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Un día de fuego y humo en el delta junto a ganaderos y un ambientalista

A pesar de que los incendios de pastizales no son de la misma magnitud que en agosto y septiembre del 2020, en Rosario las columnas de humo en las islas todavía se pueden divisar y siguen dañando el ambiente natural.

Los manchones de tierra negra, las cenizas, el humedal convertido en un páramo quedaron atrás. El alto delta recuperó los tonos de verde, está brotado por donde se lo mire. Bandadas de garzas y otras aves regresaron a remojar sus patas y cazar en los bañados que la crecida volvió a embalsar. Rodeos de vacas pastorean y eligen las hierbas más tiernas. No sabemos exactamente dimensionar el daño que los devastadores incendios de 2020 dejaron en las entrañas del humedal, porque a la vista sólo se distingue la sinfonía verde que la superficie regala a quienes hacen la travesía vial Rosario-Victoria. Sin embargo hay notas discordantes. En concreto, una decena de humaredas que a lo largo del día se pueden divisar al norte y al sur de la traza de 60 kilómetros de ancho. ¿Y ahora por qué hay fuego? ¿Quién quema cuando está verde?

“Si ya hay fuego en febrero, hay que imaginarse nomás lo que puede ser en invierno cuando todo estos pastizales estén secos”, razona Jorge Bártoli, miembro de El Paraná no se Toca, organización ambiental que es parte de la Multisectorial por los Humedales.

Para dueños de campos en zona de islas, como Esteban Hernández, estos fuegos de febrero demuestran que no son las prácticas de los ganaderos las que originaron los miles y miles de focos de incendios que los satélites identificaron a lo largo de 2020. “Hoy no hay pastos secos para quemar, está todo verde”, afirma. Sostiene que las acusaciones, escraches, estigmatización y “amenazas” que sufrieron los criadores de ganado en la isla el año pasado fueron injustas e infundadas. “Cuando desde el Estado no gestionás, tenés que echarle la culpa a alguien”, dice terminante, en defensa de la inocencia de los productores ganaderos.

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Esteban Hernández, dueño de campo de la zonas de islas, sostiene que estos incendios demuestran que no eran los productores granaderos quienes generaba las grandes quemas durante agosto y septiembre de 2020.

Esteban Hernández, dueño de campo de la zonas de islas, sostiene que estos incendios demuestran que no eran los productores granaderos quienes generaba las grandes quemas durante agosto y septiembre de 2020.

Rafael Sugasti, asentado en la isla y productor ganadero miembro de la cuarta generación de la familia propietaria del campo El Pimpollar, rechaza las acusaciones de la Multisectorial y los gobiernos sobre los productores. No es el típico empresario ganadero que maneja el negocio desde la ciudad a través de peones o puesteros. Optó hace años por manejar el campo él mismo yéndose a vivir a la isla, donde dice que vive como un verdadero ambientalista. Aunque por distintas razones, hay dos puntos en los que coincide con las organizaciones ambientales que generaron manifestaciones y cortaron el Puente Rosario Victoria varios fines de semana para reclamar una Ley de Humedales: en que los incendios de 2020 constituyeron un ecocidio y que el fuego fue intencional.

Dice que tiene sus propias hipótesis sobre los responsables de los incendios. Desmiente enfáticamente que sean los ganaderos, hace notar que la propagación de quemas se dieron desde Santa Fe hasta el delta bonaerense y desliza al pasar que 2008 y 2020 fueron años de conflicto entre gobierno y campo por retenciones. “Desde 2008 que fueron los anteriores incendios grandes no se usa más la quema para rebrote. Además, esas prácticas se hacían solo dos meses, agosto y septiembre. ¿Qué sentido tiene quemar el pasto verde en diciembre si es el alimento de mis vacas?”, argumenta.

“Coincidieron una bajante histórica del río en 60 años, falta absoluta de lluvias y por lo tanto una enorme masa de vegetal seca que era de muy fácil combustión. Y en febrero de 2020 se empezó a ver el riesgo y se hicieron las advertencias. Desde el invierno hubo y hasta estos días se vio una enorme crisis por decenas de miles de focos de fuego que arrasaron 400 mil hectáreas”, opina el integrante de El Paraná no se Toca.

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Bártoli dentro del ambientalismo adhiere a una mirada en la que el humedal puede convivir con la cría de ganado “pero siempre que se haga de forma regulada, con límites, y con técnicas de manejo modernas, como muchos ganaderos dicen que practican, que no usen la quema de territorios para la renovación de pasturas”. A la hora de definir la proliferación de incendios, incluso en estos días donde el verde predomina en el paisaje, dice: “Las causas son variadas, la principal es que hay una matriz ganadera productiva histórica, de muchas décadas y quizás siglos, que apela al uso del fuego de manera indiscriminada para la renovación de pasturas, esto se replica en estos territorios, pero acá se vio muy claramente en estos últimos meses”.

A las 7 AM de la mañana del jueves la zona norte de Rosario está invadida por el humo que el viento trae desde la zona de islas. Cuando una hora y media más tarde comienza la travesía por el complejo vial, desde la altura del puente principal ya se avistan columnas de humo al sur y al norte de la traza. A medida que el vehículo rumbea humedal adentro y se aproxima a la zona del fuego, algunas de las columnas, vistas de cerca, no son tan columnas sino un ancho muro de humo que se afina a medida que se levanta hacia el cielo.

Hernández, que hace un tiempo abandonó la cría de ganado en las islas a causa del abigeato, sostiene que no hace falta una Ley de Humedales, que hay suficiente marco jurídico para trabajar. “El marco jurídico de Entre Ríos, que tiene jurisdicción sobre el suelo de las islas, contempla la creación de consejos ciudadanos. Sólo lo tiene que poner en marcha. En esta región por ejemplo, podrían participar los ambientalistas, los ganaderos, pescadores, productores apícolas, operadores de turismo, todos. Y lo primero que deberíamos hacer es acordar un plan de manejo del fuego”. Recuerda esa es una de las líneas de acción definidas en el plan interjurisdiccional Piecas aprobado después de los grandes incendios de 2008 pero que “desde su aprobación no se hizo nada en todos estos años”.

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Bartoli, por el contrario, insiste en que la Ley de Humedales es un marco normativo esencial para todo el país y cuestiona a los empresarios agropecuarios por el manejo de sus negocios en el humedal: “Acá impera la ley del hecho consumado. Muchos ganaderos para favorecer la práctica agropecuaria apelan a cortar arroyos o secar lagunas y generar territorios secos aun en las crecientes, para no tener que llevar el ganado de un lugar a otro que le genera mayores costos. Esta práctica es lesiva para los humedales porque la dinámica y refugio de biodiversidad y producción de agua dulce, y enorme riqueza vegetal, tiene que ver con la dinámica del agua, que es el actor principal. Los terraplenamientos son la sentencia de muerte a estos movimientos naturales”.

A medida que el disco solar se hunde en el diáfano horizonte de verano, detrás de la ciudad y el puente, la noche se traga las columnas de humo. Más de un millón de personas ya no las pueden ver por la oscuridad, pero igual saben que esas llamas siguen ahí, ardiendo sin pausa, porque se los indica el olfato entrenado a costa de cientos de miles de hectáreas quemadas el año pasado.

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