Terremotos en Venezuela: por qué se produjo el doble sismo y qué factores agravaron sus efectos
El geólogo Gustavo Ortiz explicó que la ubicación tectónica de Venezuela favorece los llamados "dobletes sísmicos". También influyeron la propagación de la energía, la composición de los suelos y la concentración de población en las zonas más afectadas.
Dos terremotos de magnitud 7,2 y otro de 7,5 se registraron este miércoles en Venezuela
El doble terremoto que sacudió a Venezuela volvió a poner bajo la lupa uno de los fenómenos más complejos de la geología: los llamados "dobletes sísmicos", es decir, dos grandes terremotos que ocurren con apenas segundos de diferencia y potencian sus efectos destructivos.
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Según explicó Gustavo Ortiz, geólogo, investigador del Conicet y director del Observatorio Sismológico de San Juan, la clave para entender lo ocurrido está en el contexto tectónico del país caribeño.
Durante una entrevista con Luis Mino en el programa Ahora Vengo, el especialista detalló que Venezuela se encuentra sobre un límite de placas tectónicas muy diferente al de países como Chile o Japón.
El movimiento de las placas que favorece los dobletes sísmicos
Ortiz señaló que Venezuela comparte una característica geológica con Turquía, escenario de los devastadores terremotos registrados en 2023. En ambos casos, las placas tectónicas se desplazan lateralmente una respecto de la otra.
"Son bordes transformantes, donde dos placas se mueven lateralmente. Una característica que tienen estos bordes es que pueden generar dobletes sísmicos, donde un terremoto dispara otro evento de gran magnitud en cuestión de segundos", explicó.
De acuerdo con el especialista, entre ambos movimientos registrados en Venezuela transcurrieron aproximadamente 40 segundos. El primero alcanzó una magnitud de 7,2 y el segundo llegó a 7,5.
Aunque la diferencia parece pequeña, Ortiz aclaró que la escala de magnitud es logarítmica y que el segundo terremoto liberó cerca de tres veces más energía que el primero.
"Esa sucesión de eventos hace que las personas perciban un temblor muy prolongado y que los daños se potencien", indicó.
Por qué hubo destrucción a más de 300 kilómetros del epicentro
Uno de los aspectos que más llamó la atención tras el terremoto fue la magnitud de los daños reportados en La Guaira y otras zonas ubicadas al norte de Caracas, a unos 300 kilómetros del epicentro. Para Ortiz, esto demuestra la enorme cantidad de energía liberada por el fenómeno y la capacidad de propagación de las ondas sísmicas.
"La destrucción a más de 300 kilómetros habla de cómo se propagó la energía y de cómo estas ondas pueden afectar ciudades muy alejadas del lugar donde ocurrió el terremoto", señaló. Sin embargo, la distancia no fue el único factor.
El papel de los suelos saturados de agua
El especialista explicó que la composición del terreno también influye de manera decisiva en los daños que provoca un terremoto. Según detalló, en zonas costeras como La Guaira los suelos suelen estar saturados de agua, una condición que puede amplificar el movimiento sísmico.
"Se producen los llamados efectos de sitio. En suelos saturados en agua la señal sísmica se amplifica y las intensidades son mayores", explicó. Por esa razón, áreas costeras pueden sufrir consecuencias más graves que otras regiones ubicadas incluso más cerca del epicentro.
A ello se suma la concentración de población y la presencia de edificios de gran altura, cuyo colapso puede incrementar significativamente el impacto de la tragedia.
Réplicas que pueden durar años
Ortiz advirtió que, tras un evento de esta magnitud, las réplicas son inevitables y pueden continuar durante un largo período. "Ya aparecieron réplicas de magnitudes cuatro y cinco. Lo esperable es que vayan disminuyendo con el tiempo, pero pueden registrarse durante meses e incluso años", indicó.
Por ese motivo, una de las principales recomendaciones internacionales es evacuar las estructuras dañadas una vez finalizado el movimiento principal, ya que las réplicas pueden provocar derrumbes adicionales.
¿Por qué no hubo tsunami?
Tras los terremotos se emitió una alerta preventiva por tsunami, aunque posteriormente fue cancelada. Ortiz explicó que el mecanismo tectónico responsable de estos sismos no genera desplazamientos verticales significativos del fondo marino, condición necesaria para producir grandes olas.
"Estos eventos no son tsunamigénicos. Son procesos completamente distintos a los que se observan en zonas de subducción como Japón o Chile", afirmó.
¿Se pueden predecir los terremotos?
El geólogo fue categórico al responder una de las preguntas más frecuentes cada vez que ocurre un gran sismo. "Los terremotos no se pueden predecir. No podemos saber cuándo va a ocurrir un evento sísmico", aseguró.
Lo que sí permite la ciencia, explicó, es identificar las fallas geológicas capaces de producir terremotos y determinar cuáles son las regiones de mayor peligro. Para ello, remarcó la importancia de los sistemas de monitoreo, las estaciones sismológicas y la inversión sostenida en investigación científica.
El caso argentino: Tierra del Fuego tiene un contexto similar
Consultado sobre si existen zonas de Argentina con características comparables a las de Venezuela, Ortiz señaló a Tierra del Fuego como el ejemplo más cercano. Allí también existe un límite entre placas tectónicas que se desplazan lateralmente, generando un escenario geológico similar al observado en Venezuela y Turquía.
El especialista recordó que la isla está atravesada por una importante falla geológica que divide sectores pertenecientes a distintas placas tectónicas y que ya produjo terremotos históricos, entre ellos el registrado en 1949. "Si buscamos un contexto similar al de Venezuela en Argentina, es Tierra del Fuego", concluyó.






