“Brasil está listo para retomar su protagonismo en la lucha contra la crisis climática, protegiendo todos nuestros biomas, sobre todo la selva Amazónica. En nuestro gobierno, fuimos capaces de reducir un 80% la deforestación de la Amazonía. Ahora, vamos a luchar para tener deforestación cero”. Apenas conocido el resultado ajustado de la elección presidencial del domingo pasado en Brasil, con Bolsonaro en silencio y festejos de los simpatizantes del Partido de los Trabajadores en las principales ciudades del país, Lula Da Silva salió a hablar como presidente electo del país más grande e influyente de Latinoamérica.
Como ya ocurrió con Gabriel Boric en Chile y Gustavo Petro en Colombia, la crisis climática estuvo presente en ese discurso, adelantando lo que va a hacer su gobierno y entendiendo el papel preponderante de su país en el escenario global. “El planeta necesita una Amazonía viva y vamos a trabajar por ello”, agregó Lula, quien irá por su tercer mandato a partir del primer día del año próximo.
"No estamos interesados en perpetuar un régimen internacional que nos condena a ser sólo fabricantes de materias primas”, había dicho Lula en campaña. Por eso, el cambio será importante, o al menos así fue anunciado por Marina Silva, exministra de Ambiente del PT y aliada del presidente electo, quien repitió una y otra vez que Brasil volverá a asumir una posición de liderazgo global en la lucha contra el calentamiento del planeta.
Emisiones y contaminación en Brasil
Según CarbonBrief, Brasil es el sexto país más contaminante del planeta por la cantidad de gases de efecto invernadero que emite a la atmósfera, sobre todo dióxido de carbono y metano asociados a la deforestación, la agricultura y la ganadería. Los profundos cambios en el uso del suelo por la presión de estos sectores convierten a ese país en el cuarto mayor emisor mundial desde un registro histórico.
“El factor que más impulsa la deforestación en Brasil es, por lejos, la producción de carne vacuna, la soja y las pasturas para animales”, dice CarbonBrief, que recuerda que esa nación sudamericana es el mayor exportador de carne del mundo, con mercados prioritarios como China y Estados Unidos.
Durante la gestión de Bolsonaro, según esa organización, el agronegocio avanzó en la conquista de tierras sin controles ni sanciones por parte del Estado, que por el contrario alentó ese proceso. “El presidente de derecha Bolsonaro debilitó los mecanismos que existían para la protección de la naturaleza y la deforestación no paró de crecer durante su mandato”, asegura la organización.
Bolsonaro, el terror de la Amazonía
La llegada de Lula al poder marca un cambio de tendencia en el gigante sudamericano, que bajo la gestión de Bolsonaro tuvo las tasas de deforestación más grandes desde que hay registros. Según un estudio publicado hace pocas semanas de la organización CarbonBrief, el desmonte en la Amazonía -el bosque tropical más grande del mundo- puede caer hasta un 89% en los próximos años, si se retoman las políticas de protección que existían hasta la llegada del dirigente de extrema derecha, que es negacionista del cambio climático.
Desde Greenpeace Brasil informaron que el área deforestada de forma anual en la Amazonía subió un 52% en la primera parte de la gestión de Bolsonaro, con una superficie promedio de 11.339 kilómetros cuadrados por año entre 2019 y 2021, contra 7.458 km² entre 2016 y 2018.
Unos 34.018 kilómetros cuadrados de bosque desaparecieron de ese ecosistema en los últimos tres años, un área equivalente a la superficie de Bélgica: comparado con 2018, el año pasado vio un incremento del desmonte del 75%, mientras que los incendios forestales en esa región crecieron un 218%, según los datos de esa organización internacional.
Este año promete batir todos los récords previos: entre enero y septiembre arrasaron 8.590 kilómetros cuadrados, un incremento de 22,6% respecto al mismo período del año pasado. En total, según Greenpeace Brasil, durante la presidencia de Bolsonaro la deforestación en la Amazonía creció un 75,62%, mientras que los incendios aumentaron un 47,77%.
Bolsonaro y la emisión de gases efecto invernadero en Brasil
Un dato muestra lo que significó Bolsonaro para la naturaleza y para la crisis climática a nivel global: mientras que la pandemia hizo que las emisiones contaminantes bajaran en todos los países por la parálisis de actividades, en Brasil esas emisiones crecieron por el aumento de la deforestación. Se estima que el 40% de los gases de efecto invernadero que emite Brasil provienen del desmonte.
Con ese escenario, y consciente de que el mundo entero espera un cambio radical en la agenda ambiental de Brasil, Lula llenó su discurso como presidente electo de señales en ese sentido: “Estamos diciendo al mundo que Brasil está de vuelta, que Brasil es demasiado grande para quedar relegado al triste papel de paria del mundo. Vamos a reconquistar nuestra credibilidad, previsibilidad y estabilidad como país, para que los inversores vuelvan a confiar en nosotros”, insistió Lula.
“Cuando un niño indígena muere asesinado en pos de la ganancia de los depredadores del ambiente -agregó el presidente electo-, una parte de la Humanidad muere también. Por eso vamos a retomar el monitoreo y la vigilancia de la Amazonía y a combatir todas las actividades ilegales”.



