, Dios, o como queramos llamarle, tenía guardada otra cosa. El gol que consagró a Leo Messi —un argentino— como el máximo goleador en la historia de los Mundiales fue excelso, aunque envuelto en cierto halo de normalidad.

Argentina le ganó 2 a 0 a Austria y se escribió así una nueva página en la historia del "deporte más lindo y sano del mundo".

Hace 20 años no puede ser, pero es: de Messi a Mozart

Fue un gol como aquellos que solía hacer en Barcelona. Como en esa época donde el «se cansa de hacer goles en España» sonaba a crítica en la boca de algunos argentinos incrédulos y ansiosos. Suena extraño a la distancia, pero fue cierto.

En el partido anterior, contra Argelia, creímos que ya habíamos visto demasiado. Pero no. El astro nacional tenía guardado algo más, una nueva obra de arte. A días de cumplir 39 años, sigue pintando estelas que nos hacen lagrimear; destellos que inevitablemente vienen acompañados por un «no puede ser» y algún insulto bien argento, desde el más auténtico asombro.

Leo Messi, el máximo goleador en la historia de los mundiales de fútbol.

Leo Messi, el máximo goleador en la historia de los mundiales de fútbol.

Ni el propio Wolfgang Amadeus Mozart, el compositor austríaco más famoso, quien murió a los 35 años, pudo acercarse a los 40 con semejante plenitud. La comparación quizás suene desproporcionada, pero encierra una innegable verdad: hace más de veinte años que decimos «no puede ser» y, sin embargo, es.

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Para justificar este paralelismo entre Leo y el mítico pianista, es importante recordar que Mozart sirvió de inspiración para muchos de los artistas que lo sucedieron, legando más de seiscientas obras de una profunda innovación melódica. Marcó una época, y esa huella se hizo eterna.

Messi también lo hizo. Por esa misma razón, un apenas niño llamado Enzo Fernández le escribió una carta pidiéndole que no se fuera de la Selección. Hoy, aquel nene juega al lado de su mayor inspiración y lo abraza en cada gol.

Y ese mismo efecto provocó en el resto. Un equipo entero lo acompaña, lo mira y lo disfruta con ojos de devoción; con la misma emoción genuina que algún seguidor de Mozart habrá sentido al escuchar en vivo una de sus tantas sinfonías.

Desde un costado observa otro gran admirador, aunque con una especial responsabilidad entre las manos. Alguien que supo escuchar, que interpretó la partitura mejor que nadie y que orquestó todo para que esta maravillosa exhibición fuera inolvidable y no desafine: otro Leo. Scaloni.

Obra del destino. Obra de Dios. Obra de Mozart. Obra de Messi. El arte, en su máxima expresión, a veces es austríaco; y otras tantas, profundamente argentino.

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