Un descubrimiento en la Patagonia reveló cómo eran los nidos de los últimos dinosaurios
El estudio expone las complejas tácticas de incubación que implementaron los titanosaurios para proteger a sus crías del frío polar antes de la gran extinción.
El yacimiento La Anita se ubica en un corredor ambiental de Santa Cruz expuesto a tormentas de nieve que dificultan el trabajo de excavación.
La Patagonia argentina volvió a consolidarse como una potencia científica internacional tras un asombroso descubrimiento geológico. Un equipo de paleontólogos detectó restos de huevos de dinosaurio de 68 millones de años en el yacimiento La Anita, una franja territorial ubicada en la provincia de Santa Cruz, entre el glaciar Perito Moreno y El Chaltén.
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La evidencia aporta claves inéditas sobre la biología reproductiva de los colosales saurópodos que caminaron por la región poco antes del impacto que erradicó a la especie al cierre del período Cretácico.
El especialista Jordi García Marsà, investigador del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados, brindó detalles sobre la estrategia que adoptaron estas criaturas. Los titanosaurios excavaban pequeñas hondonadas en la tierra y las tapaban con gruesas capas de vegetación. La descomposición orgánica, impulsada por la acción de bacterias, generaba un proceso térmico natural que mantenía la temperatura ideal para los embriones.
Incubación térmica contra el frío de la Patagonia primitiva
La adaptación biológica respondía a una limitación física insalvable y a un clima extremo. El volumen corporal de los grandes saurópodos impedía que empollaran las nidadas al estilo de las aves modernas, ya que su peso descomunal aplastaría los huevos al instante.
Además, aunque el planeta registraba temperaturas medias superiores a las actuales durante el Cretácico, la posición meridional de la Patagonia sometía a los animales a nevadas periódicas, heladas bajo cero y pocas horas de luz solar. La fermentación de las plantas dentro de la madriguera garantizó la supervivencia de las crías en un entorno de bajas temperaturas.
Rastreo a ras del suelo y cooperación internacional en Santa Cruz
La detección de este material exige una disciplina metódica. Las capas de cáscaras miden entre tres y cuatro milímetros de espesor, presentándose en fragmentos diminutos de apenas dos centímetros. Los investigadores deben arrastrarse por el terreno para entrenar la vista y distinguir los microfósiles entre las rocas.
La campaña científica sumó el respaldo de especialistas japoneses, integrando tecnología de avanzada con el conocimiento de campo local. Esta sinergia rescata el legado paleontológico del país —pionero en Latinoamérica junto a sitios referentes como Auca Mahuevo en Neuquén—, aunque el equipo advierte que el clima cambiante de Santa Cruz interrumpe con frecuencia las tareas de excavación debido a intempestivas tormentas de nieve.





