Un dúo de bromistas ha sorprendido a los transeúntes en una playa de la ciudad australiana de Gold Coast, en el estado de Queensland, con un inusual "experimento científico" —como se refieren los autores— que consistió en cubrir parte de su cuerpo con patatas fritas para atraer a las aves.
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Una investigación muy peculiar
La 'investigación' se realizó este miércoles por los humoristas conocidos como Marty y Michael, quienes compartieron las imágenes en su cuenta de Instagram. Uno de ellos fue enterrado en la arena hasta el pecho, y luego se cubrió hasta el cuello con papas.
Según informa el sitio web ActualidadRT, los bromistas indicaron que habían gastado 1.000 dólares australianos (unos 750 dólares estadounidenses) en dichos aperitivos para ganarse la confianza de las aves. Al parecer, los jóvenes no lograron su objetivo, debido a que los pájaros tomaban unas cuantas papas y se alejaban. Marty y Michael anunciaron que la versión completa de su "experimento científico" se publicará dentro de unas semanas.
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El Mar Muerto retrocede un metro por año y deja a la vista enormes cráteres
Atrás quedó la época en que la gente podía relajarse al borde de las piscinas climatizadas del spa Ein Gedi de Israel y después darse un baño en el mar Muerto. Pero el agua salada se retira sin cesar, y deja tras de sí unos extraños cráteres y el temor de los vecinos de que en algún momento ya no quede nada. Cada año, sus aguas retroceden alrededor de un metro y dejan tras de sí un paisaje lunar, una tierra blanqueada por la sal y repleta de unos enormes agujeros.
“Cualquier día de estos, tendremos suerte si queda un hilo de agua para remojarse los pies”, comentó entristecida Alison Ron, una vecina de Ein Gedi que durante mucho tiempo trabajó en el spa. “Ya no habrá más que dolinas”. Las dolinas, unos cráteres que pueden formarse en una fracción de segundo y superar los diez metros de profundidad, se han multiplicado en los últimos veinte años a orillas del lago. Al recular, el agua salada va dejando unas placas de sal subterráneas. Cuando llueve, el agua dulce se infiltra en el agua y disuelve esas placas, en tanto la tierra que hay por encima, a falta de apoyo, se hunde y forma las dolinas.
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En Ein Gedi, los tres kilómetros de arena rocosa que separan el spa de la orilla están hoy salpicados de agujeros y grietas. Unos kilómetros más al norte, un complejo turístico se ha acabado convirtiendo en una ciudad fantasma, desfigurada por los cráteres y medio hundida en las grietas. La calzada está reventada y las farolas, por tierra. Según Ittai Gavrieli, investigador del Instituto Geológico de Israel, ya hay miles de dolinas a ambos lados del mar Muerto. Unos cráteres “peligrosos” a la par que “únicos y magníficos”, consecuencia directa de la desecación del lago a partir de los años 1970, a causa del trasvase del río Jordán y de la creciente extracción de minerales.

