Según los especialistas en comportamiento alimentario, la infancia es clave para construir el vínculo con la comida. Y en ese proceso, el lenguaje juega un papel central.
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Las 8 frases que dejan huella en la mesa
A continuación, repasamos las frases más comunes que, aunque parecen inofensivas, pueden condicionar la forma en que nos relacionamos con la comida:
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“Terminá todo el plato”
Obliga a ignorar la sensación de saciedad. De grande, puede generar dificultad para reconocer cuándo parar de comer.
“Si no comés, no hay postre”
Asocia la comida con premio o castigo, lo que puede fomentar una relación emocional poco saludable con los alimentos.
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“Comé rápido que se enfría”
Fomenta la ansiedad al comer y la falta de registro del propio cuerpo.
“Hay chicos que no tienen qué comer”
Introduce culpa en torno a la comida, lo que puede derivar en conductas compulsivas.
“No te levantás hasta que termines”
Refuerza la idea de obligación por encima de las necesidades físicas reales.
“Eso engorda”
Instala miedo hacia ciertos alimentos y puede generar restricciones o culpas.
“Comé como la gente”
Carga de juicio el acto de comer, afectando la naturalidad y generando vergüenza.
“Te servís poco, comé más”
Desconoce el apetito individual y puede alterar la percepción del hambre.
Por qué estas frases importan
Los expertos coinciden en que estas frases pueden influir en la forma en que una persona se alimenta en la adultez. Desde comer en exceso hasta sentir culpa al hacerlo, el impacto emocional de lo que se dice en la mesa puede acompañar durante toda la vida.
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